Un circo de tres pistas

Título: ''Dunkerque'. • Título original: 'Dunkirk'. • Director y guión: Christopher Nolan. • Género: Drama bélico.• Año y país: 2017, EE UU. • Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Harry Styles, Jack Lowden, Aneurin Barnard, James D´Arcy. 


A diferencia de Guy Ritchie, del que en este mismo medio hablábamos hace unos días a propósito de ‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’ (2017), diré que por lo general el cine de Christopher Nolan a mí sí me entretiene, llegando incluso a cautivarme en momentos puntualmente inspirados: sus dos primeros acercamientos adultos al justiciero de Gotham los encuentro poco menos que magistrales, ‘Origen’ (2010) es una fascinante matrioshka psicológica y me atrapó en su viaje ‘Interstellar’ (2014) más allá de los límites del universo conocido y de la imaginación humana. Ahora, debo decir que, conociendo como conozco su filmografía casi al completo -tan solo se me resiste su ópera prima, ‘Following’ (1999), difícil de localizar-, ‘Dunkerque’ podría ser su obra más perfecta y calculada desde el aspecto técnico y, a la vez, la menos apasionada y más deshumanizada desde el punto de vista de los personajes.

El título hace referencia a uno de los episodios más ignominiosos para el ejército aliado durante la II Guerra Mundial, aquel en el que, diezmados y acorralados en una pequeña playa del norte de Francia, casi cuatrocientos mil soldados entre británicos, franceses, belgas, canadienses y neerlandeses -aunque aquí se le da un especial protagonismo a los primeros- resistieron como malamente pudieron los intermitentes ataques de la aviación alemana mientras esperaban a que la Armada -y, junto a ella, innumerables pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo- cruzaran el Canal de La Mancha para acudir al rescate.

Nolan arma su relato a través de tres tramas que se dilatan de diferente manera en el tiempo cruzándose varias veces entre sí, teniendo como escenario la propia playa, el mar abierto y el cielo surcado de cazas. El planteamiento resulta verdaderamente audaz -aunque no demasiado original: imaginad un ‘Ciudadano Kane’ o un ‘Pulp Fiction’ mil veces más picado y con trasfondo bélico-, donde cada secuencia funciona con entidad propia, como un pequeño y breve capítulo que se queda en suspense mientras asistimos a otro, y después a otro, hasta que regresamos donde estábamos: hace del “cliffhanger” -vocablo muy en boga entre la comunidad seriéfila para referirse a esos finales abiertos que no se resolverán hasta el siguiente capítulo-su late motiv, apoyándose sobre todo en un encomiable trabajo de edición que se refuerza con el imponente y constante score de Hans Zimmer y una postproducción de sonido que huelen a Oscar por los cuatro costados.

Pero tantos vaivenes con los tiempos en un montaje tan sumamente troceado no solo pueden provocar ciertos despistes en el respetable -aún sigo preguntándome cómo llega el personaje de Cillian Murphy a la pequeña barca de madera-, sino que, lo que es peor, sepultan bajo una pátina de espectacularidad un guion demasiado elemental y unos personajes que simplemente reaccionan: no hay presentación ni desarrollo de los mismos, todo se reduce a un sálvese quien pueda, y solo el carisma de veteranos como Kenneth Branagh -que con poquito que se esfuerce llena la pantalla- o Mark Rylance -su mirada es la única que transmite algo de humanidad, veracidad y empatía en este caleidoscopio- mantienen el interés por conocer el desenlace de los acontecimientos. 

Nolan monta un circo de tres pistas -literalmente- y nos intenta cautivar con encuadres perfectos, dinámicos movimientos de cámara, espectaculares efectos pirotécnicos y figuración a “puñaos”, emulando a ser David Lean o Steven Spielberg y olvidándose de ser él mismo. Sin su música y sus efectos sonoros, ‘Dunkerque’ se vendría irremediablemente abajo como un castillo de naipes. Y para descubrir, aunque sea de un modo tangencial pero mucho más auténtico, lo que fue Dunkerque, mejor echar un vistazo a ‘Su mejor historia’ (Lone Scherfig, 2016), una cinta con muchos menos recursos pero muchísima más alma tanto en el guion como en los personajes. Que es, al fin y al cabo, lo que da vida a cualquier narración cinematográfica.

Artículos Relacionados