Bienvenido al mundo real

Cada vez más móviles se interponen entre el público y el escenario en los espectáculos en vivo. Isra Calzado opina sobre ello a partir de algunas experiencias en Guadalajara.


Casualidad o no, lo cierto y verdad es que en las últimas fechas varios eventos han coincidido en el Teatro Moderno de la ciudad para que, poco a poco, algunos vayamos recuperando el tiempo perdido durante los treinta y dos meses que permaneció cerrado a cal y canto. Y no sé si será coincidencia, pero en todas ellas he observado un comportamiento que me ha dejado bastante turbado cuando menos.

Hablo, cómo no, del uso generalizado de teléfonos móviles durante un evento cultural. Siendo positivos, tengo la sensación de que como especie parece que algo hemos evolucionado en lo que al tema de no atender llamadas en medio de función, pero se siguen dando otros factores que mi limitada capacidad de comprensión no llega a asimilar.

A cualquiera de nosotros, en un despiste, se nos puede olvidar apagar el dichoso celular y que éste suene de improviso. Lo preocupante es que, tal y como sucedió durante la lectura pública popular del 'Tenorio' el 18 de noviembre pasado, el politono ruja con insistencia durante unos eternos sesenta segundos y nadie mueva un dedo para silenciarlo. Menos mal que los que estaban en escena supieron mantenerse concentrados y no hubo despistes ni equivocaciones.

Pero me gustaría detenerme más en un segundo caso con mismo escenario, el Moderno. Domingo 22 de noviembre, apenas unos días más tarde. Miguel de Lucas (alias Dr. Sapo), acompañado por la Orquesta Pinha, presentaba aquí -tal y como prometió en su día- su nuevo disco, 'Diario de un batracio'. Comienza la función, y el baile de flashes disparados hacia el escenario y de pantallas táctiles que se elevan por encima de las cabezas fue un vaivén constante. No sé si a los artistas les molestaría o no; mi acompañante sí que tuvo que llamar la atención a una señora que se sentaba un par de butacas a nuestra izquierda. No por encender el aparato para hacer alguna esporádica fotografía, sino por no apagarlo en ningún solo momento durante los cuatro o cinco primeros temas -concretamente, hasta que se le pidió que lo dejara- . ¿Tanto se tarda en hacer una foto? No, es que, ya de paso, aprovechaba para mirar el Facebook, mandar algún ‘whatsapp’ y, de propina, deslumbrarnos -y no en el mejor sentido de la palabra- a los que estábamos cerca.

No es por señalar a esta mujer, que a nuestra petición se disculpó muy amablemente y no volvió a coger el móvil durante el resto de la velada. Ni siquiera se trata de volver otra vez al tema de si como espectadores hemos perdido la educación y el respeto que sí que teníamos hasta antes de la invasión de la telefonía portátil. Como digo, este es sólo un ejemplo de entre otros muchos. No, lo que yo me pregunto es: ¿de verdad puede alguien disfrutar del espectáculo si está hipnotizado con el móvil? ¿Para qué asistir a una función de teatro, a un concierto, a un recital o a ver una película si el interés lo tenemos puesto en publicaciones, mensajes y redes sociales totalmente ajenos al lugar y al evento en el que estamos? Todos somos adultos; si la actividad no nos interesa, ¿por qué no ahorrarnos el dinero de la entrada y quedarnos en casa haciendo lo que de verdad te apetece? ¿O es que nos hemos vuelto tan enfermos, tan adictos, que necesitamos nuestra dosis de tecnología cada pocos segundos? Nomofobia, lo llaman. Y no, no tiene nada que ver con los enanitos de jardín.

En la 'charca' del Moderno hubo una gran fiesta, y estoy seguro de que más de uno se perdió detalles por estar pendiente del, perdónenme, puñetero móvil. Los niños correteaban, la gente aplaudía y cantaba, incluso muchos saltamos y nos pusimos en pie en algunos momentos. Hubo magia, risas, duende, ‘feeling’. Se produjo ese hechizo maravilloso que también nos regalan el cine, la fotografía, las artes escénicas o una pequeña tertulia, a cambio tan sólo de un poco de complicidad y de atención por nuestra parte, el público. ¿Lo sentiste o una parte de ti estaba en el limbo virtual?

¿Tú eres de los que ‘wassapean’ o de los que disfrutan del momento?

Apaga el móvil. Mira a tu alrededor.

Bienvenido al mundo real. 

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