Algunos hombres buenos

Título: El puente de los espías (Bridge of spies). • Dirección: Steven Spilberg. • Guion: Matt Charman, Ethan Coen y Joel Coen. • Género: Thriller, drama, espionaje. • País y año: Estados Unidos, 2015. • Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Jesse Plemons, Eve Hewson.


En la prolífica racha que lleva Steven Spielberg de un tiempo a esta parte -con once largometrajes y un corto documental en los últimos quince años, y eso tan solo en su faceta como director- debemos enfatizar esa especie de empeño personal que ha puesto, sobre todo en la última década, para mostrarnos, explicarnos y dejar para la posteridad -en forma de obras cinematográficas- diferentes episodios de la Historia contemporánea, dibujados a través de relatos aparentemente sencillos o particulares que, sin embargo, ilustran algunos de los grandes acontecimientos de los siglos XIX y XX.

La batalla silenciosa del Mosad israelí -Múnich (2005)-, los diferentes frentes de la Primera Guerra Mundial -Caballo de batalla (2011)-, la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos -Lincoln (2012)- y, ahora, los primeros años de la Guerra Fría son los temas que el director ha venido tratando últimamente, con mayor o menor acierto narrativo, pero sin duda con un empaque formal y visual indiscutible. Si nunca antes nos habían contado el Holocausto judío o el desembarco del Día-D como lo hacían ‘La lista de Schindler’ (1993) o ‘Salvar al soldado Ryan’ (1998),  el levantamiento del Telón de Acero y la construcción del infame Muro de Berlín será, sin duda, la secuencia más asombrosa y recordada -junto con aquella en la que somos testigos de un vano intento de salto al lado Occidental- de ‘El puente de los espías’.

Como en los títulos ya citados, el asombroso contexto histórico es el entorno de una historia pequeña pero con importantes ramificaciones en los acontecimientos internacionales. Porque aquí Tom Hanks -en su cuarta colaboración con Spielberg- borda, con la empatía y la naturalidad a la que nos tiene acostumbrados, ese humilde abogado de seguros, recto y gentil, cuya honestidad le llevará a hacerse cargo de la defensa de un espía soviético detenido por la CIA en territorio americano. Durante la primera mitad del film, Spielberg recupera en cierta medida ese cine judicial de antaño con triquiñuelas, apelaciones y recovecos constitucionales que llevarán al letrado a concederle al ruso la mejor y más justa de las defensas legales. Quizá lo más interesante de este bloque sea el implícito alegato contra la pena capital, un extremo que resulta ser de vital importancia para el desenlace del otro relato que compone la narración.

En esta segunda mitad, Hanks debe negociar el canje del ruso por un piloto norteamericano preso en territorio soviético tras haber sido derribado. Sin embargo, estando en el propio Berlín Oriental, sabrá de la detención de otro paisano, un estudiante de económicas arrestado casi por accidente, y el abogado deberá bregar, con más palabrería que conocimientos sobre contraespionaje -al fin y al cabo, él no es más que un chupatintas de la clase media-alta occidental-, en una ardua negociación burocrática a tres bandas con la tensión del enfrentamiento nuclear entre los dos grandes bloques sobrevolando sus cabezas.

El puente de los espías’ ofrece un interesante relato de intriga política, pero sobre todo, un asombroso retrato de hombres ordinarios enfrentados a situaciones extraordinarias. Ya hemos hablado de Hanks, pero casi todos los aplausos se los llevará, de calle -y algún premio gordo también, vaticino- el desconocido Mark Rylance, veterano actor y a la vez casi un recién llegado, que, en la piel de ese espía encorvado, modesto, taciturno e introvertido, se adueña de cada escena en la que aparece. Lástima que el orden confuso de algunas secuencias -¿por qué mostrar la construcción del Muro antes de que el relato se traslade a Europa?- reste algunos puntos a una notabilísima película de corte clásico e impecable factura técnica.

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