Sonidos de la Semana Santa seguntina

La Cronista Oficial de Sigüenza, Pilar Martínez Taboada, recuerda en este artículo la singular “partitura” de la Semana Santa seguntina, que desde hace siglos, se compone de muy diversos sonidos;  y que se interpreta día a día desde el Domingo de Ramos al de Resurrección. 


(…) En el Domingo de Ramos celebra la Iglesia la entrada de Cristo en Jerusalén, a lomos de una borriquilla. Según nos narran los Evangelios, fue un momento de alegría para sus habitantes, que cubrieron con sus mantos el camino de Jesús, mientras le saludaban jubilosos con ramas de olivo y palmas. 

De igual modo, el próximo Domingo, tras la bendición de ramos en la parroquia de Santa María, procesionará por las calles de Sigüenza el "paso" de La Entrada de Jesús en Jerusalén, llamado popularmente de La Borriquilla, que es el único de los seguntinos que va en carroza, y que será recibido en la catedral con un volteo jubiloso de sus campanas. El sonido de estas campanas es el que inicia esa partitura que pretendo recordar.   

De 1536 es la Bula papal de constitución en Sigüenza de la Cofradía de Disciplinantes de la Vera Cruz. Gracias a sus Ordenanzas, estudiada por Pedro Ortego, sabemos que desde finales de ese siglo se celebraba en nuestra ciudad, por la tarde del Domingo de Ramos, otra procesión en la que, en sus primeros años, tan sólo se trasladaban hasta la catedral las insignias de la cofradía desde su ermita del Humilladero; y, más tarde, los "pasos" o imágenes de la Pasión de Cristo sobre andas. Para esa procesión, los cofrades solicitaban cada año al Cabildo que de nuevo sonasen las campanas durante su recorrido. 

Escondites de los ‘pasos’

Ese recorrido ha cambiado en muchas ocasiones, según el lugar donde los "pasos" hubieran permanecido guardados a lo largo del año. Primero se guardaron en la ermita del Humilladero, desde que se inauguró en 1577. En 1919 el deterioro de ésta aconsejó llevarlos a la cercana ermita de Santa María de los Huertos. Tras la Guerra civil, y cuando esa ermita se convirtió en la iglesia del nuevo Convento de Clarisas, se guardaron en las Ursulinas -antiguo convento de San Francisco-. La restauración de esta iglesia en la década de los 70, hizo que se trasladasen a la  Parroquia de Santa María. Desde el año 2011, se guardan en la ermita de la Venerable Orden Tercera, ubicada junto a las Ursulinas. 

Lo que no ha cambiado a lo largo de siglos es el modo en que los "pasos" han sido trasladados en esta procesión vespertina desde cualquiera de esas sedes hasta la catedral: cargados a hombros de los "Armaos". Y de hecho, es en esta procesión, en la que, además de las campanas y de la música interpretada por la Banda de Tambores de Sigüenza, y alguna Banda invitada para la ocasión, cuando podemos escuchar por primera vez el sonido mas genuino de la Semana Santa seguntina, me refiero al "paso" de los "Armaos", es decir, al que hacen al rascar el pavimento con sus pies mientras procesionan las imágenes. 

Un sonido que se acentúa cada vez que giran para enfilar cada una de las calles que recorren. A este sonido se une el que hace el jefe de cada "paso". Éste debe dar un primer golpe con su lanza o mando para que los que portan retiren las horquillas y coloquen el hombro bajo los banzos. Con el segundo golpe continuará la marcha; ordenándose las sucesivas paradas con un solo golpe. 

Los ‘Armaos’, disciplina militar cofrade

Los ‘Armaos’ en toda España son cofradías religiosas, con disciplina militar heredada de las tropas imperiales de la España del siglo XVI y XVII, que representan a las tropas del Imperio romano durante la Semana Santa. En Sigüenza, en los primeros años de la existencia de la Cofradía de la Vera Cruz, no había aún hermanos de carga, sino disciplinantes, que se iban azotando a lo largo de las procesiones. Tal actividad fue prohibida en el siglo XVIII, y fue entonces cuando los flagelantes fueron sustituidos por "armaos", es decir, por cofrades vestidos como los antiguos soldados de Flandes. 

Estos sonidos tan genuinamente seguntinos acompañarán también a quienes participen en las procesiones del Lunes y Martes Santos, en las que se trasladan algunas de las imágenes procesionales desde la Catedral a las Parroquias de San Vicente y de Santa María, acompañadas de la Banda de Cornetas y Tambores de Sigüenza. En concreto, el lunes se lleva a San Vicente La Oración en el Huerto; y el martes a Santa María El Beso de Judas y la Dolorosa. 

