120 titulares, casi 1.000 días y... mucha mierda

Cultura EnGuada celebra en esta nota editorial la reapertura del Teatro Moderno después de dos años y medio de batalla ciudadana y un cambio de rumbo del Ayuntamiento. Se abre ahora una gran oportunidad.


El Teatro Moderno reabre sus puertas y este artículo es el 120 que Cultura EnGuada publica sobre el tema. Noticias malas y buenas, declaraciones del consejero y del alcalde, entrevistas con la concejala Nogueroles, crónicas de actividades reivindicativas de Amigos del Moderno, informaciones sobre plazos y proyectos que a la vista de lo sucedido no anduvieron nunca desencaminadas… hasta el anuncio de la reapertura y este artículo que es, sin duda, el que más ilusión nos hace publicar. La apertura de un nuevo espacio cultural es, sin duda, una buena noticia en un medio cultural, por las mismas razones de Perogrullo que su cierre lo es siempre mala.

123 piezas de todo género. Fuimos los primeros en decir que el Moderno cerraba y queremos ser ahora los primeros en celebrar que reabre. Allí estaremos para dar la bienvenida a Ara Malikian, pero sobre todo para recibir como se merece al público, que por algo es el respetable.

Si alguien pensaba que un medio dedicado a la información cultural de la ciudad como Cultura EnGuada iba a mirar para otro lado cuando a finales de julio de 2012, casi a la par que salíamos a la calle, se confirmaba un cierre jamás anunciado pero tan real como que ha durado más de dos años y medio; si alguien pensaba que un medio del sector no haría un seguimiento de cerca de ese cierre, de la reivindicación de los artistas de la propia ciudad por un teatro de la propia ciudad, obviamente se equivocaba. Nunca tuvimos que tomar partido, pero si así hubiera sido habríamos estado siempre con el público y con los artistas, con la cultura y con el arte: siempre miraremos más a las tablas y al patio de butacas que al palco y a las taquillas.

Nuestro historial de 120 piezas, que pueden consultar al final de este artículo, contiene muchas mentiras vertidas por el consejero Marcial Marín, cuya gestión también aquí ha sido calamitosa, y cambios de actitud del gobierno municipal, desde un respaldo inicial y sin réplica al cierre de la Consejería (justificando, por ejemplo, que hacía la competencia al Buero) hasta el giro hacia la colaboración y la petición de cesión de la gestión para reabrirlo, una solución mucho más cabal y en consonancia con la defensa de los intereses de la ciudad: por la cultura y por la revitalización del centro.

Pero ha habido, sobre todo, una batalla incansable, expresada de forma pacífica y artística, por parte de una asociación con más de 420 socios que ha tenido el mérito indiscutible de mantener vivo el conflicto del Moderno en la agenda institucional y de los medios, aun cuando unos y otros no siempre estuvieron por la labor de que así fuera. Nadie puede obviar que esta reapertura lo es gracias al Ayuntamiento, que acoge a partir de ahora la gestión que Toledo jamás estuvo dispuesta a retomar, pero sin la Asociación de Amigos del Moderno el señor Ara Malikian no estaría actuando el día 3 en esta reinauguración con aroma, por decirlo fino, de evento preelectoral.

El cierre del Moderno durante dos años ha resultado una pérdida absurda de la que ya sólo cabe lamentarse. Podemos, eso sí, aprender la lección: ni el ahorro exiguo de poco más de 50.00 euros al año ni la escasa categoría de las reformas –se han hecho en poco más de un mes– justifican que el público alcarreño haya estado 32 meses con sus casi 1.000 días sin entrar en uno de sus centros culturales más queridos. Su apertura, en cualquier caso, brinda ahora más de una oportunidad: a unos, el público, para que vayan al teatro –ahora sabemos mejor que nunca lo que nos hemos perdido–; a otros, las autoridades y los gestores, para abrir sus puertas a todos. Sobre todo a los artistas que más lo reivindicaron.

Es obvio que hace falta un modelo de gestión menos derrochador que en tiempos de vacas gordas, pero también un programa artístico que cubra las lagunas que existen en la oferta del resto de escenarios locales y que haga del Moderno lo que debe ser: el otro teatro de la ciudad, el teatro de proximidad, menos ambicioso y pretencioso, más coqueto y abierto a la cultura de base, lo que fue, de hecho, desde sus orígenes junto al Ateneo Obrero.

No haber recibido a Amigos del Moderno con sus propuestas para el programa, cuando se ha hecho a contrarreloj, y programar en el Moderno cine en versión original subtitulada y cine a la carta el mismo día que el Cineclub, al que no se ha preguntado para su vuelta al Moderno, resulta un desatino imperdonable que esperemos sea fruto de prisas y no de inquinas. Lo veremos. Es aquí –y no publicando catálogos incompletos– donde el Ayuntamiento podrá demostrar si gasta de veras un compromiso real con la participación ciudadana.

Pero no adelantamos acontecimientos. De momento se abre el telón, de modo que…  ¡mucha mierda para el Moderno!

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