Música en tres dimensiones

Corizonas fue el plato fuerte del Qubo Fucking Fest, con un estupendo directo de dos horas. • Hubo dj´s y arte en el escenario Fest, en el vestíbulo y la primera planta de la sala Óxido. • Escenario sorpresa fue el Fucking, donde Trashman o Crocanti, entre otros, se encargaron de poner música a los intermedios.


Si abrías anoche la puerta de la sala Óxido, la música no paraba. Hay música que salía de los platos de dj´s; rock, punk desde un escenario prácticamente escondido, a pocos centímetros del techo; música de factura nacional de mano de bandas reconocidas en el panorama patrio como Corizonas o Triángulo de Amor Bizarro y arte en las paredes -desde las ilustraciones de Candelariapintada o las cataratas de cuerpos de Zaleta G. Fuica (Dios hizo el mundo de un plumazo, pero ¡qué mundo!) a las fotografías de Mamá Ladilla o Lehendakaris Muertos, congelados en directo por Nacho Izquierdo-.

El Qubo Fucking Fest -el cierre del Festival Panorámico Musical, que arrancó el pasado fin de semana-, en realidad, es todo eso: música en tres dimensiones -original el Escenario Fucking, que servía música en directo para hacer más agradable la espera en los cambios de bandas en el escenario principal- y propuestas artísticas diferentes y hasta discutidamente innovadoras -como la cubeta llena de agua que 'cobraba' vida gracias a los decibelios-, camino del escenario Fucking, hacia el Proyector Flujendorf.

Antes de anoche, hubo una primera parte: charlas, coloquios sobre rock en A Mala Uva, que acogió la presentación el 9 de septiembre; mucho heavy en el pub Amen y en la sala Bumerang y también en la Óxido, que en la noche anterior, la del viernes, programó a Lujuria o a los locales Hyperboria, entre otros.

No han sido la única gota alcarreña en el cartel del Panorámico. Anoche Tourmalet, con su noise rock, dejaron su impronta en la segunda actuación de la noche, tras la apertura del pop puro de Sethler, cantautor cuajado entre Escocia y Gijón.

Estrellas bajo el desierto de arena

Cerca de 200 espectadores cosechó esta edición del Qubo Fucking Fest, cuyo plato fuerte fue ese milagro sonoro llamado Corizonas, fruto de la fusión de Los Coronas y Arizona Baby, bandas que cruzaron su destino tras coincidir en numerosos festivales y compartir charlas y cerveza. En el escenario, la mezcla es un placer.

Corizonas resulta un paraguas delicioso donde cobijarse de la lluvia, lleno de buenos ritmos y buenos músicos. Arizona aporta letras, contenido -el cantante y un guitarra- y eso se nota, pero Los Coronas aportan todo lo demás, ese sonido surfero con aires mexicanos -fantástica trompeta- que redondea un sonido único, una mezcla de country, de rythm and blues, de rock and roll, de psicodelia.... un gran directo.

La psicodelia, dejaron claro con su intro, es la filosofía que dirige esta banda, que cuenta con un fantástico maestro de ceremonias -Javier Vielba, líder de Arizona Baby-, con estética John Lennon superbarbudo: un showman que igual salta, baila, danza con espasmos que se arrodilla para honrar a los dioses o pedir que el público se una a la fiesta, en total comunión.

'Hey hey hey (the news today)', 'Run to the woods', la bonita 'The Deceiver', la fiestera 'The falcon Sleeps tonight', 'Thieves and liars'... anoche prácticamente sonó todo el 'The Queen of Hearts'.

Aunque deleitaron con algo que saben hacer espléndidamente: ahí dejaron la maravillosa versión crepuscular del clásico de Pink Floyd 'Wish you were here' o 'Supernaut', una cover bailable de los Black Sabbath. De Arizona Baby rescataron 'Shiralee', que el cantante pidió corear al público.

Huyeron de baladas -aunque regalaron la bonita 'Run to the river'- y dieron fiesta, mucha fiesta al final, con un Vielba que terminó bajándose del escenario y cantando entre el público, como uno más. La traca final -sumando dos horas de concierto, hasta las 2 y media de la madrugada- se tejió con 'Piangi con me' y 'I wanna believe', con la magnética Pushin' too hard -con leves guiños a los Kinks y a los Rolling- y 'I´m alive'. Estrellas en un desierto de arena.

Demasiado ruido

Les precedieron los coruñeses Triángulo de Amor Bizarro. Sensibles al post punk, noise,críticos y con canciones que igual hablan de amor, desamor o desprestigio político -la cantante, Isabel Cea, llegó a insultar a Ana Botella- y nihilismo -“lo malo del gobierno es que gobierna”-. El grupo empezó con problemas de sonido -ajustando el bajo de Cea- y con un sonido demasiado alto que ajustaron, aunque no bastante, para el resto del concierto.

Los flamantes ganadores de los Premios de la Música Independiente desgranaron buena parte de su 'Año Santo', que incluye 'De la Monarquía a la criptocracia', cantada por Isabel, que sólo saludó a las chicas -no quería saber nada de hombres, estaba hasta la coronilla, admitió- e increpó “al señor del humo... muy guay, muy heavy, pero ya... para el puto humo”.

Sonido crudo, ensordecedor la gran mayoría del show, con algunas perlas como la fantástica 'Amigos del género humano', poniendo voz pop también Rodrigo Caamaño, guitarra.

Fotos: E.C. / R.M.

Una de las gratas sorpresas de la noche fueron 'Mirémonos', el proyecto de cinco jóvenes madrileños, cuajado de madrugada en un bar de Malasaña en 2009. Proyecto original, que recuerda al sonido de bandas británicas e irlandesas de los primeros años 80. Desgranaron, durante una hora corta, temas de su corta discografía, como 'Horror vacui', 'Jägermeister', la fantástica 'Salsa inmoral' o 'IgnorARTE'. Bosch, el cantante -con cinta en el pelo-, pidió al público que se acercara más al escenario, algo tímido al principio del show. No hay duda de que Bosh, con una voz imponente y a la vez cálida, conforma una de las bazas de este proyecto, que igual desgrana rock que ritmos tropicales, firmando incluso una tremenda batucada. Buenos aires envuelven a esta formación, a la que auguramos futuro.

Los dj´s Eneko Sakura (el alcarreño Ignacio Martínez) y el Primer Ministro de Sri Lanka, muy de madrugada, se encargaron de cerrar la fiesta de esta caja de música para casi todos los gustos.