Unos bichos con muy buen corazón

Título: ‘Escarabajo en compañía’. • Autor: Pep Bruno, con ilustraciones de Rocío Martínez. Editorial Ekaré. Barcelona, 2014 Recomendado a partir de tres años.


Es largo y abundante el historial de insectos en la literatura infantil. El narrador alcarreño Pep Bruno se ha nutrido de este catálogo para sus muchas sesiones de cuentacuentos y de algún modo lo ha reciclado ahora en ‘Escarabajo en compañía’, un volumen que reúne cinco relatos propios para pequeños lectores donde, a través de unos mismos personajes en diferentes situaciones, nos habla del compañerismo o de la necesidad de soñar (y fabular, claro).

Escarabajo en compañía’, el relato que presta el título al volumen, cuenta la historia de un escarabajo pelotero al que otros insectos ayudan a llevar su bola hasta lo alto de una colina. Como el Sísifo de las reflexiones de Albert Camus, el insecto encuentra la dicha en el camino. Una felicidad que se vive en compañía. Pero si al titán griego la piedra siempre volvía a caérsele rodando al pie de la montaña, en una eterna condena a volver a empezar, este escarabajo deja deslizar a propósito la pelota, subido encima de ella junto a sus amiguitos en una feliz caída libre, demostrando que todo esfuerzo colectivo tiene también su recompensa.

Los otros cuatro relatos mantienen a los mismos protagonistas: un ciempiés con un zapato en la mano al que no le salen las cuentas en ‘Ciempiés y un zapato’; un grillo que convierte el tedio generalizado en diversión en ‘Aburrimiento’; o un saltamontes que encuentra nuevos amigos en ‘La visita’ y que tiene que proseguir su camino, ya sin ellos, en ‘La fiesta de despedida’.

Guiados siempre por una suerte de inclinación innata a la cooperación, el escarabajo, las tres hormigas, el grillo, el saltamontes y el ciempiés viven unos episodios al alcance del entendimiento de los más pequeños y que desembocan en imágenes poéticas, como en el final de ‘Escarabajo en compañía’, o en momentos tremendamente conmovedores, como la despedida del saltamontes mientras sigue sonando la música de la fiesta.

En las últimas páginas el autor incluye unas notas en las que reconoce abiertamente que el libro pretende ser un homenaje a los cuentos de autores como Arnold Lobel, autor de 'Saltamontes va de viaje', Eric Carle o Leo Lionni, cuyo grillo Frederick inspira al de Pep Bruno.

Como incorporación a este universo, los insectos de Pep Bruno son tipos con sensaciones y sentimientos muy humanos que se desenvuelven en un entorno ídilico, incorrupto, que encierra aún la original candidez de la creación. Son unas criaturas bondadosas, amigables, unos buenos salvajes’ en el sentido filosófico de Ruousseu, unos insectos con muy buen corazón. Resulta imposible no simpatizar con ellos mientras saltan, exclaman, bailan y ruedan con su desbordante vitalidad.

Para transmitir toda esta naturalidad y espontaneidad, cuenta Pep Bruno con la alianza de la ilustradora Rocío Martínez, que dibuja bichos (y no insectos: ¡no es lo mismo!) y los sitúa en unos ambientes vegetales en los que las flores o las briznas de hierba recobran una grandeza a la altura de los grandes escenarios que merece una aventura. El lector –pequeño o grande– se ve transportado a ras de suelo para, entre arbustos, ponerse a la misma altura que los protagonistas de estas fábulas.

A pesar de las evidentes diferencias anatómicas o de escala, estos bichitos nos retratan y encierran en su pequeñez todo el potencial de la vida, con sus nostalgias y sus alegrías como las notas que puntean la partitura de la música que nos acompaña a lo largo de nuestros días. Hay muy buen rollo y frescura en estos cuentos que, en su conjunto, nos trasladan una rotunda invitación a ser felices. ¿Cómo? Pues en compañía. ¿Y cuándo? Pues siempre... Felices, incluso en las despedidas.


Pep Bruno ha contado también en su web un poco más sobre el libro y cómo surgió la iniciativa con la ilustradora Rocío Martínez: consultar la entrada.