Perros encerrados

Título: 'Los odiosos ocho'. • Título original: The hateful eight. • Director y guionista: Quentin Tarantino. • Género: Western / Comedia negra. • Año y País: 2015, EEUU. • Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir, Walton Goggins, Tim Roth, Bruce Dern, Michael Madsen, James Parks, Dana Gourrier,Zoë Bell, Channing Tatum, Lee Horsley...


Cuando se estrenó ‘Django desencadenado’ (2012), ya comenté que se me hacía bastante insufrible el Tarantino que, alejado de sus primeros y muy brillantes trabajos, había dedicado los últimos lustros de su carrera a radicalizar sus propuestas, su lenguaje, una cierta autocomplacencia–ahí está el excesivo metraje de casi todas sus películas, incluso hasta el punto de tener que dividir alguna en dos entregas- y su tendencia hacia un exceso de cinefilia pulp.

Falsamente anunciada como su octava película como director –en realidad es la duodécima, salvo que obviemos su desaparecida ópera prima ‘My best friend’s birthday’ (1987), su participación en ‘Four Rooms’ (1995), ‘Sin City’ (2005) y ‘Grindhouse’ (2007) y contemos los dos ‘Kill Bill’ (2003-2004) como uno solo-, ‘Los odiosos ocho’ (2015) sigue cayendo en algunos de estos vicios, pero la tendencia parece haber cambiado o, al menos, se ha suavizado. Vale que seguimos teniendo una duración algo exasperante –alrededor de tres ‘horitas’ el original de 70mm, unos veinte minutos menos en la distribución generalizada en digital-, escenas con tendencia a la sobreactuación y a la repetición de esquemas y diálogos y una fascinación por la sangre y la violencia que pueden llegar a resultar incómodas, pero que son su marca de la casa. Sin embargo, al menos hasta la catarsis del segundo acto, el film resulta ser gozosamente contenido, con una presentación de personajes algo alargada pero efectiva, momentos inspirados –esa brutal confesión que hace Samuel L. Jackson al anciano Bruce Dern–, alguna interpretación ciertamente memorable –brutal Jennifer Jason Leigh– y una exquisita planificación apoyada sobremanera en la fotografía de Robert Richardson y en la música original del maestro Ennio Morricone.

Tiene puntos notables, sí, pero Tarantino nos la quiere jugar con cartas marcadas. El espectador medianamente atento se dará cuenta de que en la cabaña donde sucede todo el grueso de la acción nunca hay menos de nueve personajes -¿quiénes son, entonces, los ocho del título?-, por lo que el director juega con nosotros al despiste y todavía se guardará un as en la manga; efectista, sí, y algo tramposo también. Y quien conozca la filmografía del cineasta no dejará de encontrar guiños y autohomenajes a casi todas sus películas anteriores, que van desde las más sutiles –las gafas de James Park recuerdan poderosamente a los polémicos y anacrónicos lentes de Django– hasta las más evidentes –la ya habitual estructura por capítulos–, pasando por el 'déjà vu' que dejan algunos personajes –Jackson y Michael Madsen parecen emular sus respectivos roles en ‘Pulp Fiction’ y ‘Kill Bill’, mientras que Tim Roth se pasa media cinta imitando al Christoph Waltz de ‘Malditos bastardos’– y una estructura narrativa que, al menos en parte, flirtea con los 'flashbacks' como ya hacía en la celebrada ‘Reservoir Dogs’.

Cámbienme a este grupo salvaje por la banda del Señor Blanco y la Mercería de Minnie por un destartalado garaje y nos encontraremos con una propuesta sospechosamente parecida, por lo menos en las formas, al celebrado debut oficial de Tarantino del año 92. Y aquélla, la de los atracadores y el robo frustrado a la joyería, tenía dos cosas muy importantes de las carece ‘Los odiosos ocho’: audacia narrativa y, sobre todo, capacidad de síntesis. Eliminen toda la morralla y se darán cuenta de que con una hora menos de metraje, este violento y claustrofóbico western habría ganado en intensidad sin tener que recurrir a más cabezas voladas.

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