Duelo de justicieros

Título: Decisión encadenada. • Autor: Pablo Carnicero. • Autoeditada. • Guadalajara, 2014.


Empecemos por el final sin destriparlo. “Debía tomar una difícil decisión”, escribe Pablo Carnicero en el remate de su nueva novela, el relato policiaco ‘Decisión encadenada’ en el que vuelve a recrear un universo truculento con escenarios alcarreños. A veces, lo más difícil no es resolver un caso (darle al coco, sortear peligros, pelear contra los malos), sino meter en la coctelera principios, intereses, sentimientos y escrúpulos y adoptar la menos mala de las alternativas.

El escritor guadalajareño plantea en su segunda novela policiaca, de nuevo autoeditada, un descenso a los infiernos y un dilema moral por el que no toma partido, pero que deja como epílogo al lector. A partir de un suceso real, la salida de prisión de etarras y violadores en diciembre pasado con la anulación de la doctrina Parot, se ha inventado una historia donde varios personajes cruzan sus caminos cuando deciden tomarse la justicia por su mano. ‘Decisión encadenada’ es un duelo de justicieros en la Guadalajara del siglo XXI.

Tiene esta novela, en la que da continuidad a los protagonistas de ‘Un tipo casi normal en una situación casi anormal’, una apertura poderosa, con la tensa imagen de quietud de un francotirador acariciando el gatillo de su fusil, y un cierre donde acaba recolocando las piezas sin decepcionar al lector y dejándole con un auténtico marrón: esa disyuntiva nada fácil.

Entre medias, el ritmo de la novela avanza trepidante (demasiado, a veces), con un protagonista, de nuevo aquel “tipo casi normal”, que esta vez parece dotado de mayores poderes y habilidades para salir sin dificultad de las trampas más complejas, apoyado por su pareja literaria, el friki informático Oli, esta vez con otro colega de la misma calaña, Raúl. Sin apenas descanso, con algunos golpes de efecto (y nunca mejor dicho), la historia avanza conforme el protagonista se adentra en un oscuro entramado para intentar salvar la vida de un amigo, que al salir de la cárcel tras cumplir una injusta pena por asesinato se encuentra en el punto de mira de un francotirador que está ‘vengando’ a las víctimas de estos asesinos que vuelven a obtener la libertad.

La ironía de Carnicero en su primera incursión en el género deja paso en esta otra a un tono más sórdido. No hay tiempo (ni estómago, se diría) para relaciones edulcoradas ni demasiados paréntesis de sosiego. Y, de hecho, la redacción adopta este ritmo narrativo: esta vez no hay tiempo que perder.