El futuro del Tenorio Mendocino según Neruda

El autor del libro 'Crónicas del Tenorio Mendocino' escribe en este artículo -publicado inicialmente en nuestro número impreso de otoño- sobre el porvenir de una cita arriacense que atesora ya una trayectoria de un cuarto de siglo.


Decía el escritor argentino de origen austro-alemán, Roberto Arlt, que para Don Juan Tenorio “el mañana no existía y el futuro tampoco”. Y tenía razón dado el carácter pendenciero, bravucón y siempre expuesto del personaje de Zorrilla, evolución del inicialmente creado por Tirso de Molina en “El Burlador de Sevilla”, obra que pudo escribir en la celda del Convento mercedario de San Antolín, en Guadalajara, el tiempo que profesó en él como monje Gabriel Téllez, el nombre de pila de Tirso. Pero ¿tiene futuro el Tenorio Mendocino, esa genial idea, inicialmente parida como divertimento privado en un mesón y que Javier Borobia y un grupo de amigos sacaron a la calle y convirtieron en realidad haciendo que pasara algo extraordinario en esta Guadalajara en la que casi nunca pasa nada? La pregunta es larga, quizá demasiado, pero la respuesta no puede serlo porque las 485 palabras en que tengo tasada la extensión de este texto dan para desenvainar la espada y blandirla, pero no para estoquear.

El futuro de algo siempre está condicionado por el pasado y, en este sentido, el Tenorio Mendocino ha de tener mucho futuro porque ya tiene bastante pasado, un pasado que, biológicamente, se cifra en 27 años de historia, pero biográficamente -que es lo que verdaderamente importa- se extiende en una larga nómina de personas que han hecho posible en este tiempo el Don Juan guadalajareño, a las que cabe sumar los miles de espectadores que lo han contemplado y han contribuido a dar sentido al hecho teatral; porque sin público, no hay teatro, no puede haberlo, como no hay mensaje si no hay receptor.

El Tenorio Mendocino, no me cabe la menor duda, vino a Guadalajara para quedarse porque nació de la sociedad civil, por ella y para ella. Es de agradecer el apoyo institucional que ha venido teniendo, pero ha sobrevivido también al que no ha tenido o ha sido tan cicatero que, a veces, apenas ha dado para poco más que alquilar un foco. La cultura oficial e institucional es necesaria, muy necesaria, pero la imprescindible es la que parte de la propia sociedad y no se trata de una ocurrencia sino de un buen proyecto, además creativo, participativo y abierto, como sucede con NUESTRO Tenorio. Y he resaltado nuestro porque no es ni mío, ni tuyo, ni de él, ni de vosotros, ni de ellos, sino de todos nosotros. Mientras así sea y así lo sintamos todos, el Tenorio Mendocino tendrá lo contrario que Don Juan: mañana y futuro, mucho futuro. Otra circunstancia que será decisiva para que el Mendocino siga prolongándose en el tiempo es que nunca falte la ilusión en las Gentes de Guadalajara que lo hacen posible y que éstas se renueven y rejuvenezcan permanentemente. Aunque, como decía Góngora, las guirnaldas están hechas de flores caducas, la primavera es el tiempo en que la tierra brilla recién pintada, según dejó escrito Neruda. Y entre el culteranismo de uno y el modernismo de otro, no hay color.


Jesús Orea es periodista, jefe de la sección de Educación y Administración de Cultura de la Diputación Provincial de Guadalajara y autor del libro 'Crónicas del Tenorio Mendocino'.

 

 

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