El exilio cultural

El cierre del Teatro Moderno, lugar de proyecciones de Cineclub Alcarreño, y la falta de respuesta de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades, ha provocado que la asociación cinéfila haya decidido en Asamblea General asistir al Cineclub de la vecina Alcalá para no quedarse sin disfrutar del cine en versión original. Ante este y otros “exilios culturales”, la asociación de Amigos del Moderno defiende la necesidad urgente de reabrir el Teatro Moderno.


Han pasado ocho meses desde que nos sentamos por última vez en las butacas del Teatro Moderno, en Guadalajara, más de 245 días sin cine, teatro, música o danza.  Es un delito contra la cultura mantener un teatro cerrado a cal y canto, suspender toda su programación sin dar prácticamente ninguna explicación y sin concretar nada sobre su futuro. Un delito cuya condena no sufren los responsables de tal despropósito, sino los espectadores.

Sin cine en versión original en nuestra ciudad los cinéfilos se ven obligados a emigrar a Alcalá de Henares, al cineclub vecino. Después de diecisiete años de programación estable en el Teatro Moderno el Cineclub Alcarreño, una asociación con más de treinta y cinco años de historia, se queda sin sala donde proyectar, esperando desde hace meses noticias de una Consejería de Educación, Cultura y Deporte que ni siente, ni padece, ni contesta. 

A los artistas de la ciudad les quedan las rotondas, los tejados, los descampados o el mercadillo de los sábados para actuar, bailar, tocar o contar. Algunos incluso se refugian bajo el puente árabe, a la orilla del Río Henares y otros buscan a su público en medio de una maratón. Esto que estás leyendo no es ninguna exageración, puedes ver los vídeos que lo demuestran. 

Las compañías de Guadalajara se marchan a trabajar o celebran sus aniversarios en otros espacios más acogedores. Así lo ha tenido que hacer Ultramarinos de Lucas, que cumplen dieciocho años en esta profesión tan difícil y se han ido a la sala Cuarta Pared para celebrarlo. Los hemos visto en el Moderno en múltiples ocasiones, ahora hay que desplazarse hasta Madrid para seguir haciéndolo.  Su Pinocho o su Huckleberry Finn bien lo merecen, pero hay cosas tan importantes como dieciocho años de estupendos montajes que merecerían ser celebradas en casa.

Los espectadores hemos empezado a asimilar este exilio cultural, nos iremos a Madrid, a Alcalá o donde haga falta para seguir disfrutando de cine o el teatro; pasearemos por otras ciudades, nos tomaremos una caña o un café en otros bares, pero sin duda  preferiríamos hacerlo en nuestra ciudad. Nos gusta su centro histórico, sus bares, su calle Mayor. Defendemos esta ciudad y su Teatro Moderno, vivimos aquí, no lo podemos evitar. 

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