Un Solsticio con cuernos

La propuesta de versiones de rock duro de la violinista Judith Mateo patinó en la cita con la que Guadalajara recibe al verano. • Los guadalajareños Maeloc salvaron la noche con una propuesta cuajada de folk atlántico. 


Permítannos empezar por el final: el Solsticio Folk terminó en la noche del sábado con la violinista invitada, Judith Mateo, pidiendo al público que hiciese los cuernos con las manos para un selfie que su banda se hizo sobre el escenario del merendero de San Roque para rematar la faena. El gesto encierra en sí mismo la explicación de cuanto sucedió. Eran los cuernos de una cita que respondió más a los códigos heavys que a los rituales celtas. Y eran los cuernos de una infidelidad consumada: aquello, dijeron -dijimos- muchos no era el Solsticio Folk, sino otra cosa.

Alguien debería explicar desde el Ayuntamiento de quién fue la primorosa idea de programar a Judith Mateo en el Solsticio Folk y si responde, al menos, a un importante recorte en el presupuesto de este año. Quien programó este concierto no conocía bien lo que la conquense podía ofrecer sobre el escenario o -lo que es peor- desconocía o subestimaba lo que el Solsticio Folk supone para un público guadalajareño que cada año -y ayer no fue excepción- abarrota el merendero de San Roque para recibir el verano con un concierto de música folk.

La actuación de anoche sólo confirmó lo que cabía esperar. Lo vivido se pareció mucho más a una discreta verbena de peña que a un concierto digno de un festival que atesora en su trayectoria carteles como Carlos Nuñez, Luar Na Lubre, Cristina Pato, Sharon Corr (integrante de The Corrs) o Gwendal. La banda de Judith Mateo, que presentaba su disco 'Rock is my life', ofreció algunos ramalazos de folk rock, pero también unas versiones más que discretas de clásicos del rock duro en los que los solos de violín resultaron -con algunos desafines incluidos- lo más aceptable, flanqueada como estuvo Mateo por un guitarrista y un cantante muy por debajo de las circunstancias.

El grupo saltó pasadas las once de la noche con el regusto magnífico que habían dejado los teloneros Maeloc, y lo hizo versionando el ‘Smoke on the water’ de Deep Purple, un clásico indiscutible de las verbenas patrias al que Judith Mateo aplicó el violín en el pegadizo riff. Toda una declaración de intenciones.

Al cabo de hora y cuarto habían desfilado por el escenario versiones de otros gigantes del rock como The Animals -'House of the Rising Sun'-, Metallica -'Nothing else matters'-, Guns N’Roses -'Sweet child of mine' y AC/DC -'Highway to hell'-, combinadas con contadísimas piezas de folk rock (las más celebradas por el público) como 'Mientras el cielo no se caiga' y de su experiencia irlandesa -vivió tres años allí, contó al público- plasmadas en un primer álbum titulado 'Tir Nan Og', el País de la Eterna Juventud.  

En su recta final, Mateo tuvo un gesto hacia el grupo que había abierto la fiesta, Maeloc, elogiando su propuesta de música tradicional -“yo me he pasado al lado oscuro”, dijo-. Agradeció también a Guadalajara -"tenía muchas ganas de venir", confesó- su apuesta por programar música en vivo, aludiendo al 21% de IVA “que nos sigue achicharrando a todos los músicos” y terminó con todo un clásico de AC/DC, 'Thunderstruck', con un inicial solo vertiginoso de violín.  

Lo mejor del Solsticio fue la temperatura, que dio una tregua al caer la noche, la respuesta del público, que llenó el merendero y un año más acudió en familia y con amigos para plantar su toalla, disfrutar de un buen bocata y refrescantes bebidas en una cita que ya es todo un clásico del inicio del verano; y en lo musical, Maeloc, formación guadalajareña creada hace tan sólo un año a quien le tocó la díficil tarea de prologar el festival y lo hizo con nota.

Pasados diez minutos de las nueve y media de la noche, todavía con la luz en el cielo, Rubén Marquerie (flauta y whistles), Nacho de Andrés (violín), el irlandés Ciarán O’Donghaile (uilleann pipes o gaita irlandesa y flauta), Ángel Ortiz (Guitarra, bouzouki y voz) y Luis Ortiz (bajo y voz) consiguieron trasladar al público con un concierto de buen sonido y un repertorio de sones atlánticos de folk tradicional y refrescante, hasta maravillosos paisajes con brisa de mar. Contagiaron con sones de aire asturiano y melodías gallegas, algún reel irlandés y composiciones alegres y auténticamente celtas. Fue, a veces, una fiesta que invitó a bailar en corro, cogidos de la mano; otras, como contemplar placenteramente el infinito mar desde lo alto de un acantilado.