Carpe diem, Iñárritu

Título: The Revenant. • Dirección: Alejandro González Iñárritu. • Guion: Mark L. Smith y Alejandro González Iñárritu, a partir de la novela de Michael Punke. • Género: Drama. • País y año: Estados Unidos, 2015. • Reparto: Leonardo Di Caprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson, Kristoffer Joner, Joshua Burge, Duane Howard.


¿Qué es lo que ve la gente en el cine de Alejandro González Iñárritu? No puedo dejar de hacerme esa pregunta, ya no por la cantidad de premios y reconocimientos que parece va a volver a cosechar ahora, un año después del exitazo de ‘Birdman’ (2014), sino desde que hizo su primera película, ‘Amores perros’, allá por el año 2000 en su México natal. Ni su ópera prima, ni '21 gramos’ (2003), ni ‘Babel’ (2006), ni ‘Biutiful’ (2010) ni desde luego su falso plano secuencia que triunfó en los Oscar del pasado año han conseguido emocionarme, inquietarme, removerme o sorprenderme más allá de esos virtuosos juegos de cámara que provocan la sorpresa al más crédulo (mérito que quizá habría que atribuir a Rodrigo Prieto y Emmanuel Lubezki, los operadores con los que ha venido trabajando) y de las eficaces interpretaciones de todos los actores que han pasado por sus manos, desde Gael García Bernal hasta Michael Keaton, pasando por Goya Toledo, Naomi Watts, Sean Penn, Benicio del Toro, Brad Pitt, Cate Blanchett, Javier Bardem, Edward Norton, Emma Stone y, ahora, Domhall Gleeson, Tom Hardy y, por supuesto, Leonardo DiCaprio.

Parece que ‘El renacido’ (2015) va a confirmar a Iñárritu como uno de los más aclamados cineastas de esta segunda década del siglo. Sin embargo, y una vez visto el film, admito que vuelvo a salir con la sensación de que algo no me termina de cuadrar en el cine que hace este hombre, que hay mucho postureo impostado alrededor y que, en realidad, sus películas tampoco son para tanto. O seré yo, ya digo, que no consigo conectar con él. ¿Es su sexto largometraje una mala película? No, pero tampoco cuenta nada que no se nos haya contado hasta ahora: al fin y al cabo, no se trata más que de la clásica historia de venganza que, con algunos matices, se planteaba en similares términos en el clásico ‘Cometieron dos errores’, aquel western algo atípico en la carrera de Clint Eastwood que dirigió Ted Post en 1968.

Si las comparaciones terminaran ahí, no habría mayor problema; el caso es que, durante toda la proyección, quien esto escribe no dejó de acordarse de otros títulos del género, como ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’ (Sydney Pollack, 1972) o ‘Bailando Con Lobos’ (Kevin Costner, 1990), o incluso de la ciencia-ficción, como ‘El Imperio contraataca’ (Irvin Kershner, 1980). Su aplaudidísima concepción visual tampoco está exenta de una cierta controversia: desde hace unos días, algunos foros argumentan sólidamente sobre algunos parecidos razonables más que sospechosos entre ‘El renacido’ y algunas películas de Andrei Tarkovsky e incluso con las escenas más contemplativas de ‘El nuevo mundo’ (2005) de Terrence Malick.

Aun aceptando todas esas referencias -intencionadas o casuales-, creo que lo que en realidad le pesa a la película es la gran cantidad de escenas que seguramente, si se hubieran eliminado del montaje, hubieran hecho subir puntos a una obra que, no lo olvidemos, sobrepasa las dos horas y media de duración. ¿Por qué tanta ensoñación onírica -salpicada de manera algo arbitraria a lo largo del metraje- en un relato que es pura supervivencia física? ¿Por qué ‘despistarnos’ de la acción principal -la odisea de DiCaprio- mostrándonos qué sucede con otros personajes y en otros lugares, cuando hubiera funcionado mejor que el espectador lo descubriera de la mano del protagonista?

Me preocupan tantas alabanzas para una película que, ya al margen de si nos gustan o no el trabajo y el estilo de su director, cubre sus imperfecciones de guion y de ritmo bajo un deslumbrante halo visual que, como ya he dicho, tampoco es tan novedoso. Carpe diem, amigo Iñárritu; ya llegará el día en el que los mismos que tan alto te encumbran te echarán del Olimpo. Espero que al menos no tengas que comer peces vivos ni cobijarte en las tripas de un animal muerto. Hollywood no es tan salvaje… ¿o sí?

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