Radiografía de la (in)moralidad

Título: Miss Sloane. • Dirección: John Madden. • Guion: Jonathan Perera. • Género: Drama, thriller. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Michael Stuhlbarg, Alison PIll, John Lithgow, Jake Lacy, Douglas Smith, Sam Waterston, Ennis Esmer.


¿Es lícito, ético y justificable utilizar cualquier tipo de fin -en lo personal, en lo social, en lo profesional- para alcanzar un bien general mayor a cualquier precio? Esa es la interesante reflexión que nos propone ‘El caso Sloane’, una cinta tremendamente compleja en su entramado, trufada de recovecos de guion que funcionan con magnífica precisión, y que cuenta, como baza principal, con una Jessica Chastain en el que puede ser, hasta la fecha, el mejor papel de su carrera. 

La película, dirigida con notable sobriedad por John Madden -nominado al Oscar por ’Shakespeare enamorado’-, nos sitúa en su arranque en el inicio de un proceso judicial que, a lo largo de toda la trama, se salpicará de flashbacks que nos irán sumergiendo en la situación. El planteamiento parece a priori el habitual de cualquier drama judicial, aunque ya añade un matiz ciertamente controvertido para el público norteamericano: el debate sobre si se debe implantar un mayor y más riguroso control en la venta de armas de fuego. Algo que para nosotros puede resultar algo evidente, no tanto para los sectores más tradicionalistas del país de las barras y estrellas, donde la Segunda Enmienda de la Constitución, la que ampara el derecho a tener armas, es intocable.

Este brillante detalle -por fortuna, el film nunca cae en la demagogia hacia un lado ni al otro, y el respetable incluso puede replantearse sus ideas en cierta escena crucial de la película- es solo el cascarón de una propuesta que va mucho más lejos. Porque más allá de la confrontación de ideas y argumentos, se nos muestra sin tapujos cómo desde un lado y desde otro se negocia y se convence -dos eufemismos para no decir claramente que se “compran”- a los políticos que deben votar, en una fecha marcada en el calendario, a favor o en contra de tan polémica ley. Todo un escaparate de las cloacas y subterfugios de la administración pública.

Pero es que aún hay más. ‘El caso Sloane’ nos sigue sumergiendo en el fango, y todo lo argumentado hasta ahora es tan solo el 'macguiffin' para ponernos en la tesitura de posicionarnos con respecto a la protagonista, una mujer fuerte e implacable en un mundo aún dominado por los hombres que de manera astuta y a la vez sibilina traza un plan impecable y maquiavélico sin importar las consecuencias profesionales y personales de ella misma y de quienes le rodean. 

Así que, más allá de un revelador giro final -tan espectacular como aparentemente tramposo, aunque aún hoy, varios días después de haber visto la cinta, tengo mis dudas de si de verdad hay “trampa” o no-, nos encontramos ante una propuesta ciertamente estimulante, de esas que invitan al debate y a la reflexión, a que (nos) hagamos preguntas sobre dónde están los límites de la ética y de la moralidad, y, en definitiva, sobre si un fin loable puede o no justificar todos los medios, por pueriles que puedan ser, a nuestro alcance. No es poco para un título que llega con discreción y sin grandes estrellas hollywoodienses en el reparto, donde, además de la sobresaliente Chastain, encontramos secundarios tan estimulantes como Mark Strong -que cada día me recuerda más, por físico y carácter, a nuestro Roberto Álamo- o el veterano John Lithgow. Mi recomendación: véanla y juzguen ustedes mismos.

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