Nadando a ciegas

Título: Buscando a Dory. • Dirección: Andrew Stanton y Angus MacLane • Guion: Andrew Stanton yVictoria Strouse (Personajes: Andrew Stanton). • Género: Animación. • País y año: Estados Unidos, 2016. 


Es normal que incluso la lámpara mágica de Pixar, empeñada en parir al menos un estreno al año, tenga algunos tropezones de cuando en cuando, y no todo van a ser maravillas como ‘Wall·E’ (Andrew Stanton, 2008) o la más reciente ‘Del revés’ (Pete Docter & Ronnie del Carmen, 2015). Pero incluso en sus títulos más irregulares, como ‘Los increíbles’ (Brad Bird, 2004), ‘Up’ (Docter & Bob Peterson, 2009) o ‘Brave’ (Mark Andrews & Brenda Chapman, 2012) -que empezaban de manera muy potente, pero luego se diluían-, al menos siempre intentaban ir un paso más allá, arriesgando y proponiendo cosas diferentes, originales, genuinas…

A Pixar, digámoslo sin ningún rubor, no le funcionan las secuelas. Salvo el honroso caso de las (hasta ahora) tres entregas de ‘Toy Story’, cada cual mejor que la anterior -veremos si la racha se mantiene con el ‘Toy Story 4’ que llegará en 2018-, han sido un desastre: ‘Cars 2’ (John Lasseter & Brad Lewis, 2011) y ‘Monstruos University’ (Dan Scanlon, 2013) eran repetitivas, carentes de fuerza y fácilmente olvidables, lo mismo que le ocurre ahora a ‘Buscando a Dory’, continuación tardía de una de las cintas más queridas entre el público y de mayor éxito en taquilla.

Como se adivina por el título, ahora es la amnésica pez azul -con voz de Ellen DeGeneres en la V.O. y de nuevo excelentemente doblada por Anabel Alonso en la versión española- la que se extravía, pero es ella la que busca a sus padres, terminando sus pesquisas en un gran acuario, seguida de cerca por Marlin y Nemo. Quizá a la protagonista le falle la memoria, pero cualquier espectador -niños incluidos- podrá recordar fácilmente situaciones, escenas y momentos que parecen no solo idénticos a los de ‘Buscando a Nemo’, sino incluso sospechosamente parecidos con la segunda aventura de los juguetes -esa secuencia del camión en la carretera- o con aquél primer ‘Monstruos, S.A.’ (Docter, 2001) -con ese pulpo inverosímilmente camaleónico-.

Técnicamente, tampoco encuentro evolución alguna entre la anterior cinta -estrenada hace nada menos que trece años- y ésta, aunque no consigo discernir si está hecho a propósito por mantener cierta continuidad visual entre ambos títulos o porque en una película de animación que se desarrolla en un 80% bajo la superficie poco margen hay para mejorar texturas, colores, movimientos, etc. En el fondo, esto es lo menos importante: aquí, lo que falla, es que esta es una (otra) secuela que nadie pedía, nadie esperaba y desde luego, al menos para quien esto escribe, no colma por repetitiva y previsible. El cariño que podamos tenerle a los personajes y el guiño final oculto tras los títulos de crédito nos son  bagaje suficiente.  

PD: Como siempre, a la proyección de la película le precede un corto, en este caso una asombrosa pieza de seis minutos llamada ‘Piper’ que, esta sí, resulta ser una auténtica maravilla en todos los aspectos.

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