Los rumores de Castro Elviña

‘Las voces bajas’. • Título original: ‘As voces baixas’.  Manuel Rivas.  Editorial Alfaguara.  Madrid, 2012.


Manuel Rivas acostumbra a visitar ese territorio indefinido y fronterizo donde nada es demasiado real ni demasiado mágico, pero es ambas cosas a un mismo tiempo; un espacio donde los personajes son de éste y de otro mundo, donde conviven las parroquias de los vivos y los muertos, donde los animales se humanizan y los humanos se animalizan, donde nada es lo que parece y, a la vez, el lector reconoce sus propias vivencias y donde, sobre todo, la amargura puede convivir y convive con la dicha, porque el mundo es un valle de sonrisas y lágrimas.

El universo literario de Rivas es una Galicia que también se parece a la Galicia de todos los gallegos y de quienes la amamos en la distancia, pero en la que hay una mirada lírica, mítica e irónica, que es en todos los casos herencia de los grandes escritores de la tierra como Rosalía, Castelao o Cunqueiro. 

En su última novela, ‘Las voces bajas’, que es y no es ensayo, ficción y memoria, el escritor y periodista coruñés viaja al centro mismo de este mundo rayano entre otros muchos mundos verdaderos y fantásticos. Y desde este espacio limítrofe nos habla en voz baja. Es, este territorio fronterizo, esta Galicia vista por este gallego, un territorio tan legendario como prosaico.

En la boca de la literatura

Las voces bajas del libro de Rivas son las voces de las gentes humildes, la clase baja coruñesa de su infancia y primera juventud, sus propios padres, las mujeres del barrio con el peso en la cabeza, el tío barbero que triunfa entre la clientela como contador de cuentos... La voz baja es también la que exigía como condena la dictadura a quienes pensaban diferente. Y voz baja es la de quienes tienen una menor estatura, los niños, como el protagonista y su hermana María, en quien permanece la mirada de admiración del hermano pequeño hacia el mayor, vigente ahora de adulto hasta la última palabra.

Hay en este libro muchos motivos por los que el título es “las voces bajas”, pero el menos evidente, aunque creemos que más importante, es estilístico. Porque la voz baja es también el rumor con que el escritor consagrado y maduro rememora sus andanzas casi insignificantes por la aldea coruñesa de Castro Elviña, que también arrastra rumores de lejanas batallas. La memoria habla con susurros y se sitúa en la antesala del grito en que se convierte toda la manifestación artística: la novela, por ejemplo.

La memoria de este libro se sitúa, en cambio, en aquel escenario colindante con la realidad y la ficción, entre la vida y la obra del propio Rivas. Ha dicho él algo así como que no hay un realismo mágico, pero sí una suerte de comunión entre lo mágico y lo real. En estas páginas están algunas de las respuestas a muchos de los enigmas que alimentan toda la obra anterior de Rivas.

“No sabemos bien lo que la literatura es, pero sí que detectamos la boca de la literatura. En los libros, en la vida. Esa boca raramente avisa antes de abrirse”, escribe el propio Rivas en este libro. “Tiene la forma de un rumor. De un murmullo”, dice a propósito de su madre, habitante de ese espacio limítrofe donde, con su particular murmullo ensimismado en la cocina, cumplía con las exigencias del manifiesto surrealista.

El don de la palabra

Manuel Rivas tiene el don de la palabra. El relato brota con una naturalidad pasmosa, envolvente y lírica incluso en lo cotidiano, sin estridencias como una partitura redonda. Lo ha demostrado en muchísimos relatos cortos y largos –eso es una de sus obras maestras, ‘El lápiz del carpintero’– y, con bastante fortuna, en la monumental ‘Los libros arden mal’ y en la más apegada al suelo de todas, ‘Todo es silencio’, su anterior título. Lo hace también en sus muchos ensayos, salpicados de anécdotas y magias recolectadas en el bonsai atlántico que es su Galicia materna, que es materna también para su lengua: escribe en gallego.

Rivas, que ha sido en dos ocasiones merecedor del Premio Nacional de Narrativa, vuelve a demostrar ese innato don de la palabra en este nuevo librito, compendio de recuerdos bien tejidos y tal vez peor cerrados, con un susto repentino que nos deja helados. No es que el susto esté mal contado, ya dijimos que Rivas tiene el don de la palabra, pero sí que devuelve al lector de forma demasiado brusca a la realidad. No daremos ninguna pista, pero no son maneras de abandonar ese delicioso territorio, entre la tierra y el cielo, donde el tiempo se detiene para mejor escuchar las voces bajas.


Primeras páginas de ‘Las voces bajas’ en pdf