Crisis existencial

Título: ‘Ayer no termina nunca’. •  Directora: Isabel Coixet • Guión: Isabel Coixet, inspirado libremente en ‘Gift’, de Lot Vekemans. • Género: Drama. • País y año: España, 2013. • Reparto: Candela Peña y Javier Cámara. 


Cinco años pueden no ser suficientes para cerrar heridas, aunque bien mirado, hay mil maneras de llevar la carga. En la mirada, en el corazón, en la cara –aviejada por el dolor-, en la forma de elegir vivir o huir… ‘Ayer no termina nunca’, la última película de Isabel Coixet, en realidad, va de eso, aunque haya dos escenarios para el espectador. Uno es la mirada que la realizadora catalana hace de la crisis. Otra es la radiografía del reencuentro de una pareja –interpretada por Candela Peña y Javier Cámara- después de un lustro sin saber nada el uno del otro tras vivir un episodio traumático en sus vidas y sin las cicatrices suficientes –al menos ella- para verse las caras de nuevo.

Barcelona, 2017. La ciudad continúa en recesión. Arde el aeropuerto de Castellón, arde la estatua del expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra; la cifra de parados ha llegado a los 7 millones, Messi gana el Balón de Oro por séptima vez y la gente se pelea al lado de los contenedores en busca de algo que comer. En medio de este panorama, una pareja se reencuentra en el cementerio donde descansa su hijo Dani, fallecido a causa de una negligencia médica, por culpa de los recortes. La crisis y cosas de la burocracia consiguen lo que no ha conseguido la distancia. 

Hace cinco años que él se marchó de casa un 31 de diciembre sin decir nada y ella aún no ha superado esa pérdida. Tampoco la de su pequeño. Él ha asumido lo que pasó –y su tristeza- y ha rehecho su vida en Alemania.

Durante poco más de 100 minutos, el espectador asiste a una obra teatral –de hecho, el guión (de la propia Coixet) es, en realidad, una versión libre de la obra de ‘Gift’ (Tóxico) de la dramaturga Lot Vekemans-, que en la gran pantalla se hace larga –incluso, en algún momento, larguísima- en la última media hora de película. Aunque luego, la cinta, remonta el vuelo para enfilar al ‘the end’. 

La película, con mucha estética Coixet –esos planos heredados de su etapa publicitaria, que en algunos casos, son bellos, sobre todo cuando juega con el sol- basa su espina dorsal en diálogos que dejan entrever cómo se sienten los dos protagonistas ante la vida que han elegido vivir. Y todo ello con mucho drama, algunas pausas y un poco de humor, claro, para destensar.

Para aportar un poco de dinamismo a lo estático de la película, Coixet cambia la acción: de una parte del cementerio –que nunca lo parece- a otra donde se puede respirar un poco y descansar algo. Del exterior –donde se ruedan las escenas más luminosas y las reconciliadoras- a la cueva, donde los protagonistas –solos- en blanco y negro y en monólogos bien interpretados dicen las cosas que nunca te dije o mejor dicho, se dirán el uno al otro pero recuerdan en voz alta, en una especie de catarsis personal (para ayudar a cerrar sus heridas, supongo). 

Coixet no borda un gran guión. Hay lagunas y algunos diálogos de  ‘Ayer no termina nunca’ tienen mucho de ‘Esperando a Godot’ –en este caso, a un funcionario, que nunca llega-. Lo de las interpretaciones, era un riesgo: que sólo dos actores lleven el peso de una película durante más de hora y media, a mí me lo parece. Peña y Cámara no me parecen creíbles como pareja a priori, no me producen química. Y este ‘duelo’ interpretativo –que no lo es en realidad- lo gana con enteros Candela Peña –a la que me creo completamente-. No así a Javier Cámara, que tiene tres o cuatro buenos momentos.

Para aplaudir, la música –como siempre-, en este caso, compuesta por Alfonso Villalonga y el montaje de Jordi Azategui, también encargado de la fotografía. Coixet sigue sin superar su gran hit –Mi vida sin mí-. Eso sí, quizás Candela consiga un Goya a la Mejor Actriz Protagonista. Habrá que esperar a 2014 para ver si hay premio para este film, que no es sino un retrato de la crisis, que todo lo destroza. Desde la vida, hasta el amor.