Guadalajara de cine

El periodista Rubén Madrid evalúa en este artículo la apuesta del Ayuntamiento de Guadalajara en Fitur con el turismo de cine.


Hace 25 años que Marlon Brando pasó por Sigüenza sin dejarse ver. La ciudad acogió el rodaje de la superproducción ‘Cristobal Colón. El descubridor’ que dirigió John Glenn y en la que el mito encarnaba a Torquemada en un pequeño papel por el que cobró 500 millones de pesetas. Hubo una enorme expectación, según cuentan quienes fueron testigos del rodaje, pero la gente no pudo ver al actor ni tampoco muchos seguntinos y foráneos que hasta allí se aproximaron para buscar un segundo de gloria como figurantes tuvieron opción de serlo. Aquello fue más bien un fiasco. Pero ha quedado para el recuerdo como uno de los hitos de la ya larga tradición de rodajes en suelo guadalajareño, que en los últimos tiempos ha ido en aumento. 

En la provincia también se han rodado películas como ‘Flores de otro mundo’ de Itziar Bollaín en Cantalojas o ‘Juana la Loca’ de Vicente Aranda, de nuevo en el Castillo de Sigüenza. Ya en 1970 Atienza era escenario de ‘Las Troyanas’, con Katharine Hepburn pasando una temporada en la localidad. Pero el gran salto lo constituyó el rodaje en 2014 en el castillo de Zafra de alguna secuencia de la última temporada emitida de la serie ‘Juego de Tronos’. El catálogo de títulos empieza a ser interesante, también en Guadalajara capital, donde dos localizaciones, la cárcel y el Fuerte, han sido escenario de multitud de rodajes, a los que se suman algunos otros puntuales como el cementerio, la concatedral de Santa María o el propio Infantado. Un aspecto que el Ayuntamiento de Guadalajara ha parecido descubrir como fortaleza para el sector turístico local, siempre en busca de la gallina de los huevos de oro. Así que este año la ‘apuesta fuerte’ del turismo arriacense pasa por los rodajes. O eso al menos nos han vendido -a periodistas, pero también a curiosos- en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) de Madrid.

No descartamos que seguir el rastro de los rodajes en Guadalajara dé para una visita guiada para un público cinéfilo o que algunos de estos puntos sean tomados a partir de ahora como santuarios de algunos peregrinos muy fans (pongamos por caso) de Miguel Picazo o de la serie ‘Víctor Ros’, que tampoco creemos que sean legión. Pero, aun siendo así, sorprende que queramos llamar la atención de los de fuera con un aspecto que no está suficientemente cuajado como oferta turística. Porque no basta con diseñar una visita guiada y con editar un calendario en Fitur, que básicamente es lo que se ha hecho. Si queremos que haya una ruta de cine como mandan los cánones, lo mínimo -lo imprescindible- es cumplir con el ‘abc’ de la cuestión: editar un plano temático que marque un recorrido y señalizar con paneles explicativos qué hay en cada punto de visita: para que, al llegar allí, el visitante sepa qué películas se han rodado en el Fuerte o en la cárcel (que preferiblemente debería abrirse al público, no como ahora), qué escena filmó Picazo en la Concatedral de Santa María y dónde hay que ir exactamente para reconocer en la pantalla las escenas alcarreñas de la mítica ‘Espartaco’ de Kubrick. Nada del otro mundo. 

A partir de aquí, hay que ir a Fitur, y a cuantas ferias de turismo (y festivales de cine) se tercien. Con convencimiento. Pero resulta extraño que queramos hacer de Guadalajara un destino ligado al cine y que en Fitur no se promocione que en Guadalajara se celebra en otoño su Festival de Cine Solidario (Fescigu), que este año cumple 15 ediciones. Lo que sí hace Albacete con Abycine no lo hacemos en esta Guadalajara ‘de película’. Asombroso. De nuevo el ‘abc’ de la cuestión. Y no sólo porque lo hagan Málaga o San Sebastián con sus citas de prestigio internacional, sino porque es lo que hace cualquier otra ciudad con cierto interés por promocionar sus principales eventos culturales. Es lo que han hecho en esta misma edición, sin inventar nada pero con el convencimiento que aquí falta, el Ayuntamiento de L’Alfàs con su propio festival de cine (respaldado en su presentación en Fitur por la Generalitat y la Diputación), Santa Cruz con el Festivalito de La Palma o Sevilla con su Festival de Cine Europeo. Por eso sus propuestas han llegado a las páginas de los medios nacionales. 

También Almería promociona su ruta del cine, con una puesta en escena bastante más ambiciosa que un simple enunciado a la prensa local. En su puesta de largo en Fitur contó con el respaldo de un ministro andaluz, Juan Ignacio Zoido, y de los actores Ruth Gabriel, Ismael Martínez y Berta Hernández. Logran así la atención de la prensa madrileña y no sólo de la prensa local. Porque de poco sirve convocar a la prensa de Guadalajara en un rincón del pabellón para contarnos lo mismo que podrían decirnos en una nota de prensa.

