¡Felicidades Modernos!

Se cumple 1 año de la reapertura del Teatro Moderno. Esta es la reflexión que hace la Asociación Amigos del Moderno después de 366 días, con su luces y sus sombras.  


Imagínense la escena. Martes noche: decenas de personas salen de un bar y, apostados frente a una valla, empiezan a aplaudir de manera casi espontanea. ¿A quién? Por allí no hay nadie, salvo algún viandante ocasional que desde lo lejos observa la acción sin entender muy bien qué pasa. ¿A qué? Eso ya es más fácil de responder: a un edificio. A un teatro. No hay que echarle imaginación sino tirar de recuerdos. Han pasado trescientos sesenta y seis días, pero todavía hay muchos Amigos y Amigas del Teatro Moderno que recordamos ese momento como si se hubiera producido hace tan solo unas horas.

Como también recordamos a la policía vallando y custodiando el perímetro desde varias horas antes de comenzar la súperapertura ante el asombro, la estupefacción y el cabreo no solo nuestro, sino de algunos vecinos que veían cómo se les obligaba a dar un enorme rodeo para poder acceder a sus domicilios; o que ningún miembro de nuestra asociación pudiese asistir a la reinauguración, cuando los mismos políticos que cerraron o toleraron el cierre del teatro durante treinta y dos meses se guardaban medio aforo para amigos y palmeros. Y nosotros, en la puñetera calle. Como tantas y tantas otras veces.

Ha pasado un año. Algo se ha mejorado. El Teatro Moderno está, efectivamente, abierto: durante este tiempo, hemos podido asistir al recuperado Festival de Narración Oral o a una función ‘galáctica’ de Comando Teatral, pasando por el ‘Little Red Riding Hood’ de Ultramarinos de Lucas, la presentación oficial del nuevo disco de Dr. Sapo o al ‘Día + Corto’ organizado por Cineclub Alcarreño y Contrapicado Films. Sí, es verdad, ya no tenemos que estar a la intemperie (haga frío, calor, llueva, truene o arrecie un vendaval) frente a las puertas de un teatro que era ‘nuestro’, de los ciudadanos, aunque algunos perros del hortelano lo consideraran ‘suyo’.

Recuperar un edificio con un fin cultural siempre es bueno. Debemos celebrarlo. Pero tampoco queremos que unos cuantos árboles nos impidan ver el bosque. Quizá hayamos recuperado el Moderno (con una programación que a veces va a bandazos o a golpe de improvisación, pero al menos ahí está), pero sigue faltando una verdadera estrategia integradora y dinamizadora de la cultura de Guadalajara. Tenemos muchas asociaciones y agrupaciones que hacen una labor encomiable de manera altruista, pero no hay nada que las aglutine; en una capital de provincia como la nuestra seguimos sin tener Casa de Cultura una quimera que, sospechamos, no está en la mente de ningún político- o, algo más sencillo, una Semana Cultural que nos una y nos permita compartir, desde las asociaciones y desde el propio Ayuntamiento, nuestra labor con otras entidades y con nuestros propios vecinos.

A esto debemos unir algunos bochornosos episodios: la desaparición fulgurante de la Feria del Libro (el pasado año no hubo y nada indica que vaya a regresar en este 2016), la ausencia del alcalde en el pasado Maratón de los Cuentos (la primera vez en veinticuatro ediciones que el primer edil no inaugura la cita cultural más importante de la ciudad) o el desaire del regidor hacia la compañía alcarreña Ultramarinos de Lucas, que todavía está esperando a que desde el equipo de gobierno se les felicite formalmente por su Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud conseguido el pasado año, son solo algunos ejemplos.

Habrá quien diga que somos unos protestones, que solo miramos la paja en el ojo ajeno, que solo queremos poner la puntilla en cuatro cosas malas y que no valoramos lo bueno. Nosotros nos preguntamos: ¿qué es lo bueno, en cuanto a Cultura, que se promueve desde el Ayuntamiento? Un año después de que los ciudadanos (no ellos) reabriéramos el Teatro Moderno, seguimos con la sensación de que el movimiento cultural orgánico sigue saliendo de los habitantes, de los colectivos de esta ciudad, pero no vemos proyectos participativos a iniciativa del Consistorio ni verdaderos apoyos institucionales más allá de las consabidas (y exiguas) subvenciones anuales. 

2016 va a estar trufado de grandes efemérides culturales. Esperemos que sea también el año en el que todos nos sumemos activa y constructivamente, y no por intereses particulares, a la ‘moderna’ vida cultural de Guadalajara.

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