La fiesta de la nostalgia

La banda liderada por Álvaro Urquijo agotó entradas en el Teatro Buero Vallejo ofreciendo un concierto acústico donde repasaron conocidas canciones y sus primeros singles ochenteros. 


Los Secretos son en buena parte hoy lo que fueron ayer. El grupo de Enrique Urquijo, de Canito, del guadalajareño Pedro Antonio Díaz. Ya lo dijo anoche Álvaro Urquijo, ante el público de Guadalajara, en un teatro Buero Vallejo sin una entrada libre: "Fueron muchos para un grupo normalito como nosotros". Todos ellos y Ramón Arroyo, y el propio Álvaro, estaban entonces, cuando vendían discos con caramelos pop donde ya hablaban de desamor y del fugaz amor adolescente. Todos, de alguna forma, continúan todavía en una banda que ha ido perfeccionando y embelleciendo su sempiterno repertorio con los años, enriqueciéndolo con los bonitos arreglos pianísticos de Jesús Redondo y los característicos punteos de Arroyo.

La banda madrileña ofreció dos horas de concierto acústico -enmarcado en el ciclo 'Música en Primavera'-, en una plaza que conocen muy bien y en la que se nota, están a gusto. No sólo porque han venido muchas veces sino porque de alguna manera, están vinculados de por vida a esta ciudad por Pedro Antonio Díaz, "un músico experimentado" con el que "dimos un paso de gigante", reconoció Álvaro antes de tocar 'No supe qué decir', que compusieron a medias.

Los recuerdos de aquellas primeras veces fueron sembrando el final de un concierto que empezó lento, con las baladas 'No digas que no' y 'Quiero beber hasta perder el control' y el medio tiempo 'No sé si se acuerda'.  

Continuaron con la melódica ranchera 'Ya me olvidé de ti' y pisaron un poco el acelerador con 'Mi amiga mala suerte' y la muy aplaudida 'Échame a mí la culpa', que compuso Albert Hammond a finales de los 70 y que hilaron con 'Volver a ser un niño'.

El recuerdo musical a Enrique llegó con 'Aunque tú no lo sepas' -"me consta que era una de las preferidas de mi hermano", dijo Álvaro-, una canción desgarradora que Jesús Redondo embelleció al piano. 

El repertorio transitó después por canciones conocidas, como 'Cambio de planes' y 'La calle del olvido', que el público coreaba y grababa con sus móviles -el concierto se estaba retransmitiendo, además, en vivo a través de la red social Facebook-. Tras la excepción de la 'nueva' 'Ponte en la fila' la recta final se compuso de temas emblemáticos del grupo como 'Pero a tu lado' -"esta canción es la prueba de que el público es el que manda y no los medios", dijo Álvaro, tras una crítica a algunos formatos televisivos y a esos "talent shows" donde luego "los talent" no tienen "shows"-.

El público se empezó entonces a poner de pie y a dejar de mecer los brazos únicamente en la butaca, animándose a cantar la rockera 'Adiós tristeza' y 'Buena chica', 'Y no amanece' o 'Te he echado de menos hoy' que el público coreó al unísono en el estribillo.

Con 'El Bulevar de los Sueños Rotos' -canción que nació de una petición de Joaquin Sabina- se despidieron entre aplausos y peticiones de bises, incluso antes de que la banda hubiera dejado el escenario. Se hicieron de rogar pero volvieron para regalar 'Agárrate a mí María'.

"Los Secretos no existirían sin gente como vosotros", dijo Álvaro, antes de ofrecer la ochentera 'Ojos de perdida' que el público bailó y aplaudió con entusiasmo y 'Déjame', la canción con la que "hace casi 40 años empezó todo".

Aunque lo pareciera, no fue el final. Había más ganas de seguir escuchando las canciones de la banda madrileña y volvieron al escenario con dos de sus primeros éxitos. Sonaron entonces 'Otra tarde' y 'Sobre un vidrio mojado', que revistieron con sonido country. "Gracias Guadalajara. Esperamos volver pronto", se despidieron entre aplausos. Al fin, una fiesta, con brillante sonido y victoria melódica. La fiesta de la nostalgia.