La cuarta pared

Título: Fences. • Dirección y guion: Denzel Washington. • Género: Drama. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: Denzel Washington, Viola Davis, Stephen Henderson, Jovan Adepo, Mykelti Williamson, Russell Hornsby, Saniyya Sidney. 


Han pasado casi diez años desde que Denzel Washington se sentó  por segunda y (hasta ahora) última vez en la silla de director -si exceptuamos un relativamente reciente episodio de la televisiva ‘Anatomía de Grey’-. Y lo había hecho con una película con casi nulo recorrido internacional, ‘The Great Debaters’ (2007) -inédita en España, por cierto-, donde, al igual que en su ópera prima ‘Antwone Fisher’ (2002), hacía doblete delante y detrás de la cámara.

Con ‘Fences’ (2016) parece por fin haber eclosionado el talento del Washington realizador después de varias décadas de exitosa carrera como intérprete: aplauso bastante unánime de la crítica y cuatro nominaciones “gordas” a los Oscar -Película, Actor, Actriz de Reparto y Guion Adaptado-. Vaya por delante que siempre me ha gustado el carisma de este grandísimo actor, siempre reconocible y a la vez tremendamente camaleónico, pero me cuesta conectar con su faceta de intermitente cineasta: éste, su tercer trabajo, se apoya sobre el sólido talento de su pareja protagonista -el propio Denzel y una enorme Viola Davis, injustamente etiquetada como “secundaria” por la Academia, que se ha llevado el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto en la gala de anoche-, pero apenas deja espacio para algo más que le haga sobresalir como obra fílmica.

La cinta no oculta sus raíces teatrales -el guion está basado en un libreto homónimo premiado con un Pulitzer adaptado para la película por el propio autor, August Wilson, y que ya protagonizaran los mismos actores en Broadway-, pero, a diferencia de otras innumerables piezas escénicas que fueron llevadas a la gran pantalla, renuncia deliberadamente a cualquier herramienta puramente cinematográfica -a excepción de los primeros planos y algún que otro sutil movimiento de cámara-: y así, con una fotografía, montaje, ambientación, vestuario, etc. de lo más sutiles y casi minimalistas -el drama se desarrolla en apenas dos o tres escenarios/decorados-, lo apuesta todo al trabajo de los actores, que, como ya he apuntado anteriormente, resulta sobresaliente.

¿Resulta errónea la decisión? Digamos que, al menos para quien esto escribe, se queda en un resultado algo pobre, dejándonos la sensación de haberse trabajado mucho el texto y los personajes pero habiéndose limitado a hacer teatro filmado. Y, evidentemente, la narración y el tempo del Séptimo Arte requieren de otro tipo de lenguaje. Quizá, sobre las tablas, ‘Fences’ hubiese sido colosal: ver a Washington y Davis cara a cara en un escenario y apenas a unos metros de nuestra butaca, en vivo y en directo, tiene que ser toda una delicatesen interpretativa; pero la pantalla, esa inevitable cuarta pared que nos da la proyección cinematográfica, pone demasiada distancia entre el espectador y los actores como para saborearlo de igual manera. 

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