Un thriller con múltiples lecturas

Título: Contratiempo. • Dirección: Oriol Paulo.  Guion: Oriol Paulo y Laura Sendim.  Género: Thriller.  País y año: España, 2016.  Reparto: Mario Casas, Bárbara Lennie, José Coronado, Ana Wagener, Francesc Orella, Paco Tous.


Han tenido que pasar cuatro años para que Oriol Paulo vuelva a ponerse detrás de una cámara cinematográfica. Demasiado tiempo, a mi entender, después de una muy estimulante ópera prima –‘El cuerpo’ (2012)- para traernos una historia que, en gran medida, está hermanada con aquella, porque ‘Contratiempo’ comparte ciertos elementos que ya casi parecen lugares comunes: protagonista de clase alta, crimen pasional, guion con estructura de rompecabezas a base de flashbacks, efectista giro final…

Nos encontramos ante una cinta tan arriesgada y ambivalente como efectista y, por qué no decirlo, algo tramposa. Como thriller “con sorpresa”, su credibilidad se sostiene en contar desde el primer minuto con la complicidad y la empatía del respetable con un Mario Casas de dudosa honestidad, así como con la efectividad de un juego de falsas identidades que cualquiera puede deducir a los veinte minutos de metraje. Es decir, que el “twist” con el que se cierra la película, es cualquier cosa menos sorprendente… Tampoco ayuda, lo admito, que el conflicto nuclear de la trama recuerde lejanamente no solo a clásicos como ‘Muerte de un ciclista’ (Juan Antonio Bardem, 1955), ‘Testigo de cargo’ (Billy Wilder, 1957) o ‘Trampa para un hombre solo’ (Robert Thomas, 1960) –influencias apuntadas por otros colegas, y que comparto–, sino a propuestas menos sutiles como ‘Sé lo que hicisteis el último verano’ (Jim Gillespie, 1997).

Por tanto, si lo que ofrece Paulo es el juego de “quién es el culpable”, el castillo de naipes cae a las primeras de cambio –bien porque el espectador se pierda entre tanto vericueto y giro de guion, bien porque la solución sea demasiado evidente demasiado pronto–. Pero mirémoslo de otro modo: si bajo un cacofónico montaje de multiplicidades en torno a un punto de partida aparentemente imposible –y, como digo, con una conclusión demasiado previsible- lo que propone el realizador es darnos todas las piezas del rompecabezas, algunas deliberadamente evidentes, el film gana muchos puntos, ya que no resultan el “quién” o el “cómo” tan interesantes como la mentira, la justicia o la venganza.

Me resulta del todo enrevesado hablar de esta película sin desvelar personajes, tramas, pistas y giros determinantes en la historia para hacer comprender al lector/espectador los dos posibles enfoques con los que afrontar el film. Recomiendo su visionado con la mente completamente abierta, sin ideas preconcebidas sobre los clichés del género ni sobre la naturaleza de los personajes, y, una vez finalizada la proyección, que cada uno concluya si estamos ante una aparatosa engañifa o uno de los más intensos y elaborados thrillers psicológicos jamás rodados en nuestro país.

 

 

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