Jazz de aire marino

El Espacio Tyce volvió a llenarse anoche en la clausura del ciclo de jazz con Ximo Tebar, Roque Martínez y el IVAM Jazz Ensemble.• Presentaron un repertorio de temas originales, experimentales, pero sin olvidarse de clásicos como Sonny Rollins y Dizzie Gillespie.• El ciclo ha incluido los conciertos de Caramelo y su Latin Jazz Trio y Javier Colina, Miralta y Sambeat.


Ximo Tebar y su proyecto jazzístico, el IVAM Jazz Ensemble, residentes en el Museo de Arte Moderno de Valencia, llegaron anoche al Tyce, con un invitado de excepción, el saxofonista cubano Roque Martínez, afincado en la capital del Turia. Experimentales -su seña de identidad- pero también demostrando que tienen una buena mochila al hombro repleta de referencias clásicas -no obstante, recordaron a Dizzie Gillespie y su 'Salt Peanuts' o Sonny Rollins-.

El Tyce volvió a estar lleno, esta vez en la clausura, porque el jazzman valenciano y su banda pusieron punto y final a este ciclo -Jazz en el Tyce- que, si bien, ha sido el embrión, será, podemos adelantarlo, el germen de un festival mucho más ambicioso, que vendrá a Guadalajara en otoño-invierno y que aprovechará la visita de figuras del jazz a la vecina Madrid.

La barra del bar estaba más concurrida que en los otros dos conciertos, y la música, más blusera que en las pasadas propuestas -Caramelo y Colina-.El repertorio fue original, a excepción de las dos versiones que se marcaron -Pink Panther, fantástica versión de La Pantera Rosa, y Concierto de Aranjuez, que permitió soñar, por instantes, que estábamos en la cubierta de un barco, surcando aguas mediterráneas, con todo el tiempo por delante.

Porque la música de Ximo Tebar huele mucho a mar, a playa, más que son tiene bossanova y es muy sugerente, sensual. Su maestría con la guitarra inunda todo lo que suena y es tan versátil que es capaz de acompañar únicamente y hacer una pieza supersónica, donde no para de gesticular, de moverse y de felicitar al compañero de escenario.

Porque lo de anoche, en parte, también fue una demostración de músicos. Encima de las tablas, había profesionales con sus propias carreras. Ricardo Belda, al piano, tuvo su momento en solitario, magnífico y sublime.

Lo tuvo también el contrabajista Luis Llario -pese a que la sonoridad de este instrumento es, a priori, más difícil de digerir en un solo largo-, que dio una exhibición muy buena de su arte.

Por supuesto, Roque Martínez -con seguidores entre el patio de butacas-. Divertido, bailón, calmo... excelente compañero de 'mesa'. En la jam session, la batería fue cosa de Igor Paván, fijo en las filas del IVAM Ensemble.

A la hora y media, venció el blues en un epílogo que terminó siendo una estupenda 'batalla' entre la guitarra de Tebar y el saxo de Martínez. Apoteósico. Hubo bis, sí, con implicación del público coreando, los cacahuetes salados de Gillespie y recomendación de discos, que se podían encontrar a la salida del concierto. Una buena despedida.

 

 

Fotos: E.C.

 

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