Con el Infantado

EDITORIAL: La jornada 'La Noche de los sentidos' es una primera prueba de fuego en apoyo a la candidatura del Infantado en la Unesco. Nadie, ni instituciones ni ciudadanos, puede fallar.


El Ayuntamiento de Guadalajara ha organizado la Noche de los Sentidos esta tarde de viernes como una jornada para dar relevancia al monumento más emblemático de la ciudad, que aspira a un objetivo que no puede ser más ambicioso: que la Unesco lo declare Patrimonio Mundial. ¿Una utopía? Bienvenida sea.

En Cultura EnGuada hemos considerado siempre que, más allá de las dificultades que tiene alcanzar tan lejana meta, el intento merece la pena. Desde que informamos en exclusiva de que el Ayuntamiento de Guadalajara se había puesto manos a la obra para volver a intentar esta pugna, hemos manifestado en varias ocasiones la importancia que tiene este proceso como trampolín turístico para el edificio por la promoción que acompaña a todo el procedimiento; como factor de cohesión social por cuanto tiene de objetivo colectivo y como posible revitalizador de un edificio cuya afluencia de público está muy por debajo de lo esperado desde la salida de allí del Archivo Histórico y de la Biblioteca Pública, y a pesar de los muchos esfuerzos que lleva a cabo la dirección del Museo Provincial.

Este recorrido exige del concurso de todos. Cabe esperar por ello que esta jornada cuente con el respaldo ‘in situ’ de todas las instituciones, incluso de las no convocantes y que tienen mucho que decir en la candidatura como la Junta de Castilla-La Mancha. Por supuesto, sólo la ciudadanía puede hacer que sea un éxito, pero tenemos motivos para pensar que aquí no flojean las fuerzas: ya en otras ocasiones los guadalajareños han dado muestras de apoyo al monumento, como el abrazo al Infantado convocado en noviembre de 2014 exigiendo una política tarifaria de ‘puertas abiertas’.

El buen tiempo y el formato de la jornada de este 8 de abril invitan a participar activamente. Su apelación a los sentidos y su variedad de propuestas dejan sin excusas a quienes se vayan a ausentar. En realidad, estaba ya todo inventado y sólo había que ponerse manos a la obra, algo que el Ayuntamiento de Guadalajara ha comprendido. Para el formato ha tomado una doble inspiración muy acertada. La primera de ellas ha sido el espíritu callejero de las actividades que hace justo ahora 25 años impulsaron la primera Feria del Libro y la primera edición del Maratón de Cuentos, con Blanca Calvo como alcaldesa, con personajes de fábula arrastrando a los guadalajareños hasta el epicentro de la cita, que entonces era la Plaza Mayor y ahora es el Infantado.

En segundo lugar, la organización de esta Noche de los Sentidos se ha fijado también -aunque no se haya dicho- en la idea que llevó a cabo en enero el Ayuntamiento de Jaén, que celebró con idéntico nombre y mezclando catas (de aceite en su caso) con música en directo una jornada similar en cuatro espacios monumentales. Allí la fórmula funcionó y estudian repetirla. Aquí la programación es más amplia y ha sido concentrada en un único escenario, como sucediera hace dos años y medio en la interesante Noche en Blanco con que el Museo Provincial celebró en el Infantado sus 175 años. También esta vez la organización ha contado con asociaciones de la ciudad para dar vida al edificio.

De modo que hay propuestas de sobra y un objetivo enorme al que sumarnos. Lo dijimos en nuestro editorial del número impreso de otoño: “La Unesco está esperando a Guadalajara, pero tal vez Guadalajara haya acudido demasiado tarde a la cita con la Unesco”. A diferencia de otras ciudades próximas como Alcalá de Henares o Cuenca, nuestra provincia no ha logrado meterse nunca en la Champions del patrimonio mundial, cuando tiene argumentos para hacerlo: el Infantado, por supuesto, pero también la ciudad histórica de Sigüenza o el Maratón de los Cuentos. Ahora es todavía más difícil, porque cada vez hay más competencia, pero insistamos: “la provincia de Guadalajara debería de gozar de un representante ‘universal’ de toda su belleza, su historia y su arte”. Hoy es el turno del Infantado. Y con él, de todos nosotros.

 

 

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