Versos de sol y sombra

La papelera de Pessoa/La luz sobre el almendro. • Jesús Aparicio González. • Libros del Aire. • Madrid, 2012.


'La papelera de Pessoa/La luz sobre el almendro' no es un libro, sino dos. Cada poemario guarda una coherencia interna perfecta, pero es ese signo que separa los títulos el que funciona como suma y no como resta al incluir en un mismo volumen dos obras aparentemente tan enfrentadas. En realidad, en La papelera de Pessoa anidan las dudas, las soledades, los pasos perdidos del poeta que quiere comprender pero no comprende. En 'La luz sobre el almendro', en cambio, hay un cambio de espíritu hacia el optimismo. Tal vez tampoco acaba de entender el poeta, pero parece dichoso.

Es lo que en términos muy llanos se cifra como ver la botella medio llena o medio vacía. Si en la primera parte algo se nos apaga entre las manos, en la segunda algo está a punto de brotar ante nuestra mirada. Canto a la vida en ambos casos, con sus dos rostros y sus dobleces, este libro de poemas de métrica libre y no demasiados versos nos dice que la existencia es a veces sombría y en otras ocasiones, afortunadamente, nos llena de luz.

Hay en la poesía de Aparicio, briocense afincado en Cabanillas, un canto hondo a la vida más sencilla, una ausencia de grandilocuencias que nublen la vista y una obsesión deliciosa por lo cercano y lo terrenal. Repleta de imágenes poderosas, tampoco rehúye a veces lo conceptual, pero sí se aleja de toda épica como si lo importante de la existencia fuesen esos papeles que caen en la papelera o ese rayo de luz que nos despierta como si fuese el primer verso de nuestras vidas.

'La papelera de Pessoa' tiene algunas piezas que recuerdan el desarraigo de los poetas de la posguerra que arañaban las tinieblas en su busqueda desesperada de Dios entre las sombras. Aparicio no llega a la desesperación más cruel, pero sí muestra su desasosiego en la mayor parte de estas 51 composiciones.

Algo cambia en el poeta cuando escribe sus primeros versos en 'La luz sobre el almendro': "el primer sol te sienta en sus rodillas", arranca en la primera composición; "El primer verso será quien te despierte", remata en el segundo; y al fin encontramos "una ventana que se abre" y un presentimiento de lirios y de canto de pájaros. A través de esa ventana deja pasar el poeta la delicadeza de una naturaleza que nos infunde alegría de vivir. La dicha está en alcanzar un tren que transita por los sueños.

Hay en estos otros 49 poemas, incluso, alguna moraleja positiva en medio de la tragedia: "yo no hubiera nacido sin una guerra", dice el hijo de "una hija de la pasión que cuece en las trincheras". El mundo no ha cambiado, pero sí nuestra mirada sobre él. Gracias, en parte, a que al fin un rayo de sol ha puesto luz y calor donde antes hubo frío y sombras.

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