En Fitur ni siquiera los paseantes más despistados que cayesen por Castilla-La Mancha tenían ocasión de ver allí a Pedro Solís con sus dos ‘goyas’, a la ministra de la región Cospedal dando el apoyo a la propuesta local o un triste cartel anunciando que Guadalalajara tiene uno de los festivales de cine social más importantes de España. La Guadalajara de cine tuvo un minuto de gloria en la feria: un canutazo (unas declaraciones de pie) del vicealcalde y de la concejala de Turismo junto al puesto donde se repartían los folletos de la provincia de Guadalajara. Un aquí te pillo y aquí te mato para cumplir con el expediente.

A Fïtur hay que ir, nos dicen. En Fitur hay que estar...

Y pasa así que se planifica “la apuesta” de temporada para cada año. La Guadalajara del turismo de los grandes eventos deportivos, la Guadalajara de la gastronomía o de los toros, la Guadalajara -tal vez mañana- del flamenquito o de los cócteles con ginebra, a saber... Cada año un eslogan, un titular, un almanaque para repartir y una portada para el folleto turístico. Y hasta el año que viene.

Parece que el turismo en la ciudad da palos de ciego, sin sostener una verdadera apuesta por nada, como si Guadalajara no tuviese ninguna identidad ni estuviese tampoco dispuesta a encontrarla. Por eso hoy es el cine cuando no hace tanto iba a ser el maná del turismo de congresos que caería del cielo sobre todas y cada una de las ciudades españolas sin playa ni catedral. Hasta hace dos días pensábamos que la apuesta imprescindible en estos tiempos era el Infantado, con su candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO, pero el palacio ha desaparecido del gran escaparate de turismo. La promoción en Madrid no ha dado continuidad a un objetivo que ha tenido en eventos como la pomposa boda de Felipe II o el desfile de moda dos citas en las que no se reparó en gastos. 

Son palos de un ciego que obviamente no ve (o no quiere ver) lo que tiene delante de sus narices. Porque Guadalajara es una ciudad de cuento. Aunque ninguna autoridad turística haya llevado el año pasado a Fitur los 25 años del Maratón, aunque se insista en promocionar lo que todavía no se es y necesite de años para consolidarse como marca turística. Podemos seguir haciéndonos trampas al solitario y pensar que esta primavera llenaremos de turistas la ciudad porque la serie ‘El Caso’ se ha rodado en el cementerio o porque salen las Adoratrices durante unos segundos en un cortometraje de animación. Un corto que, por cierto, también es un cuento.

A Guadalajara se le alinearon los planetas en 2016, pero nuestros astrónomos estaban haciendo alquimia en un sótano para dar con la piedra filosofal del turismo arriacense. La ciudad apostó el año pasado por presentar la feria taurina el mismo año en que se cumplía el 25 Maratón de los Cuentos, la XX temporada de los Viernes de los Cuentos, el Centenario de Buero Vallejo que ni semencionó en Fitur, el Centenario de Cela y los 25 años de la representación itinerante de ‘Don Juan Tenorio’, ninguno de los cuales mereció siquiera una mención en la feria por parte del Ayuntamiento. El año pasado fue la ocasión perfecta para dar el impulso definitivo a una identidad como tierra literaria que, nos guste o no, es la que mejor nos define en la provincia y su capital, con figuras como el Marqués de Santillana, el Cid y el Libro de Buen Amor hasta Cela, Buero, Herrera Petere, el ‘Alfanhui’ de Ferlosio, los gancheros de Sampedro y el Premio Planeta de Clara Sánchez. Por no hablar de la ciudad hermanada en México, que celebra la que es, junto a Frankfurt, la más importante feria del libro del mundo. 

La apuesta turística de Guadalajara necesita mejor planificación, convencimiento y anclaje en la realidad. Fitur es un escaparate, qué duda cabe, pero hay que aprovecharlo para mostrar lo mejor de nuestra oferta y la identidad que nos distinga verdaderamente. Si creemos de veras que somos una ciudad de cine, más allá de lo manido de la frase, hagámoslo con verdadera pasión. Si creemos que somos una ciudad de cuento, como se viene demostrando durante 25 años, no dejemos sin decir a cada visitante de nuestro expositor que el de junio en el Infantado es el evento cultural más importante que hay cada año en esta ciudad. Ahora bien, si consideramos que basta con cumplir el expediente, pensemos ya que el año que viene podemos vender en Fitur la Guadalajara ‘indie’ o la Guadalajara ‘hipster’. Puestos a impostar, no perdamos de vista las tendencias. 

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