El ‘paso’ procesional de los ‘armaos’ no volveremos a oírlo hasta el Viernes Santo, pues el Miércoles Santo, cuando se lleva el Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad desde la antigua ermita de San Lázaro, actual iglesia del Asilo, hasta la Catedral, lo hacen los ‘armaos’ a paso ligero, pues es tan solo un traslado solemne y no una procesión. Un poco más tarde hablaremos de la Cofradía del Santo Sepulcro. 

Jueves Santo

Antes recordemos los sonidos que definen el Jueves Santo. Y para escucharlos tendremos que entrar en la Catedral y en las diversas iglesias de Sigüenza para asistir a los Santos Oficios. Éstos, este día, se acompañan de cánticos que exaltan la institución de la Eucaristía, como el famoso himno eucarístico ‘Pange, lingua’, escrito por Santo Tomás de Aquino, en el que se explica claramente la conversión del pan y vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este Himno se canta, después del Lavatorio de los Pies y de la Comunión, cuando se traslada el copón al Monumento o ‘Altar de la reserva’.  

En Sigüenza, como en otros muchos lugares, existe la tradición de visitar el Jueves Santo siete monumentos en distintos templos de la ciudad, para recordar a modo de "estaciones", los distintos momentos de la agonía de Jesús en el Huerto y su posterior arresto. El crepitar de la velas, que adornan obligatoriamente todos estos monumentos ponen su particular sonido a esta piadosa costumbre de peregrinar por la ciudad de iglesia en iglesia.  Pero también el susurro de los que los recorren, y se saludan, y se despiden de sus amigos y conocidos, tras rezar una oración ante cada uno de ellos. Luego será el momento de probar juntos unas torrijas y unos vasos de limonada en cualquier taberna de la ciudad, cuyo bullicio añadimos a los sonidos de la Semana Santa. 

En los últimos años se ha recuperado en Sigüenza en los Jueves Santos el sonar de las carracas, una vez que quedan instalados los monumentos. Las carracas son instrumentos de percusión, realizados fundamentalmente en madera, que sustituían a las campanas, durante el tiempo en que estaba prohibido tocarlas, es decir, desde el final de los oficios de el Jueves Santo al Domingo de Resurrección. 

Viernes Santo

El Viernes Santo seguntino se inicia con el recitado de las catorce estaciones del Viacrucis, en el Paseo de las Cruces; mas tarde se celebra la Procesión matutina, que es la heredera de aquella que hasta 1903 recorría los Jueves Santos por la tarde toda la ciudad. Respecto a esta antigua procesión, desde las Ordenanzas de 1562 se estableció que hubiese "persona suficiente" que tocara la trompeta en ella, y que recibieran limosna "los infantes de coro que asistiesen a las funciones y los músicos que cantasen los Misereres en la procesión del Jueves Santo". 

En la actualidad, a media mañana del viernes, parten sendas procesiones de la Catedral y de las Parroquias de San Vicente y Santa María respectivamente, con los "pasos" que a ellas se llevaron los primeros días de la Semana Santa. Procesiones que se fusionan en una en la Plaza de Hilario Yaben, para después de descender por la calle Humilladero, enfilar la Alameda hasta la ermita de la Venerable Orden Tercera. 

El murmullo de cientos de personas acompaña a los "capuchones" y a los "armaos" que cargan los "pasos" que ordenadamente narran la Pasión de Jesús:  La Entrada de Jesús en  Jerusalén,  La Oración de los Huertos, El Beso de Judas, Jesús con la cruz a cuestas ayudado por el Cireneo, la Crucifixión y la Dolorosa. La Banda de Cornetas y Tambores de Sigüenza, que acompaña al primer paso desde San Vicente, encabeza esta procesión conjunta, que han cerrado en estos últimos años las Banda de Música invitadas para la ocasión. 

En los Oficios del Viernes Santo se hace una lectura recitada de la Pasión según el Evangelio de San Juan, con la cadencia de los cánticos gregorianos. En ella el sacerdote hará de Jesús, otra persona de Sanedrín, leyendo el resto de personajes que aparecen en el texto, y una tercera persona será el narrador. Hace una décadas, en este recitado intervenían las voces del Orfeón Donceli, cantado los pasajes mas significativos de la Pasión según San Juan de Johann Sebastian Bach. Aún recuerdo cómo todos los asistentes a la misa quedaban sobrecogidos cuando resonaban en el coro catedralicio sus mas de cien voces diciendo: "Crucifícalo, Crucifícalo".   

Procesión del Santo Entierro

Horas más tarde saldrá de la Catedral la Procesión del Santo Entierro, que el pasado año celebró su 375 aniversario. Para la ocasión fue restaurado el Cristo articulado de la Cofradía del Santo Sepulcro, que se fundó en 1636. 

