Cuidado con lo que escribes…

Título: ‘En la casa’.  Título original: ‘Dans la maison’. • Director: François Ozon.  Guión: François Ozon y Juan Mayorga.  Género: Drama.  Año y país: Francia, 2011.  Reparto: Kristin Scott Thomas, Emmanuelle Seigner, Fabrice Luchini, Ernst Umhauer.


Corre de boca en boca un dicho que aconseja “ten cuidado con lo que sueñas, porque puede convertirse en realidad”. Al protagonista de ‘En la casa’ bien puede aplicársele una versión de la sentencia consistente más bien en tener cuidado con lo que se escribe, porque puede suceder.

Eso es esta película francesa basada en la pieza teatral del español Juan Mayorga titulada ‘El chico de la última fila’: una ceremonia de la confusión entre la realidad y la ficción; una aguda reflexión sobre los límites de la imaginación, los efectos secundarios de una sobredosis literaria –ya lo enseñó Cervantes–, la impertinencia de fingir tanto como para acabar por creerse el personaje.

También lo advirtió Goya, pintor a medio camino del saber popular y el ingenio cervantino: la razón crea monstruos. El joven es el monstruo; el profesor Germain, su doctor Frankenstein. Ambos, como en el mito de Prometeo –que es el mito de Frankenstein acaban condenados.

Un muchacho inquietante

‘En la casa’, ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián, transcurre en interiores –herencia del drama–, espacios cerrados y rincones oscuros de la psique. Todo empieza con el comienzo de curso, cuando un profesor de instituto de Literatura sin hijos acoge como discípulo a un joven inquieto e inquietante, misterioso y con talento para la escritura –además de ciertos tics siniestros–, un chaval inusual magistralmente interpretado por Ernst Umhaue.

El maestro Germain (Fabrice Luchini) enseñará al chaval la diferencia entre emitir juicios morales y hacer verdadera literatura; le plantea la razón de ser de una narración, el conflicto necesario de los personajes… y el muchacho, que escribe cada día sobre su experiencia en la casa de su mejor amigo, acaba por enredar sus ensoñaciones necesarias para alimentar la ficción con una realidad a la que no siempre le sienta bien levantar el vuelo. El juego comienza por ser limpio, con una relación paternalista entre los dos protagonistas, pero muy pronto se descubre perverso y atrapa a los personajes en una espiral retorcida en la que se adivinan trágicas consecuencias.

El director Ozon logra poner todos los elementos al servicio de un guión genial (en el que sólo en alguna ocasión hay un giro poco creíble) y unos actores notables. Aunque repite la misma fórmula (visualizar lo que el joven protagonista escribe y lo que sucede entre escrito y escrito al profesor y al alumno) hace que las secuencias sean más ágiles cuando avanza la cinta y podrían resultar más cargantes; las propias correcciones de la historia que hace el profesor dan también dinamismo a la trama; y los giros dramáticos, que añaden tensión continua a un suspense ‘in crescendo’, impiden el pestañeo.

Tragedia griega y suspense de Hitchcock

Hay en esta película ciertas reminiscencias a la tragedia griega en la psicología compleja de los personajes y el modo en que se comporta un destino que necesariamente habría de estar escrito; pero también al cine de Hitchcock por el suspense y por la escena final (emula a ‘La ventana indiscreta’), en la que se puede ver además a los protagonistas sentados en un banco de un parque en una estampa que esta vez evoca al universo habitual de Woody Allen: el personaje del profesor tiene a menudo rasgos que recuerdan al protagonista prototípico del neoyorkino, sobre todo en las escenas que se desarrollan en la galería de arte de su esposa. 

‘En la casa’ demuestra que un buen guión (premiado también en San Sebastián) y unas buenas interpretaciones dejan satisfecho al espectador que llega a las salas en busca de emociones y no sólo de sensaciones, con la virtud de ser aleccionadora sin resultar dogmática. Lo logra volviendo a las esencias de quienes se dedican a contar historias y, en su caso, con una versátil adaptación para la gran pantalla de ese cine en tres dimensiones que ya fue inventado hace siglos: el teatro.