Una verdadera escuela para los peques

Dejadnos aprender. Reflexiones desde la pedagogía libertaria’. • Manuel Rodríguez ‘Txelu’. Ediciones Volapük. Guadalajara, 2014. 191 páginas.


Para leer ‘Dejadnos aprender’ hay que partir de una base: estar de acuerdo en que el modelo educativo imperante en España no favorece el desarrollo de las capacidades de los chavales y que está más preocupado por reproducir y perpetuar desde la escuela el sistema de dominación autoritario. Este libro no está hecho para conformistas, sino para rebeldes. Es una propuesta educativa desde un enfoque libertario.

A partir de aquí, hay también dos maneras de leerlo: como lo que es, una propuesta global, que se cuestiona todo y abarca casi todos los ámbitos de la educación básica, en lo que sería un desarrollo completo para levantar un modelo de escuela antiautoritaria; o como una reflexión crítica sobre nuestra enseñanza pública de la que se pueden extraer numerosas propuestas para mejorar una situación actual que sale muy tocada en este diagnóstico.

En su propuesta, Manuel Rodríguez ‘Txelu’ rompe filas, incumple horarios y hace trizas los currículos con un objetivo claro: importa, por encima de todo, la educación de los peques y las peques, como les llama continuamente. El exceso de orden, de autoridad y de guiones preestablecidos juega en contra del desarrollo de las capacidades como personas y, por tanto, como ciudadanos. Hace falta una escuela que esté verdaderamente al servicio de los niños.

La escuela que tenemos

En la introducción, el autor hace un breve repaso histórico de la institución educativa hasta la “universalización de la escolaridad” a finales del siglo XX, tras centuria y media de trayectoria al final de la cual “la sociedad demanda la escuela estatal como servicio fundamental”. Pero es, advierte este profesor miembro del colectivo ‘En la fila de atrás’, “una institución en plena vigencia que perpetúa el sistema de dominación”.

Es aquí donde arranca el análisis de la escuela estatal, con su componente adoctrinador y con mecanismos como los exámenes que miden pero no valoran los procesos de aprendizaje y que favorecen un tipo de enseñanza que premia el acatamiento de valores como la autoridad, frente a los verdaderos conocimientos útiles. Este modelo de educación demuestra un especial interés por establecer mecanismos de premio y sanción como las buenas notas, ligadas a la competencia del capitalismo, o como el castigo que “despersonaliza, deshumaniza, homogeniza facilitando así el control” que contribuye a generar un tipo de ciudadano medio, uniforme y sumiso.  

Resulta interesante el desarrollo de esta idea, el modo en que la educación moldea personalidades mediocres, la parcelación del saber, el aprendizaje memorístico o la calificación con notas frente a otras formas de evaluación… y el modo en que todos estos engranajes impiden la movilidad social y actúan en favor de la segregación. Ocurre igual cuando se observan los contenidos de lo que se estudia (por ejemplo la historia de los vencedores y del poder frente a la de las conquistas sociales).

Hecha la enmienda a la totalidad, Txelu reivindica como alternativa una escuela pública antiautoritaria. Y se pregunta cómo hacerlo posible, no con actitudes individuales sino mediante “la generación de proyectos colectivos”. Admite con realismo las dificultades para llevar a cabo esta tarea, el lento y “duro trabajo de intentar generarlo”, que posiblemente tenga que partir de un grupo de profesores y familias encargados de “dar ejemplo” cuyo impulso, más tarde, deberá adoptar uno de los dos caminos, conforme a la respuesta encontrada en el resto de a comunidad educativa: arrastrar con ellos al resto en este proyecto común o seguir adelante por su cuenta, sin renunciar pero también procurando no crear hostilidad con el resto de padres, profesores y personal docente.

Debates planteados

El libro aborda aspectos más concretos como el juego en el aprendizaje, el sexismo en el colegio o la educación inclusiva ante la discapacidad –aquí hace una profunda revisión de las metodologías que se están llevando a cabo–. Y se mete de lleno en el debate entre los modelos de escuela antiautoritaria, la escuela libre y la libertaria, con su inclinación muy argumentada a favor de esta.

La tarea que lleva a cabo Txelu en estas casi 200 páginas es ambiciosa. Cabe alegar que algunas aseveraciones que se expresan rotundamente demandarían evidencias más contundentes para huir de la mera retórica o del planteamiento de buenos propósitos: le habrían sentado bien alusiones a experiencias puestas en marcha, si es que las hay y están bien documentadas, o el anclaje en alguna base científica que las refuerce. Las ideas, no obstante, están bien definidas.

Hay también otro aspecto abierto al debate. En su afán por echar por tierra el modelo vigente, el autor pone excesivo acento en los ojbetivos políticos de la enseanza, lo que confiere al diagnóstico una visión un tanto sesgada. Por supuesto que hay un componente indudable de perpetuación de la dominación del sistema y al servicio de los intereses del capitalismo, pero la escuela tiene también otros componentes de socialización que seguramente no tienen estas metas y que aquí quedan obviados.

Ocurre incluso con la idea de orden, que no siempre debe constituir necesariamente rigidez social y sometimiento. La escuela, los maestros, transmiten también valores cívicos incluso muy útiles para el desarrollo más tarde de formas de acción política como el debate asambleario. Los niños deben desarrollar sus capacidades, aunque también aprender conceptos como el respeto, una experiencia que tal vez exija poner coto a algunos de sus impulsos. Pero en el libro se parte de la idea de que cualquier forma de autoridad y disciplina se traduce directamente del plano personal al político y que se encamina hacia una forma de relación social basada en el sometimiento, una visión muy particular.

Con una edición de bolsillo muy cuidada, como ya es habitual en Volapük, con divertidas ilustraciones de Bruno –incluida la portada– y con acompañamiento de versos con los que se puede completar todo un repertorio de rap, ‘Dejadnos aprender’ ofrece con estilo ameno una serie de reflexiones y propuestas que incluyen a veces diálogos de situaciones posibles o réplicas a las reflexiones del autor, con una interesante lista de bibliografía y filmografía cerrando el libro.

Dejadnos aprender’ es un martillazo contra los cimientos de la escuela, desde dentro de la comunidad educativa, pero también una contrapropuesta para el debate. Se trata de un ensayo muy completo, útil para el conjunto de la comunidad educativa (tanto profesionales como padres) dispuestos a hacer una reflexión crítica. Pone la escuela patas arriba, pero lo hace para reconstruirla después de la sacudida. Contiene un buen saco de ideas que el lector recibe de manera muy amena: no se le puede pedir más a un ensayo.