El Greco, en la catedral de Sigüenza

El canónigo-archivero de la seo seguntina, Felipe Peces Rata, retrata al pintor cretense, en el IV Centenario de su muerte, y destaca La Anunciación que actualmente se expone en Sigüenza: "una de las más exquisitas y espirituales versiones de augusto Misterio, que el Greco pintó en dieciséis ocasiones".


Las obras del Greco, dice John F. Matthews, alcanzaron tal éxito durante su vida, que le permitieron vivir con un lujo casi principesco. Después de su muerte cayó en el más profundo olvido que duró cerca de tres siglos".

La niebla del tiempo nos envuelve en el olvido, aunque el recuerdo y la obra de los hombres y mujeres ilustres es difícil que se corroan en la sima de la desmemoria o la indiferencia. Tal es el caso, de este genio de la pintura, que se halla en el apogeo de una gloria mundial y cuyo IV Centenario de su muerte se celebra este año.

Doménico Theotocópulos, nació en la isla de Creta, que pertenecía a Venecia. Emigró a esta ciudad cuando los turcos invadieron la isla. El Greco, formado en el arte bizantino, es decir, a la “maniera greca”, aprendió mucho de Tiziano, maestro de la luz y del color del Adriático.

Más tarde marchó a Roma, donde, a pesar de su fama, no fue bien acogido, ni él supo adaptarse.

Su particular manera de pintar y sus críticas al idolatrado Miguel-Ángel de quien decía: “que era un buen hombre, pero que no supo pintar”, le acarrearon la enemistad de los romanos. Esto y su deseo de trabajar en el Escorial hicieron que se ilusionase con España.

Empieza pintando a la “maniera veneciana”, o sea, con tonos calientes (rojo, amarillo), sin dibujo firme y con gran sentimiento. Más tarde cambió el estilo y los colores de su paleta, por la gama fría (grises, plateados, verdes, azules).

Pintó para el Escorial “El martirio de san Mauricio y la Legión Tebana”, que no gustó a Felipe II. “Esto, dice Grolier, destruyó la oportunidad de asegurarse un puesto en la corte, pero no alteró la reputación que tenía en España” y se retiró a Toledo, donde vivió hasta su muerte en 1614.

Su partida de defunción dice: “En siete de abril falleció dominico greco, de avanzada edad, no hizo testamento. Recibió los sacramentos, enterrose en santo domingo el antiguo, dio belas”.

Tuvo un hijo (Jorge-Manuel) con la dama toledana Jerónima de las Cuevas.

El Dr. Marañón dijo: “El Greco vino a Toledo porque tenía que venir, arrastrado por el mismo instinto que conduce a los pájaros”.

Aquí asimiló, de tal manera, el alma y el paisaje ascético de Castilla, que se ha dicho de él que “es el pintor que mejor expresa la espiritualidad castellana”. El poeta Paravicino dijo: “Creta le dio la vida y Toledo los pinceles”. “En todo fue singular, dice Jusepe Martínez, ganó muchos ducados, pero los gastaba en demasiada ostentación de su casa, hasta tener músicos asalariados para cuando comía gozar de toda delicia”.

La Catedral de Sigüenza posee un lienzo del Greco, “La Anunciación”, por este motivo, se ha creado una comisión, “Sigüenza Universo Greco”, para conmemorar el IV Centenario de su muerte y ubicar en un nuevo espacio esta obra. La Capilla de la Concepción, ubicada en la parte oriental de la panda norte del claustro, acogerá el cuadro, y podremos contemplar la magnífica capilla gótico-renacentista, restaurada hace unos años por el Instituto de Patrimonio de Cultura Española.

Esta Anunciación es de las más exquisitas y espirituales versiones de augusto Misterio, que el Greco pintó en dieciséis ocasiones. Su inspiración es más celeste que humana: El ritmo ingrávido del arcángel; la verticalidad de su cuerpo; el místico coloquio reposado y deprecatorio; el rompimiento del cielo, con la aparición del Divino Espíritu; el acentuado alargamiento de rostros, manos y puntiagudos dedos, por los que se escapa el alma, etc.,

El alargamiento de sus figuras ha sido discutido por sus críticos. Coinciden en que lo hace para espiritualizar los cuerpos. Otros hablan de paranoia; y algunos de astigmatismo. El Dr. Marañón sostiene que “es como la sombra del cuerpo humano. Corresponde a la última fase del pintor, principios del siglo XVII.

Se carece de documentación que diga para qué lugar de la Catedral pintó el Greco este óleo.

Fue llevado a Ginebra en 1936 y devuelto al museo del Prado y luego a la Catedral de Sigüenza, tras la guerra civil. Como curiosidad, desde el año 1951, el Museo de Bellas Artes de Budapest, expone dos obras: “La Agonía en el Huerto” y San Andrés”. El primer lienzo procede de la Catedral de Sigüenza, según D. Miguel de Unamuno. Ambos lienzos pertenecieron al poeta portugués Guerra Junqueiro que los subastó en Paris a principios del siglo XX.

Está pendiente una investigación más profunda, de la época anterior a 1900, para confirmar ese origen, aunque muchos de los cuadros de este pintor, que aparecieron en subastas y en colecciones privadas a principios de siglo, por falta de documentación, y a veces, por una intención calculada para no evidenciarse los vendedores, no se sabe, a ciencia cierta, ni quienes eran sus propietarios, ni cómo llegaron al destino actual.

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