Sigüenza da el ‘zambombazo’ en su Ronda Navideña

La localidad presenta la que tal vez sea la mayor zambomba del mundo con más de dos metros y medio de alto. • El gran instrumento, que se exhibió en la plaza, la  ha construido Jaime Gómez Olaya durante los tres últimos meses.  La zambomba alberga dentro una taberna y es un homenaje de su fabricante a la ciudad de El Doncel.


Todos llevaban en la mano un instrumento musical. Guitarras, laudes, zambombas, botellas de anís, panderetas, o cuando menos, las palmas de las manos. Cualquier cosa era buena para  ponerle la banda sonora a estos días entrañables. Pero este año la protagonista de la Ronda de Naviad, de manera indiscutible, era la gran zambomba situada en plena plaza, que se levanta más de dos metros y medio del suelo y que ha sido construida durante los últimos tres meses por Jaime Gómez Olaya.

Podría decirse que es una zambomba como una casa, incluso como una catedral, pero lo cierto es que es una zambomba como una taberna, porque en realidad es lo que tiene dentro.

La Ronda

Antes de esta peculiar puesta de largo, la Ronda de Navidad volvía a partir, como cada Navidad desde hace sesenta y dos, de la Plaza del Castillo. Allí esperaba desde unos minutos antes de las seis de la tarde el incombustible Pepe Cerezo. Poco a poco se sumaron a ellos decenas y decenas de seguntinos más hasta llegar al medio millar.

Encabezado por la Rondalla, el pasacalles bajó hasta la llanura de la ciudad, por la Bajada del Portal Mayor y calle Valencia, Plaza de Hilario Yabén y calle Villaviciosa. El recorrido musical continuó hasta el Asilo, y después por Pío XII, Vicente Moñux y Paseo de la Alameda, para subir por las calles del Humilladero y Guadalajara hasta llegar a parar a la Plaza Mayor. Juntos, los seguntinos han cantado y bebido, uniendo así a la ciudad en torno a su centro monumental. La Agrupación Local de Protección Civil acompañó a la comitiva, velando por la seguridad vial y cuidando de cortar el tráfico en los puntos necesarios.

Llegó entonces el gran momento de Jaime Gómez Olaya, que se ha afanado desde mediados del mes de septiembre en la construcción de una zambomba no menos monumental que la ciudad. Probablemente sea la más grande del mundo. Tenía la idea en la cabeza desde hacía ya unos años. Jaime, que ha construido muchas de las zambombas que se oyen tocar estos días en la ciudad, quería ir más allá, “pero me faltaba la piel”, confiesa.

El botero, Jesús Blasco, salió, según confiesa, en su ayuda: “trayéndome una de vaca que se adaptaba perfectamente a mi idea”, relata el seguntino.  Está hecha “a pergamino”, con el fin de estirarla la máximo para este propósito. Jaime la probó en instrumentos de cada vez mayor tamaño, “y funcionó, porque una zambomba tiene que sonar a Navidad, de otra manera, no sirve”, aclara el constructor.

Así se hizo la gran zambomba

Seguro ya de poder culminar su propósito, el zambombero empezó a dibujar los planos. Después, y gracias a la maquinaria de la fábrica de parqué Mariano Hervás, “sin su ayuda no la hubiera podido hacer”, reconoce, construyó el bastidor, lo recubrió, y finalmente lo forró con la piel gigante. La madera utilizada es de pino y reciclada, con lo que “también es ecológica”, añade Jaime.

La parte más delicada del proceso fue la de tensar la piel, para lo que Gómez Olaya ha necesitado la ayuda de varios amigos. Javier Abánades, un amigo electricista, fue quien pintó el escudo de la ciudad en la gran panza del instrumento. “No me ha cobrado ni un euro, así que le estoy muy agradecido a él también”.

La zambomba, que mide 2,60 metros de alto,  y tiene un diámetro de 1,80 metros, según ha certificado el notario de Sigüenza, es desmontable. “Así la podemos transportar y manejar con facilidad”.

El resultado es una zambomba tan monumental como la ciudad. Es tan grande, que en su interior, Jaime ha colocado una barra desde la que servir su mejor generosidad con la que sumarse a proyectos benéficos para la ciudad. “Dentro tiene una taberna, como forma también de homenajear algo que es muy nuestro”, dice. La ha llamado, naturalmente, Taberna La Zambomba.

Jaime se ha embarcado en el proyecto para llamar la atención, de una nueva y navideña manera, hacia la “ciudad que llevo en el corazón”. Cuando la Ronda de Navidad llegó a la Plaza, terminando su recorrido, fue el gran momento de Jaime. Subido en una escalera especial, y apoyado en un andamio que le permite tocar sujetando su peso sobre el instrumento, acompañó el último villancico con el sonido de su creación. Para él fue el mayor aplauso de la tarde.  En la Plaza Mayor hubo chocolate con churros para todos.