Los garrotazos republicanos

Título: ‘Violencia política en la provincia de Guadalajara (1936-1939)’. • Autor: Juan Carlos Berlinches Balbacid.  Editorial: Aache.  Guadalajara, 2014.  78 páginas.


La editorial Aache acaba de lanzar un estudio sobre la Guerra Civil con un sugerente título, ‘Violencia política en la provincia de Guadalajara (1936-1939), ilustrado en las tapas por la famosa riña a garrotazos con que Goya dejó para siempre estampada la fratricida tendencia de las dos Españas a resolver sus asuntos por las malas. Juan Carlos Berlinches Barbacid, que ya había indagado en la represión franquista, hace ahora lo propio con el bando opuesto, y de nuevo quedan sus páginas teñidas de sangre.

Lo que el lector puede encontrar ya en las librerías es la otra parte de la historia, un relato sesgado, como honestamente reconoce el autor, ya que se centra en la violencia política de los efectivos y las autoridades de la República. Echa la mirada allí al bando contrario del que se ocupaba en ‘La rendición de la memoria’, donde constaban 200 casos de represión franquista en la provincia. Aquel fue un primer paso para estudios posteriores que han llegado a cifrar los casos de represión durante la guerra y la dictadura en más de 7.000.

Los episodios más graves

En apenas tres capítulos muy concisos, el historiador alcarreño ofrece las claves de la violencia cruzada en ambos bandos, algunos de los antecedentes que llevaron a los procesos de asesinato a sangre fría y el repaso de algunos de los hechos más escabrosos de la represión republicana: se detiene en el relato de los famosos hechos del 6 de diciembre de 1936 en la cárcel, que se saldaron con la escalofriante sangría de 282 fusilamientos; o en los asesinatos del maestro Isidro Almazán o del también profesor y reconocido periodista católico Rufino Blanco.

“Resulta difícil establecer el número exacto de muertos una vez tomada la ciudad por las fuerzas republicanas, algunos autores hablan de un millar de muertos, cifra posiblemente algo exagerada”, explica el historiador al hablar de los asesinatos. Pero, más allá de la resistencia que ofrecen los datos, queda retratado un hecho interesante: el modo sistemático en que también en la República fueron orquestadas las represalias, más allá de los iniciales y tal vez más espontáneos escarceos de algunos exaltados, entre ellos milicianos llegados de otros territorios.

“Podemos considerar por lo tanto que la República intentó encauzar o legalizar una violencia que se les estaba yendo de las manos, aunque también habrá quien pueda pensar que era un simple mecanismo de violencia política para eliminar el enemigo político”, plantea el autor.

Tribunales para la represión

En el libro queda reflejada esta institucionalización de la violencia republicana a través de organismos como los tres tribunales nacidos con tal misión: el especial popular (sólo en su primera actuación, el 12 de septiembre de 1936, condenó a 13 hombres a pena de muerte); el tribunal especial de guardia que se encargaba de los menores pero duramente castigados delitos de derrotismo (con penas superiores a seis años de cárcel para cualquiera, que, por ejemplo, fuese ‘pillado’ confesando que creía que la guerra estaba perdida) o de subsistencia, con multas económicas para quienes acaparasen víveres o subsistencias.

En este punto, el historiador los casos concretos de dos conocidos alcarreños, el fotógrafo Tomás Camarillo y el más tarde alcalde Pedro Sanz Vázquez. Los datos son aquí más precisos, con un balance de 157 sentencias por subsistencias, 49 por derrotismo y 8 por alta traición.

Una ‘Historia’ controvertida

Berlinches Balbacid no entra a comparar en ningún momento el grado de violencia política o la proporción de condenados que en plena guerra suponían estas represalias con respecto a las que llevaba a cabo en el bando franquista. Se trata de un debate siempre controvertido que lo es todavía más cuando el historiador aborda, como hace en el tercer capítulo, la depuración de funcionarios que participaron en la sublevación.

Asesinar a un maestro o encerrar en prisión a quien cree que la guerra está perdida son indiscutibles formas de represión. Ahora bien, ¿es violencia política propiamente dicha que un régimen cese a trabajadores de la propia administración que habrían participado en un golpe de Estado contra una democracia? La interpretación de la Historia es siempre controvertida, pero en algunos capítulos como la Guerra Civil resulta todavía más proclive a la controversia.

Es el de Berlinches Balbacid un estudio documentado y escrito con redacción pulcra y mucha honestidad. En un año en que se está celebrando el final de la guerra sin que Guadalajara haya recordado apenas los trágicos hechos, este libro viene a reunir la aportación de este historiador en congresos y foros especializados para ponerlos a disposición del público, cumpliendo así con dos misiones fundamentales: rememorar la importancia que aquella contienda tuvo en Guadalajara; y ahondar indirectamente en la necesidad del mensaje de “Paz, Piedad y Perdón” con que remataba Azaña un discurso que sirve también para culminar este estudio.

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