Fangoria: Bailando en Siberia

Alaska y Nacho Canut ofrecieron anoche el tercer concierto de Ferias en una gélida Fuente de la Niña con más de medio aforo. • Durante hora y media, repasaron parte de su discografía aunque incluyeron también algunos hits de su etapa en Dinarama y Pegamoides. 


Alaska se iba de Guadalajara anoche agradeciendo sinceramente a todo el público su presencia en el concierto. Había sido “un placer”, dijo, “a pesar del frío”. Las bajas temperaturas mermaron ciertamente la capacidad de disfrutar al máximo de una actuación -la tercera de Ferias, la primera en Fuente de la Niña-, diseñada con un acogedor paisaje de luz, color y sonido y un repertorio de una veintena de temas que se movieron entre el electropop, el dance y algunos toques de acid house, perfectos para mover el esqueleto. Fangoria quiso hacer bailar al personal y durante hora y media, La Fuente de la Niña -con más de medio aforo lleno- fue por momentos una pista de baile. El público elevaba los brazos y grababa en su smartphone los temas más conocidos del dúo, desafiando al frío y sumergido a gusto en pop con brillantina.

Con quince minutos de retraso -a las 23.15 horas- y tras una introducción visual con música orquestal y narrada a través de siete pantallas blancas, apareció Nacho Canut -con elegante traje azul y whisky en mano-, el bajista Rafa Spunky y el guitarrista Jesús Horror, que ha vuelto a Fangoria tras siete años de ausencia.

Entre los aplausos, llegó Alaska -con ajustado vestido gris y negro de lentejuelas y sus características poses- cantando al mismísimo diablo que es 'El rey del glam', de Dinarama. Entregó para empezar una batería de cuatro temas seguidos donde no faltó la tarareada y aplaudida 'Ni tú ni nadie', éxito con Pegamoides. Fueron las escasas concesiones a su pasado, junto a una versión de 'Perlas ensagrentadas', muy coreada; 'A quién le importa' y 'Bailando'. El resto del repertorio, que Alaska interpretó apoyada por dos bailarines, fueron temas de la discografía de Fangoria, con media docena extraída concretamente de su último trabajo, 'Canciones para robots románticos', y de su reedición, 'Miscelánea de canciones para robótica avanzada'.

Tras 'Iluminados' -un caramelo de la factoría del productor Guille Milkyway (La Casa Azul), cuya mano se nota en los temas más alegres del último trabajo de Fangoria-, llegó 'Desfachatez' y 'Menos es más' para continuar con dos canciones más de idéntica factura: 'Manual de decoración para personas abandonadas', un manual de “bricolage emocional” muy pegadizo, con Spunky a los coros y que Fangoria tiñó con un potente juego de luz y color; y la aplaudida 'Espectacular', que permitió mover la larga cabellera morena a Alaska -gesto que hizo en muchas de las canciones-, enfundada ya en el segundo vestido de la noche, otro de lentejuelas pero de varios colores. 

'Criticar por criticar' y 'Absolutamente' prologaron la popera y super-happy 'Geometría polisentimental' (recordó a la fantástica ‘Cómo pudiste hacerme esto a mí’, que no sonó). Después, llegó la terapeútica 'Dramas y comedias', que unieron con 'No sé qué me das' y el himno 'A quién le importa', con todos los brazos en alto y una bandera LGTBI ondeando. En la recta final, sonó la píldora dance 'Fiesta en el infierno', que celebró “la degradación de otro corazón”. Fangoria intentó subir la temperatura hasta el final con este single bailable antes de decir adiós, pero los silbidos y peticiones del público, pasados diez minutos de las doce y media, les obligaron a salir de nuevo al escenario.

Alaska -con su tercer vestido de la noche, de negro terciopelo- regaló entonces ese balsámico examen de conciencia titulado '¿Por qué a mí me cuesta tanto?' -“¿por qué me resulta extraño decirle a la noche adiós si sé que me hace daño olvidarme del reloj?”- antes de terminar con la versión dance de 'Bailando' -con una Alaska más desatada-, que incluyó un trocito del éxito de Sonia y Selena, 'Yo quiero bailar'... y que hizo moverse a todos bajo el escenario y entre bambalinas, a Mario Vaquerizo, mánager y marido de Alaska, que no salió pese a algunas peticiones del público. Y fue bailando, desafiando al frío, como se fue Fangoria de este carismático viaje, entre la razón y el corazón, encorsetado y luminoso, al que casi siempre llevan Alaska y Nacho Canut. 

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