Inverosímil catarsis

Título: Lejos del mar. • Dirección: Imanol Uribe. • Guion: Daniel Cebrián, Imanol Uribe . • Género: Drama. • País y año: España, 2016. • Reparto: Eduard Fernández, Elena Anaya, José Luis García Pérez, Ignacio Mateos, Susi Sánchez, Juan Motilla, Teresa Arbolí, Adrián Hernández, Olivia Delcán, Martxelo Rubio, Camino Texeira, Verónika Moral, Maica Barroso, Manuel Tallafé y Eva Almaya. 


El conflicto etarra siempre ha sido un tema notablemente presente en la filmografía de Imanol Uribe, y rápidamente todos podemos recordar títulos como ‘La fuga de Segovia’ (1981), ‘Días contados’ (1994) o incluso el trasfondo de ‘Plenilunio’ (1999), por no hablar de la gran cantidad de documentales -largos y cortometrajes- que el realizador guipuzcoano ha venido realizando a lo largo de su carrera y en los que no ha dejado de poner el foco en tan espinoso asunto.

Ahora que (parece) se abre un tiempo nuevo en Euskadi, una película como ‘Lejos del mar’ podía ser no solo interesante, sino incluso balsámica y necesaria en nuestra sociedad actual tan proclive a la crispación y el insulto fácil y donde escuchar al de enfrente parece poco menos que una quimera imposible. Sin embargo, y contra pronóstico, Uribe falla -y de un modo estrepitoso, añadiría- al embocar la necesaria catarsis que anhelan sus sufridos personajes -él, Eduard Fernández, un terrorista arrepentido que intenta empezar de cero tras casi tres décadas a la sombra; ella, Elena Anaya, la hija de su víctima traumatizada de por vida a pesar de su apariencia de vida normal y monótona- por el embudo de una relación que pasa de lo violento -la venganza- a lo pasional, en un torrente de sentimientos contradictorios, éticamente cuestionables y, lo peor de todo, difícilmente creíbles.

Que el asesino no justifique en ningún momento sus actos del pasado -ni su gris existencia presente tras media vida entre rejas- y pida perdón una y mil veces es verdad que lo humaniza, logrando que incluso lleguemos a comprenderlo, aunque no a aceptarlo; pero el problema no viene de ahí, sino precisamente de la otra pata, la de la joven, donde el esforzado trabajo de Anaya no corrige los defectos de un personaje mal planteado y dibujado y cuyos vaivenes solo son explicables si el respetable, en su imaginario particular, le concede cierta esquizofrenia o bipolaridad nunca diagnosticada ni explicada en la película.  

Perplejidad e incredulidad son los calificativos más suaves con los que este humilde crítico puede definir las sensaciones que le ha producido un film que apuntaba muy alto y que se pasa de frenada en casi todas sus aristas. Las cosas como son: ahora, una vez vista, encuentro cierta explicación a que ‘Lejos del mar’, que fue presentada en el Festival de San Sebastián de 2015, haya tardado todo un año en encontrar distribuidora. No es que sea una obra complicada; es que es una propuesta que remueve e incomoda no por su mensaje, sino por ser del todo inverosímil.

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