Vidas insatisfechas

Título: Amor y Letras. Título original: Liberal Arts. • Director:Josh Radnor. • Guión: Josh Radnor. • Género: Comedia romántica. • País y año: Estados Unidos, 2012. • Actores: Josh Radnor, Elisabeth Olsen, Allison Janney, Richard Jenkins, Kate Burton y Robert Desiderio. 


Josh Radnor, protagonista durante ocho temporadas –y aún tiene firmada una más- de la exitosa serie ‘Como conocí a vuestra madre’, invita a reflexionar en ‘Liberal Arts’, bautizada en español como ‘Amor y letras’, sobre el envejecimiento, la inocencia y la experiencia, sobre el abismo que puede separar a diferentes generaciones… el paso de los años, en definitiva.  

La película cuenta en 100 minutos un viaje personal, en el que Radnor –responsable del guión, de la dirección y la producción del film- interpreta a Jesse Fisher, un profesor de letras en mitad de la treintena y con cierta crisis existencial –la novia le deja nada más arrancar la película, pierde la cesta de la ropa cuando va a la lavandería y su trabajo de administrativo en un instituto le aburre en exceso-. Todo parece que puede cambiar cuando su segundo mejor profesor de la Universidad, Peter Hoberg (papel que interpreta el actor Richard Jenkins) le llama para que acuda a la cena de despedida que le van a dar porque decide jubilarse. Fisher se planta en Ohio y deja Nueva York. 

Volver al pasado siempre te remueve algo por dentro y eso es lo que le ocurre al protagonista de esta historia. La vuelta al Campus, el reencuentro con una profesora a la que ‘admiraba’ por algo más que su clase de literatura romántica, con un estudiante maniaco-depresivo y sobre todo, con la encantadora Zibby (Elisabeth Olsen), a la que saca 16 años, le hacen replantearse que en realidad, quizás no es tan maduro como parece y que, aunque el roce intergeneracional pueda abrir abismos, la madurez y la insatisfacción no entiende de edades con números. Todos pueden aportarnos algo y dar lecciones de vida. 

Lo mejor de la película es, sin duda, la relación –dulce y atrayente- que mantienen los protagonistas –Radnor y Olsen-. Ella es la chica más magnética que te puedes encontrar en este mundo –alegre, madura, pese a sus 19 años de edad, distinta, atrayente…-. La relación se construye con cartas enviadas de Nueva York al Campus de Ohio y viceversa, hasta que deciden volver a verse. Y es este crecimiento de su amistad-amor lo que verdaderamente te atrapa y te hace desear todo lo mejor a esta pareja, que conecta a la perfección. 

En este segundo viaje, el protagonista sube un peldaño más en su viaje personal y el espectador siente que la historia se desinfla un poco. En esta parte, entran en escena los ‘otros yoes’: de nuevo su profesor, que le confiesa una noche que él también libra una batalla interior por haberse jubilado cuando en realidad siente que tiene 19 años y mucho por enseñar aún; su profesora de literatura romántica, con una mochila llena de decepciones y frustraciones; la propia Zibby, insatisfecha por no haber encontrado aún el hombre con el que hacer el amor por primera vez y un amigo hippy, cuya aparición chirría un poco en el film –más que un personaje, podría ser un espíritu- y que es el encargado de insuflarle optimismo al protagonista. Algo así como un ángel de la guarda de buen rollo. 

En esta historia se agradece la buena banda sonora escogida –estupenda la revisión de clásicos como Mozart o Beethoven-, el giro en la historia principal que le hace ganar enteros al film y que los diálogos no sean carne de serie adolescente -aunque podrían haberlo sido-.

Son mejorables, eso sí, ciertos tintes de humor que Radnor se podía haber obviado en una película que en su trasfondo, plantea también si envejecimiento y sabiduría necesariamente han de ir de la mano y si inmadurez y juventud son inseparables. 

Los diálogos de ‘Amor y letras’ se bañan además, con reflexiones sobre literatura –se elogia a los románticos, no se prescribe a los posmodernos y se critican los libros de Stephenie Meyer sobre vampiros para idolatrar al 'Drácula' de Bram Stoker, por ejemplo-. De paso, Radnor intenta lamerse las heridas (antisociales) que puede dejar la literatura en uno mismo. Reveladora la frase elegida para prologar el film: “Cuanto más se sabe, más se sufre” (Eclesiastés).