Una oda al cine

Título original: Hugo • País y Año: EE.UU, 2011 • Género: Fantástico, intriga  • Dirección: Martin Scorsese • Guión: John Logan (Libro: Brian Selznick)• Reparto: Asa Butterfield, Chloë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone,…


“La invención de Hugo” es todo un canto a la belleza del cine y al mundo imaginario al que te puede transportar durante el tiempo que dura una película. Es una defensa de la delicadeza que puede tener una imagen en la pantalla o como puede hacer emocionar una sonrisa, un gesto, un llanto de un actor.

Buena parte de culpa de que surjan estas sensaciones al ver este film las tiene su director, Martin Scorsese, puesto que se denota el gran énfasis puesto en lograr planos muy cuidados y repletos de matices; unos escenarios que permiten crear imágenes imposibles e impactantes para el espectador que, desde el principio se queda embaucado por el carácter preciosista de la cinta.

Y que mejor para hacer una oda a la belleza en el cine que elegir un marco como el de París con el que no sólo se consigue retratar a una preciosa ciudad, sino que conforma el backgound perfecto para evocar un regreso a los años 30 con planos geniales de la ciudad nevada, de la estación de tren donde vive Hugo o del protagonista colgado de las manecillas del reloj de la misma.

Aparte la historia de Hugo Cabret, con su carácter vitalista, es un buen motivo de enganche para el espectador, pero al que cuesta llegar. Inicialmente se hace un poco lenta y se pierde en detalles que, aunque necesarios para ilustrar el  buen humor con el que se desarrolla la película, la dureza de ciertas situaciones y conocer el carácter del protagonista; propician que los primeros minutos sean aún desconcertantes al no saber exactamente el rumbo que va a llevar el guion.

Finalmente se descubre como una obra dedicada a la resurrección del cine, a la defensa en lo que uno cree a través de los ojos de un niño que, todavía no ha sido pervertido por los desaires de una sociedad cuyos gustos cambian tanto como de pareceres con el paso del tiempo. Es una lucha por volver a ser lo que uno fue y no lo que manda el momento que obliga a enterrar viejas ilusiones, para centrarse en una constante depresión que simplemente permite deambular con la vida para pagar las facturas que llegan a final de mes.

Un artista nunca deja de serlo aunque se vea obligado a dedicarse a otra cosa y una vez se destapa la caja de los truenos, viejos sueños vuelven a revolotear por la cabeza. En esta ocasión gracias a la inocencia, las ganas de aventura y la fascinación que  el cine le produce a un niño tan dulce como gamberro como es Hugo Cabret, un viejo cineasta vuelve a recobrar esa ilusión ya desempolvar un pasado tan grande como olvidado y necesario para entender la historia del cine.