Espíritu olímpico

Título: Eddie el águila (Eddie the eagle). • Dirección: Dexter Fletcher. • Guion: Simon Kelton y Sean Macaulay, basado en una historia de Simon Kelton. • Género: Biográfico. • País y año: Reino Unido, 2016. • Reparto: Taron Egerton, Hugh Jackman, Christopher Walken, Jim Broadbent, Matthew Brandon, Ania Sowinski. 


A veces ocurre que una película nos atrapa o nos provoca rechazo no por su valor artístico o cinematográfico de por sí, sino por el estado de ánimo en el que uno, como espectador, la asimila. Seguro que a ti, que lees ahora estas líneas, también te ha pasado: aquella peli que tanto disfrutaste en el estreno hoy te parece mediocre, o aquella otra que te causó una mala primera impresión hoy la ves con otros ojos, con otra madurez. 

Eddie el Águila’ está trufada de lugares comunes e ingredientes típicos y tópicos de ese cine de superación que tanto gusta en el mercado americano -con un protagonista socialmente rechazado capaz de superar todas las barreras y adversidades que se encuentra en la vida-, ninguno de sus personajes resulta novedoso o llamativo –desde ese excampeón caído en desgracia que se convertirá en mentor del héroe hasta el exagerado juego poli bueno-poli malo de los padres- y todo tiene un aire de telefilm “basado en hechos reales” de lo más manido. Sin embargo, debo decir que, a mí, me ha gustado mucho.

Primero, porque la cinta está protagonizada por un sorprendente Taron Egerton que consigue que nos olvidemos de su juvenil héroe de ‘Kingsman. Servicio secreto’ (Matthew Vaughn, 2014) y, casi literalmente, se mete en la piel de Michael Edwards, el carismático y sorprendente saltador olímpico de esquí que revolucionó los Juegos de Invierno de Calgary ’88 logrando además un par de récords nacionales; algunos pueden pensar que la gestualidad facial y los andares de Egerton están forzados, pero recomiendo echar un vistazo a las imágenes de archivo y comprobar cómo el auténtico Edwards tenía esos y otros tics y peculiaridades. Segundo, se agradece que la puesta en escena no abuse de los efectos visuales digitales; un solo plano tomado desde lo alto de la rampa es suficientemente espectacular como para asombrar, sin nada más, al espectador.

Tercero, porque Hugh Jackman es capaz de darle empaque, personalidad y carisma a un papel que es puro cliché, y las apariciones especiales de Christopher Walken y Jim Broadbent también se agradecen. Y cuarto -pero no menos importante-, porque el optimismo que emana de esta película nos provoca un cierto confort, que quizá sea artificioso -probablemente, desaparecerá cuando salgamos de la sala y volvamos a nuestra gris rutina diaria-, pero, al fin y al cabo, ¿no es y ha sido siempre el cine una fábrica de sueños?

Quizá, en unos meses o en un par de años, si vuelvo a ver esta película, la encuentre menos plácida y más prefabricada. Quién sabe. Y estoy seguro de que, aunque esté cortada bajo un patrón típicamente hollywoodiense -en una producción mayoritariamente británica-, ‘Eddie el Águila’ ni trascenderá ni arrasará en la temporada de premios. Pero ayer, cuando la vi, era exactamente lo que me pedía el cuerpo: euforia, retos, superación, amistad, humor y buen rollo. Conecté muchísimo, y me cargó las pilas. Lo aplaudo y lo agradezco.

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