Olvidar es morir

Luis Viejo, vecino de Brihuega y autor del poemario 'Ausencias', escribe esta reflexión sobre la pérdida patrimonial del municipio “desde hace décadas”, a propósito del reciente derrumbe de parte del techo en la Real Fábrica de Paños, del siglo XVIII.


Olvidar es morir, como muere la Real fábrica de Paños de Brihuega y sus jardines. Amar es una lucha y quien no ama muere. El avanzado estado de ruina de este enigmático edificio que debería ser una joya para la región, evidencia no sólo que ha sido olvidado sino maltratado hasta el punto de provocarle una agónica muerte que se evidencia con el último hundimiento de parte de su tejado. Me niego en rotundo a que este edificio muera, por este motivo escribo estas líneas, intentando que reviva el espíritu crítico de los briocenses y el amor por su pueblo, que las administraciones públicas hagan cumplir la ley en esta materia y que la responsabilidad que recae sobre los propietarios de mantener el edificio comience a ser un hecho incuestionable. 

La tía Tula hace mucho tiempo que no se asoma al balcón de sus jardines para ver el maravilloso valle del río Tajuña en el que pequeños huertos aparecen circundados por vallas improvisadas con somieres, chapas y otros objetos, ¡como si el campo mereciera tal despropósito! y como si domesticar la tierra fuera precisamente adulterarla. Quien visita las legendarias murallas de la villa puede tener la sensación de estar en “Las Barranquillas” o en cualquier poblado chabolista ávido de un poco más de humanidad. También ese caserío, que bien hubiera merecido otros mejores gestores de su armonía, lleva tiempo pidiendo un poco más de cordura y respeto hacia su propia fisonomía. 

Brihuega lleva décadas perdiendo patrimonio (no todo se perdió en época de guerras), el obispado vendió conventos habitados quitándonos algo más de espiritualidad, y después, echados abajo como si tantos años de historia no tuvieran nada que enseñarnos, se convirtieron en edificios de corte costero como si a alguien se le hubiera ocurrido traer el mar al alma de Castilla. Ahora parece estar de moda tirar abajo parte del entramado de las “cuevas árabes” cuando se quiere levantar una casa de nueva planta. Brihuega va dejando en el camino de los hombres su patrimonio porque en ocasiones lo vive como un gran peso, cuando debería entenderse como una gran riqueza. Brihuega no se cree que sea conjunto histórico artístico, tal vez por este motivo no se decidió volver a poner los carteles del MOPU que lo anunciaban como tal en la A2. Parece que Brihuega no está A2 pasos de Madrid, tal vez se haya desplazado alguna placa tectónica moviéndonos a tierras de nadie. 

Hace mucho tiempo que los jardines de la Real Fábrica están cerrados y abandonados, parece brotar sólo en ellos la decadencia y una sensación triste, muy triste, como si una nueva especie invasiva hubiera sustituido a sus cipreses y a las alegres flores  de Nicolás, su último gran morador. 

No quiero grandes destinos para este edificio y sus jardines, sino una justa y equilibrada respuesta, como los filósofos griegos que buscaban siempre el equilibrio. 

Este edifico es único, no sólo por su historia sino por su forma inusual, que representaba el cosmos en el siglo XVIII. El estado de este edificio es una muestra de nuestra sociedad, decadente y obcecada en tocar la pandereta cuando aparece un nuevo caso de corrupción o cuando recordamos que con el dinero público se compraron billetes de avión para volar desde aeropuertos dónde lo único que vuela son pájaros y  aires de grandiosidad de malos gestores.

¡Cuánto patrimonio perdido! ¡Qué mal se ha invertido el dinero! Esta tierra parece retraída, asumiendo su propia hecatombe, parece no haberse enterado que su futuro está en el mantenimiento de sus monumentos. Pero no hay que olvidar que restauraciones como la que se llevó a cabo en el Arco de Cozagón convencen a muy pocos. Patrimonio debería revisar sus criterios y fijarse en otras comunidades que parecen tenerlo un poco más claro, sin duda han adulterado tanto el monumento que ni tan siquiera se utilizó piedra de la zona para su fachada principal, sólo hay que contemplarlo como quien contempla un cielo opaco para darse cuenta que se está desquebrajando la piedra que se utilizó para su restauración.

Sin duda hay diferencias dentro de la misma provincia de Guadalajara. Yo en Sigüenza no veo iglesias restauradas como un invernadero como es el caso de la iglesia de San Miguel de Brihuega o restauraciones nefastas como la del arco de Cozagón anteriormente comentada, ¿qué está pasando? ¿Será que falta algo de sensibilidad? ¿En manos de quién estamos?  

Hago un llamamiento a todas las partes implicadas y a los vecinos de Brihuega para que a través del acuerdo y de una vez por todas se dé una garantía presente y futura para este edificio viejo y maltrecho que muere a nuestro lado. 

Espero que veamos pronto las indicaciones que quitaron y que nos guiaban a los jardines de la Real Fábrica de Paños, parece que hasta le querían borrar el nombre, para que los turistas y el pueblo de Brihuega puedan soñar de nuevo en la tierra con la belleza recuperada de este edificio y sus jardines.

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