La dignidad del pregón

Rubén Madrid, integrante del equipo de redacción de Culturaenguada.es, considera que el modelo de fiestas que está explotando el actual equipo de Gobierno contribuye a rescatar y potenciar algunos actos de Ferias menos gamberros, culturales, infantiles y de calle, que también tienen su público.


Le sienta bien al pregón intelectual o literario el recogimiento del espacio privado, la solemnidad del patio de butacas del auditorio y hasta la escenografía regia que despliega la inauguración de las Ferias y Fiestas alcarreña sobre las tablas del Buero. Y le sienta también bien el respeto del público, porque la indignación tiene mil y una formas de hacerse ver, aunque la culpa es de los focos, que sólo prestan atención si hay gresca. Aunque ese es otro asunto.

Decíamos que, visto lo visto ya en los últimos años, se le ha devuelto cierta dignidad al pregón de Ferias al sacarlo de un balcón para ponerlo sobre un escenario y al desplazarlo de la calle, donde poco menos que se quedaba en primer chupinazo o en pistoletazo de salida, para, aun corriendo el riesgo de rozar el elitismo, situarlo en un espacio consagrado a escuchar: un auditorio.

Tendría todavía más dignidad este pregón si a la nómina de pregoneros tan dignos como heterogéneos de los últimos años, Aberasturi, Almudena de Arteaga, Miki Nadal, José María Bris, Francisco García Marquina o Antonio Pérez Henares –por hablar de los más recientes– se le sumasen otras voces con diferente timbre o acento que a buen seguro dejarían el listón muy alto.  Pongamos por caso el más importante escritor vivo relacionado con Guadalajara, José Luis Sampedro, maestro de ‘yayoflautas’ pero, sobre todo, un señor que dedicó un libro genial a la provincia y que, sin esperar elogios gratuitos, se muestra siempre tremendamente agradecido hacia esta tierra. Y, si no me falla la corta memoria, el escritor no ha estado en estas inauguraciones.

La otra feria

La dignidad ahora elevada del pregón guadalajareño encarna de algún modo la recuperación del perfil más cultural de Ferias, de los actos menos borricotes, de la programación desarrollada en el centro de la ciudad –aunque lamentablemente sea sólo por unos días–, aún a pesar de la caída de patrocinios y del sacrificio de actividades tan secundadas por los niños como el concurso de dibujo y pintura.

El teatro de calle, los dulzaineros y los gigantes y cabezudos, los pintores en pleno proceso creativo, los mimos… dan a las calles el aspecto que muchos quisiéramos cada fin de semana, y no sólo en Ferias –ahora– y durante el Maratón de Cuentos de junio.

Estas Ferias y Fiestas simétricas, en las que paralelamente se desarrollan dos celebraciones, la nocturna y la diurna, la gamberra y la familiar, la sobria y la ebria, están recuperado su mitad luminosa, que también tiene su público. El actual equipo de Gobierno ha sabido desligar y a la vez potenciar este modelo bipolar pero que da cabida a todos, de modo que quienes se levantan –y no se acuestan– al amanecer disfrutan de un desfile de carrozas sin efluvios alcohólicos, de una programación cultural que da tanta vida como la otra a las calles de la ciudad y que, aunque haga lamentar la pérdida de las fiestas del pueblo que Guadalajara ya no es, afortunadamente no le quita a nadie el sueño.

Será que uno se hace mayor, pero le sienta bien al arranque de las Ferias este pregón intelectual. Con los años a uno le pasa que considera que cada cosa tiene su lugar más apropiado, y no otro.

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