Dicha Cofradía se creó para  representar teatralmente, como en otras ciudades de España, el Descendimiento de Cristo de la Cruz y su Entierro. De hecho, hasta 1780, en que fue prohibida por el obispo Juan Díaz de la Guerra, por "el griterío" que se organizaba en el interior de la Catedral, los Viernes Santos se celebraba en el altar del trascoro catedralicio la ceremonia del izado del Cristo a la Cruz, mientras se cantaban las Tinieblas. Luego se representaba su Descendimiento y su introducción en una urna acristalada, que a continuación se llevaba en procesión a la ermita de San Lázaro, actual iglesia del Asilo, acompañada "por dos cajas, adornadas de luto, con ritmo destemplado, que habían de ir a marcha". 

En la actualidad, y tras el rezo del Rosario, y el sermón de la Soledad, durante el cual los "armaos" velan al Cristo yacente, la procesión, antes de abandonar la catedral,  como es tradición desde 1721, da la vuelta a su girola, mientras resuenan poderosamente los tambores. Luego serán sus redobles fúnebres los únicos que romperán esta procesión llamada también "del Silencio", en la que tras el Santo Sepulcro sale a la calle "La Virgen de la Soledad", acompañada de las voces de las Esclavas de Nuestra Señora de los Dolores, que nos recuerdan su tristeza profunda cantado: "Mirad a la Virgen que sola está, triste y llorando su soledad, su soledad...".

Ni el suave balanceo con que la mecen los "armaos" despojados de sus galas militares, puede apaciguar nunca su "hondo dolor". 

Al llegar la procesión a la puerta de la antigua ermita de san Lázaro, se hace un silencio impresionante, que solo se rompe cuando un hermano de vela, a quien por turno le corresponda, da en su puerta tres fuertes golpes. Desde dentro entonces le preguntarán: ¿Quién vá?, y el contestará, "Jesús el Nazareno, rey de los Judíos", entonces gritará el de dentro: ¿Abrid, que pase Jesús el Nazareno rey de los judíos", y es en el momento en el que las puertas se abren cuando toda la multitud que rodea al sepulcro y a la Virgen rompe a aplaudir.

Tras escucharse el Himno Nacional, interpretado por la Banda de Música invitada al uso, los dos "pasos" entran en la iglesia, donde permanecerán hasta el próximo año. 

Sábado Santo, el gran silencio

El Sábado Santo es el día del "gran silencio" que se romperá a lo largo de la celebración de la Vigilia Pascual, cuando Jesús resucite. Será entonces la hora de los cánticos de Gloria y de Aleluya, y de aquellos que exalten la Resurrección de Jesús. Será también el momento en que vuelvan a sonar las campanas llenas de júbilo. 

En el Domingo de Pascua, en Sigüenza se celebra la procesión conocida como de la Torrendera, de la Alegría o del Encuentro.  Como bien se nos recuerda en la página web oficial de la Cofradía de la Vera Cruz, manteniendo una tradición secular, el Domingo de Pascua, tras la misa rezada oficiada por el Abad de la cofradía, cinco hermanos -uno como mando-, vestidos con la chaquetilla, el calzón, las medias negras, la camisa blanca y la faja roja, se sitúan detrás de la Puerta de San Valero. Las reformas litúrgicas implicaron la sustitución de la Custodia por la talla del Resucitado, que llevan otros cinco hermanos vestidos de igual manera. 

Una vez abierta la Puerta de San Valero, el jefe de La Torrendera da los golpes de mando, debiendo hacer los armados que la llevan tres genuflexiones ante la talla de Cristo. Entonces el Abad reza las oraciones acostumbradas y procede a la bendición, mientras suena en el órgano el Resurrexit, el himno de la Resurrección. Terminado este acto dentro de la Catedral, numerosos cohetes y los sones de las dulzainas anuncian a la ciudad el inicio de la procesión y, en definitiva, la Resurrección de Cristo. Durante décadas fue tradicional que la Banda municipal acompañara a esta procesión, iniciando con ello sus actuaciones anuales. 

Quemar el explosivo Judas

El recorrido, mantenido por la costumbre, baja por las calles del Cardenal Mendoza, Humilladero y Paseo de la Alameda, anunciando la llegada de la Virgen de la Alegría y de su Hijo resucitado el campanil de la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos. Los "pasos" se colocan en su presbiterio entre cánticos de los asistentes y de la comunidad franciscana. Tras las felicitaciones de Pascua, solía ser tradicional la venta o, en su caso, el reparto de bollos, y la subasta de las flores de la Virgen. Después los hermanos se reunían a almorzar, como lo hacen hoy día, no sin antes quemar su explosivo Judas. 

Desde hace siglos existe en Sigüenza la costumbre de quemar un pelele elaborado con paja y pólvora, como señal de júbilo por la Resurrección de Cristo y su triunfo sobre la traición del Apóstol que lo entregó. En los últimos tiempos se quema en la Alameda con el fondo de la Catedral o de la Iglesia de los Huertos según desde donde se contemple.