La protesta de los leones y los grifos

El Seminario de literatura Infantil y Juvenil (SLIJ), organizador del Maratón de Cuentos, protesta en este escrito, a modo de relato de ficción, sobre el pago por entrar al Palacio del Infantado.


Había una vez una ciudad que tenía un Palacio. El Palacio tenía un claustro, y el claustro tenía leones y grifos.

Durante varios siglos, los leones y los grifos tuvieron una vida aburrida pero tranquila. Un día de infausto recuerdo estallaron varias bombas en el claustro del Palacio, e hicieron mucho daño a los leones y los grifos. Y así, destartalados, vivieron varias décadas, hasta que la gente se rascó el bolso para arreglar los leones y los grifos del claustro del Palacio.

Después llegó un tiempo glorioso, en el que los leones y los grifos vivieron felices porque mucha gente los visitaba a diario. No digamos lo contentos que se ponían cuando, una vez al año, les caía durante muchas horas una lluvia de palabras que les entretenía e ilustraba. Fueron para ellos tiempos muy felices.

Pero ahora no saben qué ha pasado –una bomba de otro tipo, quizá–, el caso es que nadie va a visitarlos y están muy aburridos. Piensan que los humanos son muy raros: qué sentido tiene que se hayan gastado el dinero en ponerles guapos y radiantes si nadie va a verlos.

¡Pobres leones y grifos! Si supieran que han puesto precio para visitarlos no estarían nada contentos.

Tampoco lo está el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, que pide a la Consejería de Cultura que anule la medida de cobrar por entrar en un monumento que todos los guadalajareños sienten suyo, porque lo es. Y nadie debe estar obligado a pagar para entrar en la propia casa. 

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