Una intriga superficial

Título: ‘El cielo ha vuelto’. • Autora: Clara Sánchez. • Editorial: Planeta.  Barcelona, 2013  Precio: 20,50 euros. / electrónico: 9,99 euros.  384 páginas.


No resulta fácil comenzar esta crítica. He esperado un tiempo para enfriar las sensaciones más recientes de la lectura antes de emitir mi propio juicio sobre el libro. De inicio, les diré que ‘El cielo ha vuelto’, la novela con la que la alcarreña Clara Sánchez ha ganado el Premio Planeta, no es ni mucho menos el libro que recomendaría de Clara Sánchez. Intentaré explicar los motivos.

Esperaba más de este libro. Mis expectativas descansaban en la firma de Clara Sánchez, de quien sus lectores más fieles siempre albergamos la esperanza de encontrar un relato apasionante, y no por el relumbrón del premio: del Planeta, qué vamos a decir a estas alturas, no esperaba nada porque, en realidad, se puede esperar cualquier cosa. Lo decíamos hace un año: Lorenzo Silva lo obtuvo con una nueva entrega de su saga policial, un libro bastante potable pero que no está, desde luego, entre los mejores de esa misma colección.

En ‘El cielo ha vuelto’ encontramos los principales rasgos de la literatura de Clara Sánchez, pero nos saben a poco si ya conocemos otras obras como ‘Lo que esconde tu nombre’ (tremenda, no nos cansaremos de decirlo), ‘Últimas noticias del paraíso’ o ‘Un millón de luces’. Hay en estas otras novelas giros, construcciones narrativas y sobre todo una profundidad psicológica en los protagonistas que echamos de menos en su última entrega.

A medio gas

En ‘El cielo ha vuelto’ una modelo cae en una trampa que le obliga a enfrentarse a situaciones inquietantes y no buscadas; una vez más, la intriga se mete hasta la cocina, porque en los libros de la alcarreña los misterios son casi siempre de carácter muy doméstico. Sánchez hace sufrir como siempre a su protagonista, pero esta vez plantea un conflicto de menor intensidad, acaso contaminado por la superficialidad de la propia protagonista. Patricia es una muñeca rota que se deja llevar por un amor ciego a los demás con el que compensa el hecho de estar demasiado pendiente de sí misma, que en realidad es estar demasiado pendiente de cómo la ven los demás. Los otros, en cambio, pagan con distinta moneda, desde la envidia y la ingratitud hasta la hostilidad.

La reflexión de fondo es muy oportuna y adecuada. Pero en el modo de desenvolverla a lo largo de las páginas hay demasiada mala suerte acumulada y demasiada ingenuidad en la protagonista. No queremos decir que no pueda ocurrir así en la vida real, pero resulta escaso como planteamiento narrativo.

Una trama muy rígida

Clara Sánchez tira de oficio, eso es indiscutible, para mantener intrigado al lector, a pesar de que la aventura está siempre sometida al rígido esquematismo de la trama. Durante demasiadas páginas, la historia transcurre como la mera enumeración de un serial de accidentes en los que se va descartando la implicación de varios personajes. La historia tarda demasiado en sacudirse estos corsés y en levantar el vuelo. Cuando lo hace, se beneficia del inquietante personaje de Viviana (muy bien dibujado) y del relato de las vicisitudes del matrimonio de la protagonista. Pero tampoco el desenlace está después a la altura de las tremendas expectativas anunciadas en la primera frase: “Hace medio año, una desconocida me dijo que había alguien en mi vida que deseaba que yo muriera”.

Es cierto que no todo son críticas: la novela se lee con agilidad, mantiene un estilo cinematográfico, dibuja algunos personajes secundarios muy interesantes y deja alguna reflexión al paso. Pero poco más. El tiempo dirá, pero nos parecen méritos escasos para convertirse en un título de referencia de Clara Sánchez: en su producción hay otros caladeros mucho más interesantes donde fondear.