Ejercicio de resistencia

Título: 'Star Wars: Los últimos Jedi'. • Título original: 'Star Wars: The last Jedi'. • Dirección: Rian Johnson. • Guion: Rian Johnson (basado en personajes de George Lucas). • Género: Ciencia-ficción/Fantástico.• País: EE UU • Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Osar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro...


Dicen los biocibernéticos borg de la televisiva ‘Star Trek: La Nueva Generación’ -tranquilos, no me he confundido de serie- que “la resistencia es futil”, un mantra algo repetitivo para acabar con las esperanzas y la paciencia del capitán Picard y sus chicos de la Enterprise. Quizá no sea ortodoxo emplear este ejemplo 'trekkie' en un artículo 'warsie' -Dios mío, los neologismos-, pero no puedo evitar pensar en ello a la hora de hablar de ‘Los últimos jedi’, la octava entrega fílmica -o novena, si tenemos en cuenta el ‘Rogue One’ de las Navidades pasadas- que llega ahora, con todo su inevitable bombo comercial, a las salas de todo el planeta.

'Resistencia' es la palabra que más veces se repite a lo largo del film. Resistencia es ahora lo que siempre ha sido la Alianza Rebelde. Resistencia es lo que marca el regreso más aplaudido, el de Luke Skywalker/Mark Hamill, convertido en un anciano ermitaño y cínico, de vuelta de todo, que nada quiere saber sobre volver a abanderar ninguna lucha. Como también se resiste la heroína Rey/Daisy Ridley a darse por vencida con el viejo mito jedi y con la posible redención de su antagonista Kylo Ren/Ben Solo/Adam Driver, quien a su vez se resiste a ser tentado por el Lado Luminoso de la Fuerza. La general Leia Organa/Carrie Fisher -para los mitómanos, ya eterna princesa en las estrellas- se resiste con todas sus fuerzas a creer que la llama de la libertad va a extinguirse, y Poe Dameron/Oscar Isaac no puede evitar resistirse ante una burocracia que no entiende y no acata.

Pero también hay una resistencia 'extrínseca' y que trasciende la pantalla. La de los propios espectadores, sean fans de la saga o meros aficionados al cine de ciencia-ficción, capaces de aguantar estoicamente largas colas y salas colapsadas de público, o una sesión doble con el peaje previo de una proyección del ‘Episodio VII’ para ver antes que nadie el octavo, o de plantarse a la puerta de su cine pasada la medianoche para una sesión golfa autorizada por Disney y mantenerse sin pestañear y bostezar durante 152 injustificables minutazos, un mal éste que empieza a ser endémico en Hollywood -recordemos el reciente caso de ‘Blade Runner 2049’- y que hacen de ésta la entrega más larga de todo el serial.

Resistencia para no atragantarse con el exceso de bichos innecesarios que aparecen en pantalla, principalmente esos pollos pretendidamente adorables, por lo visto llamados porgs, sin otra función que convertirse en el muñeco más achuchable, vendible y solicitado a los Reyes Magos. Y resistencia, mucha resistencia, hace falta para no hacer dolorosas comparaciones entre algunas de las escenas de este ‘Episodio VIII’ con momentos ya vividos en capítulos anteriores: si defendí -debo ser de los pocos- los guiños y homenajes que poblaban ‘El despertar de la Fuerza’ como un saludable ejercicio de reconciliación con la saga tras el fiasco, cada vez más evidente, de las fallidas precuelas, los que tacharon a J.J. Abrams de mero plagiador deberían ser consecuentes y cebarse con Rian Johnson, quien, sin pudor ni rubor alguno, por momentos calca secuencias plano a plano -esa batalla en el planeta salado fotocopiada del helado Hoth de ‘El Imperio contraataca’- y diálogo a diálogo -ese momento “percibo tu lucha interior” directamente extraído sin cambiar una sola coma desde ‘El retorno del jedi’-.

Dicen las leyes de la física que forzar la resistencia de un cuerpo por encima de su límite puede provocar su fractura. Algo que no parece vaya a ocurrir en el universo ‘Star Wars’, que incluso con todo lo expuesto y más, sigue siendo fórmula de éxito que nos sigue entreteniendo, gustando y divirtiendo por momentos. ¿Y qué si la subtrama de Finn/John Boyega y Rose/Kelly Marie Tran es terriblemente tediosa, si Benicio del Toro parece haberse escapado accidentalmente de otra película, si “ese momento” con Leia nos produce algo de sonrojo o si al pobre Chewie le han reducido a casi un cameo? Tenemos una historia troncal que funciona -donde, por primera vez, el Bien y el Mal no son términos absolutos, sino abstractos conceptos sujetos a la interpretación subjetiva de cada uno-, efectivos golpes de humor, buenos FX, algún memorable e inesperado reencuentro, un par de personajes que evolucionan bastante bien -los ya citados Rey y Ren- y un Luke 'sobrao' y socarrón que se adueña de la pantalla en cada una de sus escenas. ¿Deberíamos seguir exigiendo más a lo que siempre fue y sigue siendo un -vale, estiradísimo- cuento de hadas infantil?

La futilidad de ‘Star Wars’ solo es equiparable a su innegable poder de seducción, y como yonquis que somos, seguiremos acudiendo año a año, Navidad tras Navidad, a por nuestra nueva dosis, por muy perjudicial que nos digan que sea. Yo, de momento, prefiero no resistirme y seguir gozando del viaje... aunque a veces duela.

 

 

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