Lo más vital

Título: The Jungle Book. • Dirección: Jon Favreau. • Guion: Justin Marks, basado en la novela de Rudyard Kipling. • Género: Aventuras, animación. • País y año: Estados Unidos, 2016. • Reparto: Neel Sethi, Bill Murray, Ben Kingsley, Idris Elba, Lupita Nyong'o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito, Christopher Walken, Gary Shandling. 


Ya he comentado en más de una ocasión el incesante debate, semana tras semana, sobre la conveniencia o inutilidad –casi siempre gana la segunda opción- de revisar y rehacer películas clásicas y contemporáneas filtrándolas por el tamiz del Hollywood digital más falto de ideas, una especie de obsesión enfermiza a la que Disney ha sucumbido sin paliativo alguno amontonando, en los últimos años, versiones en carne y hueso de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ -cuya secuela, por cierto, se estrena este viernes 27 de mayo-, ‘El aprendiz de brujo’, ‘Maléfica’ -la mala de ‘La Bella Durmiente’-, ‘La Cenicienta’… y de aquí al final de la década tiene en agenda al menos otra media docena más, entre ellas ‘La Bella y la Bestia’ y una sobre el Rey Arturo.

Ahora le ha tocado el turno a ‘El libro de la selva’, que, como era de esperar, tiene más similitudes con aquella maravillosa y jovial cinta de animación dirigida por Wolfgang Reitherman en 1967 que con los libros originales de Rudyard Kipling. Cuesta al espectador adulto sumergirse en los primeros minutos de la historia: no sé si será porque ya peinamos canas, pero cuando uno ve en pantalla a un lobo, una pantera o un tigre de bengala hablando con una perfecta dicción y con una sincronía perfecta en los hocicos -un detalle que se percibe a la perfección en la versión original-, ya sabemos que todo se lo debemos a un equipo de genios del CGI, y que en la realidad ahí no hay un “bicho parlante” sino un montón de píxeles insertados sobre un croma verde. Pero debo decir que, si uno olvida sus prejuicios y se deja atrapar por lo que el director Jon Favreu nos propone, el resultado será no solo placentero sino incluso de lo más gratificante.

Este ‘Libro de la Selva’ tridimensional tiene varios aspectos a destacar, como su amplio abanico de carismáticos personajes -que, aunque sean producto de una elaborada ilusión computerizada, desprenden personalidad por los cuatro costados-, un guion perfectamente estructurado con unos notables puntos de interés dramático, una planificación excepcionalmente cuidada para el visionado estereoscópico -el 90% de las imágenes son planos de cuerpo entero y con una gran profundidad de campo, los movimientos de cámara son suaves y sutiles- y un tratamiento narrativo bastante “realista” e incluso por momentos tenebrista -la aparición del imponente rey Louie, la violenta muerte de algún personaje importante-, con escenas muy alejadas del optimismo colorista que se le presupone a una cinta de corte familiar.  

Y eso me lleva al gran acierto del film: que sea “familiar” no quiere decir que sea “infantil”. Nos encontramos ante una película pensada para el disfrute de los hijos con sus padres, y para que éstos les expliquen, les guien, les acompañen en esta peripecia donde el gozo de la vida y la tragedia de la muerte se muestran con delicadeza pero también con contundencia. Fravreau sabe dirigirse a los públicos de todas las edades, y nos ofrece un festival de aventuras, humor, pero también de emociones y peligro, para transmitir, sobre todo a una nueva generación de espectadores -que probablemente hoy no vería el original animado por ser “antiguo”-, una fabulosa moraleja sobre la amistad, la lealtad y el respeto hacia la naturaleza y a todos los seres forman parte de ella. En estos tiempos actuales, que una producción económica y tecnológicamente tan fuerte apueste por un mensaje pedagógico tan ecologista sin resultar pedante ni adoctrinador, merece nuestro respeto y nuestro aplauso. Y en este caso, visto el magnífico resultado, creo que el fin sí que justifica los medios… digitales.

Artículos Relacionados