Vuelta a la mágica Tierra Media

Título original: ‘The Hobbit Part I'. • Director: Peter Jackson.  Género: Aventura y fantástico. Año y país: EEUU-Nueva Zelanda, 2012.  Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt... 


Pese a no estar a gran la altura de sus predecesoras 'El Hobbit’ recrea de nuevo magistralmente el mundo de Tolkien, ahora en un tono más infantil. No, como todos esperábamos a priori ‘El Hobbit’ no se puede equiparar a las tres obras maestras con las que Peter Jackson sorprendiera hace unos pocos años al planeta, adaptando de un modo magistral el mundo de fantasía creado décadas atrás por JRR Tolkien, al igual que la entretenida, breve y simple aventura que creara el escritor británico no resiste la comparación con el extenso, denso y elaboradísimo ‘El Señor de los Anillos’, obra que se convirtió en una de las referencias de la literatura del siglo XX y en la bandera del género fantástico.

Es cierto que al “hobbit” del director neozelandés le faltan muchas de las virtudes de la reciente trilogía y que acusa numerosos defectos más, pero también que consigue de maravilla devolver de nuevo al espectador a la fantasía que le envolvió, emocionó y sedujo años atrás merced a “La comunidad del anillo”, “Las dos torres” y “El retorno del rey”.

Lo hace, al igual que sucediera en el papel, por medio de un filme bastante más modesto (no en lo técnico, desde luego), con menos ansias de grandeza y mucho más infantil, pero prácticamente igual de entretenido, mágico y apasionante y con el mismo acierto a la hora de recrear el universo de Tolkien. Por si todavía queda alguien que no lo sepa la historia narra las aventuras de trece enanos, un mago y un hobbit en su viaje hacia la morada del temible Smaug el Dragón para reconquistar tanto el tesoro robado por el monstruo como el antiguo hogar de los barbudos, pequeños y fortachones protagonistas.

Los adictos a este genial mundo de fantasía ambientado en la Tierra Media y plagado de espada y magia, guerra y paz, lealtad y traición, maldad y bondad, caballeros y princesas, magos y guerreros, elfos y hobbits, orcos y trolls hemos disfrutado de nuevo como enanos -nunca mejor dicho- con la película que comienza una nueva trilogía.

Y eso que, como señalé antes, encierra algunos defectos que la hacen menor en comparación con sus predecesoras: la mayor simpleza de su historia y su aire más infantil (culpa del libro, no de la adaptación); su falta de ritmo por momentos en la primera mitad, con algún momento tedioso e insulso como el debate entre los magos en Rivendel; su guión, no tan redondo ni profundo como los anteriores; la incorporación de alguna escena que podría haberse eliminado, caso de la aburrida, infantiloide y sinsentido que protagoniza Radagast el Pardo; la realidad de que a Peter Jackson se le ha ido la mano con las ‘fantasmadas’ en más de una escena de acción; o su apuesta por el nuevo sistema de filmación -pasando de 24 fotogramas por segundo a 48- que personalmente no me convenció, pues durante la acción los movimientos de los personajes y los objetos llegan a ser tan fluidos y rápidos que se convierten en un tanto irreales además de resultar difíciles de percibir para el ojo humano (no sé si también para elfos u orcos).

Pero si los defectos no son pocos todavía más numerosas resultan las virtudes que sitúan a ‘El Hobbit’ como una cinta realmente buena. La principal, que se mantiene un profundo respeto por el mundo de Tolkien y que la recreación de ese complejo universo de fantasía vuelve a ser magistral, pero existen muchísimas más: el extraordinario carisma de los protagonistas, con Ian MacKellen encarnando de nuevo como nadie la sabiduría, bondad y misterio que encierra Gandalf, con la genial recreación digital del a partes iguales malvado, ruin, astuto, patético, asqueroso, cómico, aterrador y triste Gollum y con la aparición en la saga de Bilbo, que interpreta magistralmente un Martin Freeman que ha nacido para interpretar al cómodo y miedoso hobbit que va creciendo personalmente hasta convertirse en un héroe; la presencia de algunos de los ‘primeros espadas’ del ‘Lord of The Rings’, caso de Frodo, Saruman, Galadriel o Elrond, aunque su protagonismo se reduzca a un simple cameo ; la belleza y grandiosidad de los paisajes y los escenarios, bien naturales o artificiales; el auténtico miedo y asco que provocan de nuevo los malos (los trolls, el jefe de los orcos, los huargos, el gran trasgo); el ritmo frenético de su segundo tramo y el carrusel de emociones que generan sus muchas y entretenidas escenas de acción; el protagonismo de los enanos, que cuando toca causan gracia, cuando toca reparten estopa y cuando toca transmiten seriedad y solemnidad; el adecuado, y no abusivo, uso de guiños a ‘El Señor de los anillos”; la portentosa escena de ‘Acertijos en la oscuridad’; la aparición de lugares ya conocidos como la apacible y verde Hobbiton, la misteriosa e idílica Rivendel o la temible y magna Moria; la grandilocuencia, belleza y épica de su banda sonora, que acompaña adecuadamente a la cinta; el empleo del humor, más frecuente que en la anterior trilogía y efectivo en su simpleza… En fin, que los aciertos son tantos que no caben en estas líneas.

Todo resulta cercano y a la vez diferente en este filme que recuerda bastante a ‘La Comunidad del Anillo’, aunque en un tono más infantil y no tan épico, en esta primera entrega que no solo ha hecho soñar de nuevo a los muchos ‘frikis’ que ha provocado este increíble mundo (entre los que me encuentro, por si no se había notado), sino que también ha convencido a los más escépticos, caso de más de un amigo mío.

No es un filme ni mucho menos redondo, de acuerdo, pero conserva intacto el mágico, elaborado, emocionante y vivo universo de fantasía de Tolkien y por encima de todo el solemne respeto a su obra. ¡Qué ganas de ver las otras dos entregas!