El legado, destrozado

Título original: The Bourne legacy. • Género: Acción.• Año y país: 2012, EE UU • Dirección: Tony Gilroy. • Reparto: Jeremy Renner, Edward Norton, Rachel Weisz, Joan Allen, Donna Murphy, Oscar Isaac, Albert Finney, Scott Glenn, David Strathairn, Corey Stoll, Stacy Keach, Dennis Boutsikaris, Sheena Colette, Michael Papajohn.


Por desgracia, al bueno de Tony Gilroy parece habérsele olvidado cuál era el  legado de Bourne: tres brillantes películas de acción que poseían todas las virtudes del género palomitero y ofrecían al espectador justo lo que demandaba: puro entretenimiento. Un ritmo infernal, sin descanso, acompañado constantemente de música que se ajustaba como anillo al dedo a una montaña rusa de brillantes escenas de acción que huían del efectismo barato, era su mayor argumento, pero no el único. Localizaciones acertadas y bien explotadas, un hilo argumental serio –dentro de las 'fantasmadas' que siempre entraña toda película de acción-, un protagonista con carisma y el inteligente uso de los escasos diálogos, oportunos para explicar la trama, eran otras de las muchas armas que convirtieron a las películas del espía interpretado por Matt Damon en tres de los mejores exponentes del cine de acción en la última década, en mi humilde juicio muy por encima de los megapresupuestados, mediáticos y aparentones pero vacíos 'Bonds' y 'Misiones Imposibles'.

Pues bien, habrá que darle un aplauso a Gilroy por haberse cargado todo lo  bueno que poseían las tres películas anteriores de la saga, de las que sólo ha sido capaz de salvar el nombre de Bourne –hay que vender- y a las que se parece como un huevo a una castaña. 

Lo peor no es que el protagonista haya cambiado, ni que el tan de moda Jeremy Renner demuestre una vez más las dotes interpretativas de una roca, ni su ausencia total de química con la otra “buena” -la atractiva Rachel Weisz hace lo que puede-; lo peor no es lo absurdo de su argumento, su relación cogida con alfileres con respecto a los filmes precedentes, ni la flojísima actuación de un talento como Edward Norton en un papel tan tibio como prescindible;  lo peor no son las tan manidas y vistas hacia la saciedad escenas de equipos de  investigadores de la FBI, la CIA o la Interpol mirando varias pantallitas, dando órdenes y comentando la jugada en un cuarto oscuro; ni siquiera lo peor de la película son los diálogos, vacuos, absurdos y aburridos, ni el metraje eterno de la cinta, ni la escasa capacidad que demuestra su director para sacar provecho a las localizaciones (excepción hecha del comienzo en Alaska).  Lo peor es su ausencia total de ritmo.

Si en las películas anteriores el espectador prácticamente no pestañeaba para no perderse una centésima de segundo de las trepidantes escenas de acción que se nos ofrecían, en esta el mérito es el de mantenerse despierto. La acción brilla por su ausencia… y las pocas veces que aparece resulta vulgar, escasamente original, mal hilada, confusa –tanto movimiento de cámara sin ton ni son, tanto abuso del plano corto…- y, aunque parezca un contrasentido, aburrida.  A esos treinta minutos se le suman encima dos horazas de hilo argumental monótono, carente de interés y pleno de sinsentidos. La mezcla de todo ello es este 'peliculón' que paradójicamente y pese a su nombre destruye el legado de Bourne. 'El legado destrozado', debería llamarse. No caigáis en la trampa.