Tarzán returns

Título: La leyenda de Tarzán. • Dirección: David Yates. • Guion: Stuart Beattie, Craig Brewer, John Collee, Adam Cozad, a partir de la novela de Edgar Rice Burroughs. • Género: Aventuras. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: Alexander Skarsgård, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Djimon Hounsou, Jim Broadbent, John Hurt, Ella Purnell.   


Vuelve Tarzán. ¿Era necesario? Lo sé, es una pregunta retórica y estúpida, habida cuenta que, de un tiempo a esta parte, ocho de cada diez estrenos son remakes, reboots (vaya 'palabro' que se ha puesto de moda en Hollywood), secuelas y precuelas. Sin embargo, en este caso, hay algo diferente, una propuesta que parece querer ir más allá. Aunque sólo es un espejismo.

Es verdad que, desde la versión animada de Disney de 1999, poco o nada habíamos vuelto a saber del personaje surgido de la imaginación de Edgard Rice Burroughs hace poco más de un siglo y que el naciente Hollywood mitificó hasta límites estratosféricos con sus banales seriales cinematográficos -hoy no aguantan ni medio visionado- protagonizados por el nadador austríaco Johnny Weissmuller.

En mi retina cinéfila siempre guardo un rinconcito, pequeñito, para ‘Greystoke’, la versión de Hugh Hudson menos aventurera y dramáticamente más plausible, que descubrí siendo un crío y que, aunque imperfecta, siempre me pareció de lo más fascinante; obviaremos las Series B de videoclub y a Rocco Siffredi sin taparrabos. Con estos antecedentes, quizá no era mala idea actualizar al personaje, aunque sin apartarlo de su contexto histórico -se agradece- de finales del siglo XIX y su colonial Imperio Británico. Además, si obviamos el epílogo de la cinta de Hudson, ‘La leyenda de Tarzán’ bien podría funcionar como una continuación con un planteamiento ciertamente interesante: más allá de la historia del niño que fue criado en la jungla por unos simios, ¿qué hay después de su vuelta a la civilización?

David Yates nos propone un regreso a la selva de la mano del protagonista -y de su inseparable Jane- para reencontrarse con viejos amigos swahilis y hacer frente a nuevos enemigos. Sin embargo, echa por la borda un buen punto de partida no para construir un relato de aventuras a la vieja usanza -algo que a Lucas y Spielberg les funcionó muy bien con el estilo serial pulp de Indiana Jones-, sino un guion excesivamente simple y “antiguo”: malo quiere diamantes de la selva, malo secuestra a Jane como cebo, malo atrapa a Tarzán y para usarlo como moneda de cambio.

Perdemos la oportunidad de profundizar -o al menos, echar un vistazo- en temas como la acción del hombre sobre los paraísos naturales, el comercio ilícito de joyas y de personas o, simplemente, algo tan universal como la lealtad y la amistad. Tarzán va a por Jane porque es Jane -por cierto, una lástima no darle más rotundidad al personaje y dejar a Margot Robbie como simple objeto decorativo-, Samuel L. Jackson no se sabe muy bien por qué sigue a Tarzán y Christoph Waltz apenas muestra interés en interpretar a un villano que viste como el Belloq de ‘En busca del Arca Perdida’ y se maneja como un ninja con ¡un rosario!

Y, hablando del héroe: me contaba mi abuelo Joaquín que, en tiempos de Franco, a Weissmuller se le pintaban unos pantalones en las marquesinas de los cines de la Gran Vía madrileña cada vez que había una reposición de ‘Tarzán’, por aquello de cubrir la indecencia; aquí, Alexander Skarsgård le pone voluntad, pero en pleno siglo XXI, lo de que corra, trepe y nade en piratas… ¿realismo o recato? En fin, no abramos este melón.  

Este ‘Tarzán’ resulta tan entretenido como efímero, simple y sin complicaciones; un producto regular, sin esfuerzo, que podría funcionar muy bien en la sociedad de los años treinta o, en la actualidad, como mero telefilm de sobremesa. Y, sobre todo -y quizá esto es lo que más le pesa-, sin un solo gramo de sentido del humor. 

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