Escuadrón (galáctico) suicida

Título: Rogue One: a Star Wars story. • Dirección: Gareth Edwards. • Guion: Chris Weitz, Tony Gilroy a partir de una histora de John Knoll y Gary Whitta con los personajes de George Lucas. • Género: Aventuras, Ciencia-ficción. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: Felicity Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Jiang Wen, Mads Mikkelsen, Forest Whitaker, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Jonathan Aris.


Desde que Disney absorbiera todos los derechos de Lucasfilm y sus franquicias, la casa del ratón Mickey no ha dudado en ponerse las pilas para explotar todo lo posible (y más) el filón de 'Star Wars'. Lejos, muy lejos, quedan los tiempos en los que tuvimos que esperar lustros para poder ver nuevas aventuras galácticas en la gran pantalla -esos dieciséis años transcurridos entre 'El retorno del jedi' (1983) y 'La amenaza fantasma (1999) o los once que separan 'La venganza de los sith' (2005) de 'El despertar de la Fuerza' (2016)-; prepárense porque, de aquí a 2020 (como poco), tendremos una nueva entrega por Navidad en forma de prolongación natural de la serie o de spin-off  transversal del universo lucasiano.

Por si hay todavía algún despistado, 'Rogue One: Una historia de Star Wars' no es el 'Episodio VIII', sino más bien una especie de 'Episodio III ½' que se desarrolla entre los acontecimientos del 'III' -la extinción de la orden jedi, el alzamiento del malvado Imperio Galáctico, la construcción de la inolvidable Estrella de la Muerte- y del 'IV' -que era, en realidad, el punto original de este pequeño galimatías cósmico para los no iniciados-. Sin embargo, y a pesar de su más que evidente objetivo comercial -la trama no es nueva: la historia de que unos rebeldes habían robado unos planos imperiales ya se nos resumía clara y nítidamente en un par de líneas del prólogo de la original 'Guerra de las Galaxias' de 1977, por lo que parecería que se han sacado de la manga una película completamente inocua-, este capítulo intermedio, sin sables láser ni personajes conocidos -salvo alguna asombrosa e inesperada aparición estelar-, se sacude todos los prejuicios y nos ofrece un entretenimiento de primer orden, bastante bien construido, con un desarrollo argumental que va de menos a más -le cuesta arrancar un poco, y el planteamiento de redención paternofilial da sensación de trillado- y con una pléyade de personajes que, en pocos minutos, logran ganarse la simpatía del respetable. 

Sorprende, en una cinta de entretenimiento familiar, el potente carácter bélico de la misma: 'Rogue One' es, hasta la fecha, la entrega con menos misticismo -la Fuerza es casi un leve trasfondo de fe- y la que probablemente tenga más tiros, explosiones, muerte y sacrificio por minuto, sobre todo en un tercer acto con un ojo puesto en el canon oficial y el otro, en el libro de estilo del cine de guerra del Hollywood clásico. 

Es, por tanto, un entretenimiento de primera magnitud, fiel al genuino espíritu del serial, muy entretenido para el espectador que solo quiere pasar un buen rato y trufado de sutiles guiños para regocijo de los fans. Gareth Edwars, con un currículum con poco margen para el optimismo -solo dos películas precedentes, la olvidada 'Monsters' (2010) y la terrible 'Godzilla' (2014)- supera con nota un film que llegaba con la vitola de intrascendente y que no solo mejora unas precuelas algo infantiloides, sino que funciona de perfecta bisagra entre éstas y la trilogía original. Por no hablar de que entierra, definitivamente, los fallidos spin-offs -porque, sí, ya se hicieron otros en el pasado- lanzados directamente a los tristemente desaparecidos videoclubs: ¿quién se acuerda ahora de las dos plomizas aventuras de los ewoks?

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