BoyHood: la vida sin más

Título Original: Boyhood. • Director y guionista: Richard Linklater. • Año y país: 2014, Estados Unidos. • Género: Drama. • Reparto: Ethan Hawke, Patricia Arquette, Ellar Coltrane, Lorelei Linklater.


‘Boyhood’ es una película de medios excéntricos y resultados tan humildes como maravillosos. Creo que es la primera vez que utilizo el adjetivo “maravilloso” –disculpen mi afásica cursilería- pero es que no se me ocurre otro para referirme a la última película de Richard Linklater (conocido, entre otras, por su trilogía ‘Antes de’).

El aclamado proyecto del cineasta texano, con el que parece querer despedirse, es una arriesgada y pequeña “producción indie”, “un acto de fe”-como el mismo comenta- que ha conseguido un efecto sencillo, agradable y, sobre todo, humano a pesar de la parafernalia técnica que lo rodea. Es lo que él quería y, sin duda, lo que ha conseguido: reflejar en poco más de 160 minutos de cinta lo que vivimos sin darnos cuenta.  Momentos de una vida que de manera independiente no significan nada, pero que en su conjunto lo son todo.

Doce años de rodaje

Muchos nos hemos acercado a las salas para ver el resultado de un rodaje de 39 días repartidos a los largo de doce años. Una semana de rodaje anual durante doce años. Doce años, 144 meses. Los mismos que han pasado desde que el cineasta se lo propusiese a su elenco de actores –que desde el primer momento confiaron en el proyecto- y los mismos que dan sentido a la historia de la familia que interpretan. Ávidos de toparnos con la soberbia agudeza del genio, nos encontramos con la sencilla historia de una vida que, simplemente, pasa. Desde nuestras butacas olvidamos el gancho que nos llevó hasta allí. Nos olvidamos de los años de rodaje e incluso obviamos el evidente crecimiento/envejecimiento de sus protagonistas en cada escena. Nos conformamos con admirar expectantes cómo transcurre la vida del pequeño Mason y cómo va desarrollándose como persona a lo largo de esos 12 años, sin caracterización ni maquillaje. Delante y detrás de las cámaras de Linklater.

Todo empieza el primer día de cole de Mason (interpretado por Ellar Coltrane) un niño de Texas de seis años que vive con su hermana Sam (Lorelei Linklater, hija del director) y su joven madre (Patricia Arquette). Tras días de amigos, bicicletas, canciones y preguntas, la madre opta por montar a sus pequeños en el coche y mudarse a Houston para retomar sus estudios. Allí se reecontrarán con su padre Mason (Ethan Hawke, actor fetiche de Linklater) que supuestamente, y sin mucha suerte, había viajado a Alaska para buscar osos polares y un futuro en la música.

A partir de ese momento, padre e hijos estrecharán lazos y pasarán juntos dos fines de semana al mes. Respecto a Mason padre -y aunque todos y cada uno de los personajes son auténticos y extraordinariamente reales- os recomiendo no perderle de vista y disfrutar de los diálogos entre este y sus hijos (en el coche, en la bolera, en el rancho, en una sala de conciertos…). Sencillamente geniales. Estas conversaciones ponen de relieve la exquisita y nada rimbombante narrativa de Linklater que se atreve con un guión abierto y retroalimentado en el que las vidas personales de sus actores improvisaron la ficción. 

No hay argumento, no hay acción, no hay grandes tragedias, no hay más cebo que la vida misma -que ya es bastante-. De hecho, en una de las últimas escenas Mason le pregunta a su padre algo así como “¿por qué hay que pasar por ciertas cosas en la vida? ¿Qué necesidad hay?” Su padre, genial como en todo el film, le dice que no lo sabe, que a veces las cosas tienen que pasar y otras simplemente suceden. Que la vida es una improvisación y que no hay que entenderlo todo. En primer lugar porque hay muchas cosas que no tienen explicación y en segundo lugar porque la explicación que le demos hoy, mañana dejará de tener sentido. 

Hacerse mayor

‘Boyhood’ es un reflejo del paso del tiempo a ojos de Mason Junior que, en casi tres horas, pasará de tener 6 a 18 años. Cambiará el colegio por la Universidad, la bici por la camioneta, la Gameboy por la Wii, los catálogos de lencería por el primer amor, los elfos por los ciborgs, a Bush por Obama… Resumiendo: cambiará la inocencia del niño por las inseguridades del adolescente. Y nosotros seremos testigos de ello. 

El paso de la infancia a la adolescencia es un recurso literario y cinematográfico bastante común, pero nunca hasta entonces había sido tan real. A lo largo de la cinta se sucederán multitud de situaciones con las que nos sentiremos identificados y que, inconscientemente, nos devolverán recuerdos que creímos olvidados: canciones que todos hemos cantado, preguntas que todos nos hemos hecho, emociones que todos hemos sentido… Creo que esta es precisamente la clave del éxito de esta película, tan aclamada por el público como por la crítica. Una elegante naturalidad que nos removerá por dentro y que nos recordará todo aquello que hemos vivido y que nos ha convertido en lo que hoy somos. Pequeños momentos de algo tan grande como es la vida. 

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