Simpática intrascendencia

Título original: Your sister’s sister. • Género: Comedia, romance.• Año y país: 2011, EE UU • Dirección y guión: Lynn Shelton • Reparto: Emily Blunt, Rosemarie DeWitt, Mark Duplass.


El amigo de mi hermana –o mejor aún, en su original y literal La hermana de tu hermana (Your sister’s sister)- llega con la vitola de ser ‘la película indie de la temporada’. La verdad es que no sé muy bien lo que termina de significar eso: ¿Qué goza de escaso presupuesto? ¿Qué no le debe cuentas a ningún gran estudio? ¿Qué es –o al menos pretende ser- el retrato actual de una generación que no es ni joven ni mayor –ya sabéis, en la que estamos encasillados los que tenemos entre veintimuchos y treinta y poco años- ?

Con prácticamente un único escenario como telón de fondo –una cabaña en una otoñal isla sin nombre- y tres personajes, la directora y guionista Lynn Shelton –que comenzó su carrera como montadora y posteriormente actriz, antes de dar el salto a la dirección con las casi inéditas We go way back (2006), My fortless brilliance (2008) o Humpday (2009) o con algunos episodios de las televisivas Mad Men y New Girl- nos ofrece una de esas historias agridulces de sentimientos cruzados, una comedia melodramática en la que el romance y la confianza/desconfianza tienen sus principales ingredientes.

Lo hace apoyada en un trío de su plena confianza -dos chicas, Emily Blunt y Rosemary DeWitt, bien; un chico, Mark Duplass, regular- , con los que, si algo hay que destacar en la cinta, es la calidez y naturalidad con la que fluyen sus diálogos, y que hace pensar –y los títulos de crédito así me lo confirman- que éstos no provienen de un libreto cerrado, sino más bien de un planteamiento común y acordado entre la realizadora y sus actores para retratar cada una de las situaciones; así, cada conversación transcurre en su tiempo natural, dejando plena libertad y comodidad a los intérpretes, mientras la realizadora permite que la historia fluya delante de su impasible cámara a través de largos planos-secuencia.

Esto es un arma de doble filo, ya que si bien la cinta contiene algunas escenas ágiles y frescas –la del desayuno de tortitas veganas, por ejemplo- , otras carecen totalmente de ritmo narrativo además de estar trufadas de larguísimos diálogos –y entre ellos, a veces, eternos y agotadores silencios- , lo que puede suponer cierto hastío para el espectador medio; una realización que, quizás, hubiese funcionado mejor sobre las tablas de un teatro, pero que encuentro muy poco cinematográfico…

Añadámosle a este irregular estilo un triángulo romántico casi anecdótico –la chica enamorada de su mejor amigo, que es su excuñado, que a su vez se lía con la hermana gay de aquélla- , sostenido por unos personajes verosímiles, sí, pero cuyos problemas existenciales parecen limitarse únicamente a los conflictos sentimentales; un pequeño lastre que la convierte en heredera, aunque lejana, de esas sitcoms americanas en las que jóvenes independientes viven con cierta comodidad en grandes urbes mientras se enamoran y desenamoran entre sí.

Apenas se habla de temas como el paro, los contratos abusivos, el problema de la vivienda, la crisis económica… es decir, un contexto, que fuera actual y universal, en el que se podían haber movido los personajes de El amigo de mi hermana y habrían hecho al film más creíble, más veraz, más contemporáneo, en vez de repetir una fórmula demasiadas veces vista desde los tiempos de Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994) -el final es ciertamente previsible, ¿no?- para limitarse a ser un simpático déja vù de otras recordadas obras independientes -Solteros (Cameron Crowe, 1992), Beautiful girls (Ted Demme, 1996), Amigos y vecinos (Neil LaBute, 1998)- en la que, lo que más sorprende, es que para lo blandita que es en todos los aspectos le haya caído una brutal calificación ‘R’ en el mercado puritano americano -vamos, a la altura de un Los Mercenarios 2, vaya…- .

Artículos Relacionados