Unos Reyes con serpentinas

La Cabalgata ha añadido esta vez más comparsas infantiles, frente a la única carroza que cerraba el más austero y solemne desfile del año pasado. Lo ha hecho sin renunciar al componente tradicional de la cita y con un coste más bajo.


La cabalgata es sin duda el principal acto infantil de las Navidades. Por eso hay que aplaudir que este año el desfile haya incluido novedades claramente destinadas a los más pequeños, con un extra de fantasía y colorido a su paso por las calles de la ciudad. Frente a la única carroza que el año pasado representaba el imaginario infantil, en esta ocasión los deseos de los niños han tomado forma en múltiples artefactos, muñecos, legos y otros ingenios de fantasía que representan los juguetes que los niños esperan abrir después de una noche de inquietud y magia.

Le sienta bien este colorido a la comitiva mágica del 5 de enero. Gracias a estos cambios, la cabalgata de este año no sólo ha tenido la anunciada novedad de su paso por el centro, sino que ha encontrado un interesante equilibrio entre los tres bloques en que está dividida: las escenas bíblicas iniciales, con sus atuendos de época; el paso de los tres Reyes Magos y las comparsas infantiles, que han puesto el colorido.

El formato es idóneo: combina la inclinación de adultos y niños hacia una y otra parte del espectáculo, y resulta a un mismo tiempo respetuoso con las raíces cristianas de esta celebración –los magos adoradores, con su oro, su incienso y su mirra–, aceptando a su vez la realidad pagana e integradora de esta fiesta en una sociedad multiétnica y moderna como la nuestra, donde los Reyes Magos son ante todo unos entrañables personajes que traen juguetes a todos los niños, los de familias católicas y los de familias ortodoxas, musulmanas, agnósticas y ateas. Tan desacertado sería olvidar lo primero como lo segundo.

Hace un año lo apuntábamos en este mismo espacio, cuando el peso de la cabalgata bíblica se impuso excesivamente a la escenografía infantil, limitada a una única carroza que cerraba el desfile. Del mismo modo ponemos ahora el acento en el cambio obrado. La Cabalgata ha añadido los componentes de diversión que tiene este acto para niños en las principales cabalgatas del país, empezando por la madrileña, especialmente influyente porque está a un paso de nuestra ciudad y porque suele asomarse a nuestros salones a través del televisor.

Si, además, esta interesante vuelta de tuerca en la cabalgata arriacense se ha logrado con menos presupuesto, como anunció el concejal Carnicero, pues todavía mucho mejor. Bienvenidos sean, pues, estos Reyes con serpentinas.