Así recogió Buero el Premio Cervantes

En pleno centenario del nacimiento de Buero Vallejo, recordamos su recepción del Premio Cervantes en 1987. • “Si se me ha concedido porque deleité, también se me habrá otorgado porque inquieté”, dijo en su discurso, donde elogió a Cervantes.


La casualidad ha querido que el Premio Cervantes de este año en que se celebra el centenario de Buero Vallejo haya ido a parar a un escritor de Guadalajara, aunque de la Guadalajara de México -Fernando del Paso vive allí-. También los caprichos de los números han hecho que ahora se cumplan precisamente treinta años del galardón que recibió el dramaturgo alcarreño, Premio Cervantes de 1986, aunque se lo entregasen en una ceremonia celebrada en abril de 1987.

¿Cómo fue la vez en que un guadalajareño -de esta Guadalajara castellana- recogió el máximo galardón de las letras en español? La hemeroteca revela que aquel acto concentró la solemnidad que persiste en nuestros días en la entrega del premio en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, con una gala presidida por el rey Juan Carlos a la que no le faltó el 'Gaudeamus igitur' de rigor y con un autor de ‘El Tragaluz’ muy elogioso con Cervantes y con su capacidad para combinar realidad y fantasía y para “disponer acontecimientos ilógicos y quiméricos sobre el suelo de la más evidente realidad inmediata”. 

Dicen también las crónicas de aquella ceremonia que Buero se mostró feliz y mutó su frío rostro habitual por otro con mayor profusión de sonrisas, dando muestras de una calidez insual incluso con los niños. No faltó a la cita la tuna alcalaína arropando al escritor, que se animó a cantar. Le acompañaron en la cita nombres de las letras tan destacados como Dámaso Alonso, Rosa Chacel, Francisco Ayala, Luis Rosales y Torrente Ballester.

En su discurso, titulado ‘La luz de un mito universal’, Buero habló y mucho de Cervantes. Admitió los “rasgos quijotescos” que muchos identificaron en sus propias obras de teatro, denunció “el fanatismo y la crueldad en unas y otras naciones” y abordó el influjo sobre otros nombres destacados de la literatura universal en lo que llamó la “ininterrumpida honda expansiva de la extraordinaria novela” que es el Quijote.

Un libro saturado de ironía”

En su visión de Cervantes, el escritor guadalajareño se preguntó cómo “un pobre poeta hartas veces golpeado por la desgracia y de mediocre éxito literario” pudo finalmente “triunfar con un libro saturado, sí, de ironía y regocijo, mas también de libertad crítica, de desengaño y de tragedia”.

La muy trabajada oratoria del escritor comunista no dejó pasar en su solemne intervención algunos asuntos que siempre fueron seña de su fuerte compromiso social, como la denuncia de la censura durante la dictadura o su preocupación ante las “gravísimas alarmas, bélicas y ecológicas, cuya extensión se ha vuelto planetaria”.

Con estas palabras recogió el Cervantes el que muchos consideran el más importante dramaturgo de la segunda mitad del siglo XX. El propio galardón aporta otro dato a su favor: ha sido el único autor de teatro en lograrlo. Su candidatura aquel año se impuso a la de otros nombres como Augusto Roa Bastos o Camilo José Cela, que tardaría una década en obtenerlo, después incluso que el Nobel de 1989.

La de Buero fue una candidatura promovida por la Real Academia de la Lengua. Su presidente, Pedro Laín, había destacado en diciembre de 1986, cuando se conoció el fallo, que el escritor alcarreño constituía “la primera figura del teatro contemporáneo español” y que su obra tenía “una significación especial por haber irrumpido en un momento de gran marasmo y bajo nivel que él rompió con un gran rigor en el manejo de sus dramas y de sus personajes”.

Al entregar el premio, el rey Juan Carlos I definió la obra de Buero como “expresión de patriotismo auténtico”. El ministro de Cultura del momento, Javier Solana, reconoció al autor de 'Historia de una escalera' que hubiese “arrancado” el teatro español de posguerra de la evasión y el escapismo para llevar a los escenarios “la angustia, el realismo existencial, un costumbrismo enaltecido y simbólico”.

Diez millones de pesetas ganó el dramaturgo con el Cervantes, además de la medalla correspondiente y de su presencia eterna en la espléndida nómina de premiados. “Si se me ha concedido [el Cervantes] porque deleité algo, también se me habrá otorgado porque algo inquieté”, especuló al final de su intervención en Alcalá de Henares, confiando de este modo en que su obra tuviese la proyección social que siempre persiguió, la de un teatro escrito para entretener, pero también para remover.