Dioses y monstruos

Título: Money Monster. • Dirección: Jodie Foster. • Guion: Alan DiFiore, Jim Kouf y Jamie Linden. • Género: Trhiller, drama. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: George Clooney, Julia Roberts, Jack O´Connell, Caitriona Balfe, Dominic West, Giancarlo Esposito, Dennis Boutsikaris, Darri Ingolfsson, Christopher Denham. 


En el clásico de Billy Wilder ‘El gran carnaval’ (1951), Kirk Douglas era un periodista de tercera capaz de exprimir y prolongar una tragedia humana -en aquél caso, un pobre diablo atrapado en una cueva- con tal de sacar rédito profesional. Cuarenta y seis años después, el griego Constantin Costa-Gavras abordó un planteamiento aparentemente similar en ‘Mad City’ (1997), aunque en ella ya se introducía un matiz diferenciador: el protagonista del drama era un currito que se había quedado sin empleo, y cometía un secuestro para llamar la atención sobre su dramática situación social. Son dos ejemplos que fundamentan muy bien los posibles orígenes de ‘Money Monster’, cuarta película como directora de la popular actriz Jodie Foster, donde la voracidad de los medios de comunicación es uno de los dos pilares fundamentales de la trama.

El otro es esta Nueva Gran Depresión, a nivel global, que estamos sufriendo. En América, que sepamos, no ha habido preferentes, pero sí se cuentan por centenares (o por miles) los casos de pequeños ahorradores que apuestan lo poco que tienen en operaciones bursátiles aparentemente seguras y que luego se quedan con una mano delante y otra detrás. Y así, uno de estos pobres diablos (Jack O’Connell) decide secuestrar a un gurú televisivo -no casualmente interpretado por George Clooney, quien ya dirigió y protagonizó otra ácida crónica periodística: ‘Buenas noches, y buena suerte’ (2005)- en plena emisión en directo dispuesto a desmontar la gran estafa de la macroeconomía global del siglo XXI o morir en el intento.

Es cierto que ‘Money Monster’ es tan efectista en algunos momentos como irregular en otros; sin embargo, para quien escribe esto, aun reconociendo que no nos encontramos ante una obra redonda, debemos aplaudir esta llamativa sátira con trazas de caricatura, donde lo cotidiano, lo trágico y lo esperpéntico fluyen y se confunden a lo largo de la narración, en un ejercicio ciertamente arriesgado por parte de la realizadora y que seguramente no contentará a un público generalista. Pero creo firmemente que nos encontramos ante un trabajo audaz que, como ‘El show de Truman’ (1998) -otra cinta que se adelantó a su tiempo-, nos refleja, a modo de espejo mágico, a qué estamos abocados en un futuro demasiado cercano: a formar parte de un mundo en el que los dioses económicos pueden jugar a ganar o a perder con tu dinero -no será ético, pero desde luego no es ilegal, como bien se apunta en el último tercio del film- y donde todo es susceptible de ser un efímero espectáculo de masas -incluso un posible acto de terrorismo-. En definitiva, una sociedad terriblemente egoísta, donde nadie mueve un dedo si no va a sacar algún beneficio propio.  

No solo recomiendo verla ahora, sino volver a revisarla dentro de cinco o diez años. Quizá lo que ahora nos parece una salida de madre, de aquí en un tiempo sea nuestro día a día. ¿O quién nos iba a decir hace veinte años que nuestra economía estaría peor dos décadas después, o que el formato ‘Tómbola’ fagocitaría todas las tertulias televisivas –políticas, sociales, deportivas- habidas y por haber?

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